La Escuela de la Salud y el Ejercicio (ESHI) continúa compartiendo valioso conocimiento sobre envejecer con quienes estudian y trabajan en el ámbito del fitness y la actividad física. En esta ocasión, el invitado de su podcast ha sido Felipe Isidro, docente, investigador y divulgador de referencia en el sector. Su intervención se centra en un concepto que va adquiriendo cada vez más relevancia: la longevidad activa. No se trata de vivir más años sino de hacerlo con vitalidad, funcionalidad y claridad mental.
ENVEJECER, UN CONCEPTO MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Cuando hablamos de longevidades y de cómo envejecer de forma saludable, solemos imaginarnos en número de años vividos, pero Isidro hace una propuesta de tal manera que replantear esta idea. No es cuestión de alargar la vida, sino de ensancharla», explica, poniendo de relieve que la salud hace referencia a un programa global. La longevidad activa incluye sentirse bien, conservar la vitalidad, establecer relaciones sociales y tener energía para hacer lo que nos plazca, aun cuando la edad cronológica avanza.
Uno de los aspectos claves del debate sobre envejecer hace referencia a la diferencia entre la genética y el estilo de vida. La primera sería importante, pero no determinaría del todo nuestro futuro. La epigenética, entendida como la influencia de los hábitos y las conductas en la expresión de los genes, viene a convertirse en la base de una existencia plena. El ejercicio físico, la alimentación, el descanso y el manejo del estrés son unos de los pilares fundamentales para retrasar los efectos del envejecimiento.
Por otro lado, Isidro destaca una parte inspiradora que llamamos «segunda vida». Según él, todas las personas toman conciencia de la importancia del bienestar en torno a los 40 o 50 años, momento en el cual empezarán a valorar más la salud que cualquier otro recurso. Este despertar convierte el ejercicio físico en un instrumento no solo físico, sino también emocional y social.
EL EJERCICIO COMO MOTOR DE MENTE Y CUERPO

La ciencia demuestra que el hecho de mover el cuerpo también resulta beneficioso para el cerebro. El entrenamiento físico provoca plasticidad neuronal y neurogénesis -que son aquellos procesos que contribuyen a mantener la agudeza mental y a reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas- esto es, la actividad física hace que la mente no pierda agilidad, aunque la edad sea alta.
Esto es un zip y la mente: cuando esta se deteriora por el sedentarismo, también se hace lo propio con la capacidad de rendir de nuestro cerebro, y a la inversa, una mente despierta lleva a un cuerpo activo también. Por todo esto Isidro defiende que los profesionales del ejercicio deben enseñar a la gente que lo «normal» no suele ser suficiente y que el objetivo debe ser lo óptimo, es decir, alcanzar valores funcionales que se sitúen por encima de la media poblacional marcará la diferencia entre el envejecimiento bien y el envejecimiento con diferencias.
Finalmente, el especialista apela a que el ejercicio es una necesidad biológica y no un lujo. En una situación como la nuestra, que avanza hacia un futuro con muchas posibilidades tecnológicas que hacen que hoy se muevan menos cosas, se debe añadir actividad de forma intencionada. El reto consiste en que el ejercicio se convierta en un hábito que permite que la edad biológica no coincida con la edad cronológica.





































