La NASA ha adjudicado ya los contratos que sostendrán su base lunar en el polo sur. El anuncio, presentado el sábado 7 de noviembre en el centro espacial Kennedy, en Florida, reúne en un solo paquete ocho empresas de carga comercial, un rover de propulsión nuclear bautizado PROMISE y cerca de 1.300 millones de dólares en lanzamientos y transporte orbital. No es una misión. Es la infraestructura de una campaña.
La agencia lo presentó en el marco de la feria aeroespacial MAX POWER, con el tono de quien ya no vende promesas sino cronogramas. —Estamos construyendo la base lunar misión a misión —dijo el administrador de la NASA, Jared Isaacman—. Cuando nuestros astronautas regresen a la Luna, llegarán con los primeros elementos de la base ya esperándoles en la superficie.
Carlos García-Galán, gerente del programa Moon Base, situó el anuncio en el terreno de la ejecución: en los ocho meses transcurridos desde la Ignition, la agencia ha consolidado esfuerzos dispersos en un programa único y ha empezado a firmar contratos y alianzas. El mensaje de fondo es que la base dejó de ser una arquitectura sobre el papel.
Ocho empresas para el tren de carga lunar
El primer bloque son los landers. La NASA ha seleccionado a ocho compañías para la siguiente fase de CLPS, su programa de servicios de carga lunar comercial: Blue Origin, Firefly Aerospace, Intuitive Machines, ispace-U.S., Lockheed Martin Space, Northrop Grumman Space Systems, SpaceX y Voyager Technologies. Todas podrán competir por misiones de entrega dentro del nuevo contrato CLPS 2, un acuerdo marco de diez años con un valor máximo conjunto de 10.000 millones de dólares.
Conviene detenerse en esa cifra. Un contrato de este tipo no es un cheque: la NASA compra el derecho a encargar entregas, no las entregas mismas. Funciona como una parada de taxis con tarifa pactada. Habrá viajes que se pidan y viajes que no.
En paralelo, la agencia ha elevado el techo del contrato CLPS 1.0 de 2.600 a 4.200 millones de dólares para cubrir los primeros objetivos de la fase uno de la base. Ese contrato original seguirá vigente hasta noviembre de 2028, con una extensión de cinco años que permitirá completar las entregas ya adjudicadas hasta noviembre de 2033.
Diez mil millones de dólares es el techo de una cartera, no el gasto comprometido: la NASA ha comprado la llave del almacén, no su contenido.
PROMISE, el rover nuclear que recicla piezas de Marte

La pieza más llamativa del anuncio tiene un acrónimo larguísimo y procedencia marciana. PROMISE (Polar Rover for Observation, Mapping, and In-Situ Exploration) es un vehículo de seis ruedas que aterrizará en el polo sur lunar para caracterizar la superficie y el subsuelo, evaluar el potencial de recursos y generar datos que permitan elegir dónde se instalarán las próximas infraestructuras.
Su ventaja es la energía. Al llevar un reactor en lugar de paneles solares, el rover puede operar durante las noches lunares —cerca de dos semanas terrestres seguidas de oscuridad— y dentro de las regiones permanentemente sombreadas, los cráteres donde se sospecha que hay hielo de agua. Ese hielo es la pieza sobre la que descansa toda la arquitectura: sin agua local no hay oxígeno, ni propelente, ni presencia duradera.
El rover lo gestionará el Jet Propulsion Laboratory de California, una división del Caltech, y se construirá con una mezcla poco habitual: repuestos de vuelo y modelos de ingeniería de los rovers marcianos Curiosity y Perseverance. La NASA ya ha evaluado la compatibilidad de ese hardware con el entorno lunar y sostiene que tolera las condiciones del polo sur. Aprovechar sistemas ya probados abarata el proyecto y comprime el calendario de integración y pruebas.
Llevará un taladro capaz de extraer regolito —el polvo lunar— desde aproximadamente un metro de profundidad, la altura de un niño de cuatro años, para caracterizar el hielo y otros recursos. Se suman espectrómetros para analizar la composición química del material, sensores de temperatura y radiación, cámaras de luz visible y un ordenador tolerante a la radiación, el High Performance Spaceflight Computing de la NASA, además de algoritmos de autonomía.
