El Corte Inglés

Los acontecimientos de las últimas semanas en el seno de El Corte Inglés han hecho saltar el tradicional velo con los que se hablaba de la compañía en medios de comunicación.

Algunas de las recientes informaciones, especialmente las que hacían referencia a su vida privada y familiar, han hecho mella en las hermanas Álvarez Guil, hijas adoptivas de Isidoro Álvarez.

La actitud desafiante y agresiva de dos hermanas obsesionadas por ejercer un poder absoluto, propio de otros tiempos, se ha vuelto en su contra y las ha pasado factura emocionalmente.

Marta Álvarez Guil, la más ambiciosa y belicosa de las dos, se encuentra a raíz del escándalo, sumida en una crisis de ansiedad. Según personas de su entorno, precisa medicación y se la ha recomendado descanso y no leer absolutamente nada de lo que se pública durante unos días.

A su alrededor, quienes la conocen se muestran preocupados por sus picos emocionales. Opinan que “es consciente de que se han pasado tres pueblos” intentando cesar y sustituir a su primo, el presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno.

Esas mismas fuentes recalcan que “todo el mundo, yo creo que incluso ellas mismas, entiende que debe llegarse a un acuerdo urgente. Pero Marta, la cabeza visible de las dos hermanas, no se encuentra en estos momentos en condiciones de tomar decisiones”. Ha creído que podía ejercer una posición de fuerza, controlando que no salieran a la luz pública determinadas informaciones, y hoy en día sabe que eso va a ser imposible.

Las mismas fuentes hablan del “carácter inestable y cambiante” de Marta Álvarez Guil. Pasa en minutos de entender que lo mejor para la empresa, y para ella misma es un gran pacto, a “venirse arriba con posiciones que dejarían empequeñecido a un conquistador de la talla de Hernán Cortés”.

El resto del consejo la teme y teme también esos altibajos emocionales. Todos desean un pacto que acabe con este circo, pero pocos se atreven a decírselo abiertamente por miedo a quedar señalados. Los que se atreven, lo hacen con una cierta tibieza ante la inestabilidad emocional en la que se encuentra. Parece que sólo su suegro, Juan Abelló, la alertó de la temeridad de los pasos que tomaba. Ella no le hizo caso. Craso error.

El pacto por El Corte Inglés, sin quién lo negocie

A nadie se le escapa que un gran pacto entre los accionistas es la única solución. La tensa situación creada, además de absurda, amenaza todo, hasta la financiación de los grandes almacenes y ha generado honda preocupación a la clase política y los trabajadores.

Aunque se habló de comprar las acciones de Dimas Gimeno, su madre y su tío se omitieron dos obviedades. La primera que Dimas no quiere. No quiere una compensación económica, quiere cumplir el mandato que heredó de su tío Isidoro, como este hiciera en su día de su tío Ramón Areces. La segunda, que las hermanas Álvarez Guil no tienen dinero para hacerlo. Que la propia empresa lo hiciera para engrosar su autocartera no sería sencillo.

Los bancos, tenedores de la deuda (que no está mal, 3650 millones de euros), se oponen sabiamente. Si sobran unos cientos de millones no son para pagar y hacer ricos a algunos accionistas. Visto lo visto los bancos lo tienen claro; son los primeros en la cola para cobrar. El jeque mientras está hasta el gorro del show, no olvidemos que hace un par de años inyectó 1.000 millones en la compañía exigiendo su profesionalización, y se ve ahora con su dinero invertido en una pelea que deja pequeño a Falcon Crest.

Los bancos serán los primeros para cobrar. El único suficientemente solvente para comprar a otros accionistas sería el Jeque

La paletada de nuevo rico

Fuentes de la empresa señalan a MERCA2 su perplejidad. Las hermanas Álvarez Guil ya controlaban el consejo, habían despojado a Dimas Gimeno de funciones ejecutivas. No tenía ningún sentido intentar arrasar y armar el lío que han armado: “Es ridículo. Es una paletada, de nuevo rico, una decisión infantil tomada con las visceras. Ya tenían lo que querían, controlaban la empresa. No tenían nada que ganar en la pugna con su primo, sólo que perder. Intentar humillarle y cesarle armando este lío es absurdo tiene consecuencias  reales en el negocio, el rating, la financiación y la imagen de la empresa”.

Ese runrún ya está en la calle:

“La gran ventaja es que este problema de sucesión se vivía desde lejos, a espaldas del consumidor. Nadie, a la hora de acercarse a comprar una camisa preguntaba que estaba pasando. Pero en los últimos días eso ha cambiado y la gente nos pregunta. Somos el centro de atención y se vive cierto aire de perplejidad y pena. Los dependientes a veces no saben donde meterse ni que responder”.

Debo decir que hablando con decenas de personas vinculadas a la empresa en las últimas semanas, el sentimiento reinante es de pena, de tristeza ante una situación evitable e infantil.

Algunas de las personas más cercanas a Marta y Cristina Álvarez Guil siguen perplejas sobre la situación creada. Las creían incapaces de hacer esto. Por mucha animadversión hacía su primo, nunca creyeron que fueran capaces de cruzar el Rubicon. Pero lo han hecho, y además de forma muy patosa.

Hay todo tipo de curiosas teorías sobre quién, de manera temeraria, las ha animado a ello. Una mano negra, influyente y maquiavélica, que insistió en echar un pulso en el que todos tienen que perder. Sobre todo la marca y los empleados. De este personaje, ciego de poder, hablaremos largo y tendido próximamente.

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