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Los usuarios de AVE apenas han crecido este verano.

“A los gallegos para estar en Madrid en tres horas solo nos falta lo que nos falta”: el AVE. Estas han sido las palabras con las que el Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, ha puesto en jaque a Mariano Rajoy. Y es que, como ha dicho la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, de seguir retrasando la fecha de funcionamiento llegará antes el hombre a Marte que el AVE a Galicia. Han pasado ya 16 años desde que la Xunta de Fraga y el Gobierno de José María Aznar anunciaron con orgullo la llegada a la región de la línea de Alta Velocidad y los gallegos continúan a la espera. La última promesa de su entrada en funcionamiento data de 2019 – casi 20 años después – pero ha habido muchas otras por el camino. Seis son ya las fechas oficiales que se dieron para terminar: 2010, 2012, 2015, 2018, 2022 y 2019.

Todo comenzó en 2001 cuando el por aquel entonces ministro de Fomento, Álvarez Cascos, y Manuel fraga firmaron un acuerdo de modernización de los trenes gallegos. El trayecto que separa Lubián (Zamora)-Ourense contaría con mejores ferrocarriles que pudiesen circular a 350 kilómetros por hora. Ese acuerdo prometía también que el AVE comenzaría a operar en 2010. De esa primera fecha han pasado ya siete años.

Los planes fueron cambiando a medida que pasaron los años. El primer se produjo en enero de 2013 con la aprobación del Plan Galicia. Este acuerdo – que se firmó para ayudar a la región en las fechas posteriores a la catástrofe del Prestige – contemplaba convertir en doble vía el tramo propuesto y diseñar un nuevo trazado. Lo que sí se mantuvo fue el plazo, en 2010, aunque no sería por mucho tiempo. Con el cambio de Gobierno llegó el primer retraso. La ministra de Fomento en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, Magdalena Álvarez, retrasó el funcionamiento del servicio a 2012. Según la ministra, el Plan Galicia era un “señuelo electoral” y antes había que hacer otras cosas. Los gallegos tendrían que esperar dos años la línea de Alta Velocidad.

La decisión de la titular de Fomento marcó un punto y seguido porque a partir de ahí los retrasos fueron continuos. En 2009 Pepe Blanco lideraba la cartera de Fomento. Al ser gallego sufría las consecuencias de primera mano por lo que se comprometió a diseñar un nuevo trazado entre ambas comarcas que permitiese a los trenes circular a 300 kilómetros por hora. Las consecuentes obras retrasarían tres años más la fecha de funcionamiento del servicio.

Las obras del AVE comenzaron cuando el servicio tendría que estar operando

Un retraso, otro, otro… y las obras comenzaron cuando el servicio debería entrar ya en funcionamiento. Eso fue en mayo de 2010.

Los cambios de gobierno en nuestro país siempre han sido un tira y afloja y el AVE a Galicia es un ejemplo de ello. El primer gobierno de Mariano Rajoy sumó un nuevo retraso. La línea de Alta Velocidad comenzaría a operar en 2018. Con muchísima suerte podría estar listo en 2017, pero no era seguro.

Y no lo fue. Al final ni un año ni otro. En diciembre del pasado año el ministro de Fomento, Iñigo Fernández de la Serna sumó cuatro años más de retrasos. Hasta 2022 no habrá AVE.

Cuando los gallegos habían perdido toda esperanza llegó una nueva fecha más alentadora que las anteriores. Las obras avanzaban a buen ritmo y eso, unido a las quejas de ciudadanos y políticos y al desbloqueo de algunos tramos, llevó al ministro a adelantar a 2019 su puesta en funcionamiento.

Los gastos del AVE duplican los ingresos

Los costes operativos del AVE suben a la misma velocidad con la que viajan sus trenes. En 2013, la red de Alta Velocidad supuso...

Guste o no, en muchas ocasiones la posposición del AVE ha estado justificada, pero en otras muchas no. Hubo veces en las que los retrasos se han anunciado bajo fundamentos que carecen de lógica. En abril de este año el ministro de la Serna achacó el retraso a que España estuvo un año sin gobierno. Según sus declaraciones, “un año en funciones en un año desastroso para la ejecución de la obra pública”. Es decir, que el ritmo de ejecución de la obra pública está causado por ese año en funciones y no por ninguna otra cuestión. Si fuese así no adelantaría la puesta en funcionamiento dos años y España llevaría lustros sin gobierno.

El AVE es el ejemplo de falsa promesa que nunca se llega a cumplir. Los 16 años que han pasado desde que se anunció la línea a Galicia han estado plagados se puntos y seguidos. También hubo algún punto y aparte. Pero lo que quieren los gallegos es dejarse de signos de puntuación. Ciudadanos y organismos políticos solo contemplan uno, el punto y final a esa historia de nunca acabar.

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