El calendario apunta a finales de 2028 para el lanzamiento y a una misión de 18 meses sobre el terreno. Blue Origin ha recibido un contrato base de 94 millones de dólares, con una opción de 140 millones más en función del desempeño, para entregar el rover en el polo sur con su lander Mark 1. La adjudicación amplía un encargo anterior, de mayo de 2026, para llevar dos vehículos de terreno lunares.
De la Tierra al polo sur: grúas orbitales, drones y torres de energía
El tercer bloque es logístico, y quizá el menos vistoso y el más decisivo. La NASA ha repartido seis órdenes de trabajo por valor conjunto de cerca de 1.300 millones de dólares dentro de su contrato VADR de lanzamientos, con Arrow Science and Technology, Blue Origin e Impulse Space como adjudicatarias para integrar y transportar carga de la base.
Los Vehículos de Transferencia Orbital hacen de camiones de largo recorrido en el espacio; los landers, de furgonetas de reparto final. La agencia quiere demostrar ambas capacidades antes de que la base tenga algo que merezca la pena transportar.
Habrá tres tipos de misión. El primero verificará comunicaciones y navegación en el trayecto de la órbita terrestre a la lunar y llevará la nave CAPSTONE 02 al espacio profundo para ensayar maniobras de proximidad. El segundo enviará enjambres de drones, entre ellos los MoonFall, a inspeccionar el terreno del polo sur antes de que lleguen los astronautas. El tercero probará la transferencia orbital comercial en varias órbitas cislunares para aumentar la carga que los futuros landers puedan dejar en la superficie. Algunos vuelos usarán New Glenn, Terran R y Falcon 9; los vehículos de transporte serán de Blue Origin, Firefly Aerospace, Impulse Space y Quantum Space.
A eso se suma la adjudicación a SpaceX de una demostración de comunicaciones cislunares: un Starship pondrá en órbita satélites de comunicación en 2028. En superficie, la NASA comprará componentes para la miniCAST, una torre que combina energía solar, baterías y transferencia inalámbrica de electricidad. Honeybee Robotics aportará el almacenamiento, Redwire la generación y Yank Technologies la transmisión sin cables. El ensamblaje y las pruebas correrán a cargo del centro Marshall, en Alabama.
La base que aún no existe y el riesgo de dar por hecho el calendario
Hay dos maneras de leer este anuncio. La primera es la que ofrece la NASA: un programa que avanza por fases, con contratos firmados y socios comprometidos. La segunda es más sobria. Los 10.000 millones son un techo contractual, no un presupuesto; los 1.300 millones en lanzamientos son órdenes de trabajo dentro de un contrato paraguas que puede no agotarse. Y el rover PROMISE, la pieza más ambiciosa, todavía no ha volado: reutilizar hardware de Marte reduce el riesgo técnico, pero un reactor en el polo sur es una combinación que nadie ha operado en condiciones reales.
Lo que sí ha cambiado es la lógica. Durante años, el debate sobre volver a la Luna giraba en torno a una fecha y a un cohete. Ahora gira en torno a una cadena de suministro de dos carriles: energía y carga. El hielo es el verdadero cuello de botella, y todo lo demás —drones, torres, contratos de entrega— está diseñado para llegar hasta él. Si las regiones sombreadas del polo sur contienen el agua que sugieren los datos orbitales, la base tiene sentido científico y económico. Si no, será un campamento carísimo en el peor sitio posible.
Queda una prueba de fuego a la vista. La NASA prevé publicar a principios de 2027 una solicitud independiente para sistemas de energía completamente integrados y una convocatoria dirigida dentro de NextSTEP-3 B para cerrar lagunas de datos de la arquitectura. Será el momento de comprobar si el calendario aguanta el peso de los contratos.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha anunciado: un paquete de adjudicaciones para la base lunar del polo sur: ocho empresas de carga (CLPS 2), el rover nuclear PROMISE, seis órdenes de trabajo de lanzamiento y transporte (VADR) y componentes de energía y comunicaciones de superficie.
- Dónde: polo sur lunar, con anuncio en el centro espacial Kennedy, en Florida (Estados Unidos).
- Institución responsable: NASA, a través del programa Moon Base; el Jet Propulsion Laboratory gestionará la misión PROMISE.
- Cuándo: anuncio el 7 de noviembre de 2026; lanzamiento de PROMISE previsto para finales de 2028 y solicitud de sistemas de energía integrados a principios de 2027.
- Impacto a futuro: establece la cadena de suministro y la energía de superficie necesarias para una presencia humana sostenida en la Luna y, más adelante, para la primera misión tripulada a Marte.




