Una sola autorización bastó para mover 2.500 millones de dólares de una cartera de Binance en Ethereum. El coste de red de la operación: unos 15 dólares.
El hackeo Binance Ethereum no fue un asalto a la red, sino algo más incómodo de explicar: alguien convenció a un empleado, obtuvo una firma válida y la usó para dejar abierto un permiso dentro de la blockchain. La firma de seguridad Blockaid, especializada en análisis on-chain (el rastro que dejan las operaciones en la propia cadena), ha sido la primera en reconstruir el mecanismo.
Conviene fijar las cifras. Blockaid atribuye al primer barrido cerca de 2.500 millones de dólares y estima en 6.300 millones el impacto del ataque en su conjunto. Son dos magnitudes distintas: la primera es lo que salió de la cartera en una transacción; la segunda, un cálculo global que la firma no desglosa en el material publicado.
La cronología que Binance publicó el 3 de noviembre describe una campaña de varias etapas: ofertas de trabajo falsas para que un ingeniero descargara código malicioso, dispositivos comprometidos y técnicas de inteligencia artificial. El exchange no detalla qué sistema de IA se habría utilizado ni qué tarea habría cumplido.
El objetivo fue Binance 14, una cartera caliente: una wallet conectada a internet que el exchange usa para atender retiros con rapidez y que, por eso mismo, concentra ether, stablecoins y decenas de otros tokens. Blockaid sitúa el arranque en torno a las 20:20 UTC del 29 de octubre, las 4:20 de la madrugada del 30 en Singapur.
Quince dólares de gas bastaron para autorizar el movimiento de 2.500 millones: el permiso pesaba más que el candado.
Qué pasó: de una oferta de trabajo falsa a 2.500 millones en una sola transacción
Ese primer envío no movió un solo token. Sirvió para que un programa controlado por los atacantes actuara en nombre de la cuenta. Tres minutos y medio después llegó el barrido: 167.464 ETH y más de 60 tokens adicionales en una única transacción, entre ellos cerca de 1.600 millones de dólares en USDT, según el análisis de Blockaid y los registros de el explorador Etherscan.
La reacción llegó por varias vías. Binance aseguró que revocó la delegación afectada, reconstruyó la infraestructura de billeteras comprometida y añadió políticas más estrictas para transacciones de delegación, vigilancia conductual, controles a nivel de transacción y procedimientos de revocación de emergencia. También sostuvo que los fondos de los usuarios permanecieron protegidos y que absorbió el impacto financiero.
Hay un detalle que explica por qué el susto fue mayor de lo que parece. Detener los retiros o apagar los servicios de hot wallet no cancela una delegación que ya quedó registrada en Ethereum. Y los depósitos seguían llegando a Binance 14, lo que dejaba abierta la posibilidad de más transferencias mientras el permiso siguiera vivo.
La Oficina Federal de Investigaciones atribuyó el ataque a Corea del Norte; Pionyang negó cualquier participación. Reuters lo describió como el mayor impacto de seguridad de la historia del sector, con la cifra de 6.300 millones como estimación global y no como el primer movimiento.
Por qué EIP-7702 convirtió un permiso en una puerta abierta
EIP-7702 llegó a Ethereum en mayo de 2025, dentro del upgrade Pectra, la actualización que también subió el límite de ether en garantía por validador. Su función es sencilla de enunciar y complicada de vigilar: permite que una cuenta autorice a un programa a actuar en su nombre y agrupe varias acciones bajo un mismo permiso. Forma parte de la llamada abstracción de cuentas, la idea de que una wallet se comporte como un contrato programable. La propuesta completa está en el repositorio oficial de EIPs de Ethereum.
La diferencia con una billetera convencional es de fondo. Mover varios activos exige ahí operaciones separadas, cada una con su autorización y con una oportunidad extra para que los sistemas de vigilancia detecten algo raro. Con la delegación, una vez concedido el permiso, el programa autorizado ejecuta dentro de ese alcance sin volver a pedir nada.
Dan Caspi, cofundador y director de tecnología de Hypernative, señaló que durante un ataque los defensores buscan ralentizar al intruso y sostuvo que EIP-7702 permitió a los hackers actuar con más rapidez y conservar el control incluso después de que Binance detectara la intrusión.
Eso no convierte a la delegación en una vulnerabilidad de Ethereum por sí misma. Convierte una firma comprometida en algo mucho más potente. La seguridad deja de depender solo de si la firma es válida y pasa a depender de qué alcance concede y de si alguien lo está mirando.
Lo que este caso dice de Ethereum, de la custodia y de los permisos que firmamos
Ethereum lleva tres años añadiendo comodidad a marchas forzadas. The Merge, en septiembre de 2022, cambió la prueba de trabajo por la prueba de participación y dejó la red en manos de validadores con ether bloqueado en garantía. Dencun, en marzo de 2024, abarató las transacciones en los rollups. Pectra, en mayo de 2025, trajo EIP-7702 y cuentas con reglas propias. Cada paso ganó usabilidad y añadió superficie de ataque. No hay upgrade gratis en seguridad.
Mi lectura es que el problema no está en la red, sino en la asimetría entre lo fácil que resulta firmar un permiso y lo difícil que es entender su alcance. Una cartera caliente con decenas de tokens, miles de millones y una delegación activa es un riesgo estructural, tenga el exchange los controles que tenga. Y el sector arrastra una concentración de custodia que pocas veces se discute en frío.
Añadan el ángulo regulatorio. Informaciones publicadas en las últimas horas apuntan a que la Reserva Federal y la Oficina del Contralor de la Moneda han empezado a preguntar a los bancos por su exposición a incidentes como este. Si la supervisión bancaria entra en el detalle de las delegaciones, el debate deja de ser técnico y pasa a ser de cumplimiento.
Queda por ver si las wallets de consumo empiezan a mostrar qué delegaciones tienes activas y cuánto pueden mover, y si revocar se vuelve tan fácil como firmar. Hasta entonces, la lección es incómoda: en Ethereum, un permiso firmado a las prisas puede pesar más que cualquier contraseña.




