Nobel Adam Riess: la energía oscura que Einstein descartó acelera el Universo

El astrofísico de Johns Hopkins repasa cómo unas supernovas a miles de millones de años luz resucitaron la constante cosmológica que Einstein llamó su mayor error. Un proyecto del ICCUB, con 12 millones de euros de la UE, buscará afinar la expansión.

La primera vez que Adam Riess vio el resultado en la pantalla pensó que había metido la pata hasta el fondo. ‘¡Maldita sea, he cometido un error!’, se dijo. Estaba en su segundo año de doctorado, sabía poco de astrofísica y el ordenador le devolvía un universo imposible. Tres décadas después, aquel número le llevó al Nobel.

Riess, astrofísico de la Universidad Johns Hopkins, ha pasado estos días en Barcelona con motivo del vigésimo aniversario del Institut de Ciències del Cosmos de la Universitat de Barcelona (ICCUB). No venía solo a soplar velas: durante los próximos seis años colaborará con el centro para precisar la velocidad a la que el Universo se estira.

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Una masa negativa que la física no permite

El número que devolvía el ordenador era una masa negativa. No existe. Es como si una báscula le anunciara a alguien que pesa menos que nada: el aparato funciona, pero el resultado es una imposibilidad física.

Revisó los datos, el código, y las correcciones. Todo. No encontró el error. La única forma de eliminar aquella masa negativa era introducir una fuerza contraria a la gravedad, algo que nadie había pedido y que él, en su segundo año de doctorado, no sabía cómo justificar. Así que hizo lo que se hace en ciencia cuando uno se atasca: mandar los datos a los colegas.

Brian Schmidt, que acabaría compartiendo el Nobel con él, contestó con dos palabras. ‘Hola, lambda’. Había visto lo mismo.

La pieza que faltaba en los datos de un estudiante de doctorado era, ni más ni menos, la constante que Einstein había tachado de su mayor error.

Lambda es la constante cosmológica. Einstein la había introducido en sus ecuaciones para contrarrestar la gravedad y sostener un universo estático, convencido de que el cosmos no podía ni expandirse ni contraerse. Luego renegó de ella. Riess y Schmidt no la rescataban por gusto: era la única manera de que las cuentas cuadraran.

La resistencia vino de dentro. ‘¿Estás de broma? Lo que dices es una tontería’, recuerda que le espetaban algunos colegas. Él insiste en que entonces no medía las consecuencias: ‘Era joven y tonto, y no muy prudente’.

El espejismo que tardó una década en despejarse

Para entender el hallazgo conviene recordar cómo se mide una supernova. Estas explosiones estelares brillan con una intensidad predecible, como una bombilla de la que conocemos los vatios. Si la vemos más apagada de lo que le corresponde, está más lejos; y su luz, al atravesar el espacio, arrastra la huella de cuánto se ha estirado el universo en el camino.

expansión acelerada del universo

Con esa herramienta, el equipo observó explosiones a miles de millones de años luz y las encontró más lejos de lo previsto. Esa luz partió antes de que existiera nuestra especie. El universo no solo crecía: crecía cada vez más deprisa. Había algo empujando en sentido contrario a la gravedad.

El problema era distinguir un descubrimiento de un espejismo. La imagen del espejismo es real —se puede fotografiar—, pero no coincide con la realidad del desierto. Con los datos pasa igual. ‘Lo que proponíamos era tan extraordinario que teníamos que estar muy seguros de que la imagen no nos engañaba’.

¿Cuándo dejó de ser un espejismo? Alrededor de 2005, casi diez años después de aquellas observaciones, cuando otros equipos que interrogaban el cielo con métodos distintos llegaron a la misma conclusión. Ahí se acabaron las dudas.

Lo que la energía oscura todavía no explica

El Nobel le llegó con 41 años y las respuestas siguen pendientes. Nadie sabe qué es esa energía oscura; se mide su efecto sobre la expansión, no su naturaleza. Y hay más grietas: al interrogar el universo con técnicas diferentes salen respuestas diferentes. Riess no sabe por qué.

Ahí entra el proyecto que le trae a Barcelona. Financiado con 12 millones de euros por la Unión Europea y coordinado por Licia Verde, investigadora del ICCUB, el programa se prolongará seis años con un objetivo concreto: afinar la velocidad de expansión. Poca cosa, en apariencia. En la práctica, la medida que decide qué modelo cosmológico sobrevive.

Hay una ironía útil en todo esto. El hallazgo que obligó a recuperar la constante cosmológica lo firmó alguien que, por su propia cuenta, no sabía si estaba viendo el universo o un artefacto del software. La duda no fue un obstáculo: fue el método.

Confieso que la parte que más me interesa de esta historia no es el premio, sino la negociación con los propios datos. Riess cita a Feynman: ‘Tienes que tener cuidado de no autoengañarte, porque eres la persona más fácil de engañar’. Curiosidad y terquedad, dice, pesan más que el talento.

También pone límites. Sobre el multiverso es tajante: si el universo es todo lo que podemos observar, hablar de otros universos conduce a teorías que no se pueden comprobar. ‘Para mí desde luego no es ciencia, es especulación’. Y sobre qué había antes del big bang: ‘No lo sé. Y tampoco sé cómo podríamos estudiarlo’.

De lo que no duda es de que Einstein alucinaría. El hombre que borró lambda de sus ecuaciones creía vivir en un universo estable; el nuestro se estira, acelera y obedece a algo que aún no tiene explicación. Con cada supernova nueva, el cielo responde a la misma pregunta.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La expansión del universo se acelera, impulsada por una energía oscura equivalente a la constante cosmológica que Einstein descartó.
  • Dónde: Supernovas situadas a miles de millones de años luz; el hallazgo se rememora en el ICCUB, en Barcelona.
  • Institución responsable: Universidad Johns Hopkins, con Brian Schmidt, y el Institut de Ciències del Cosmos de la Universitat de Barcelona en la colaboración actual.
  • Cuándo: Observaciones de mediados de los noventa, confirmación independiente hacia 2005 y visita a Barcelona en noviembre de 2026.
  • Impacto a futuro: Un proyecto de seis años y 12 millones de euros buscará la velocidad exacta de expansión y la naturaleza de la energía oscura.

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