Gary Marcus compara OpenAI con WeWork: el miedo a la burbuja de inteligencia artificial hunde la bolsa tech

El Nasdaq firma su mayor caída en 19 meses y las apuestas puras de IA se hunden: CoreWeave pierde el 70% desde mayo. El Banco de Pagos Internacionales ya advirtió de que más de la mitad del capital del sector lo pone el propio sector.

El Nasdaq cae un 5%, su mayor desplome en 19 meses, y la burbuja de inteligencia artificial deja de ser una hipótesis de tertulia. Es la tercera sacudida en apenas unas semanas, pero la primera que arrastra con fuerza a todo el complejo de compañías que vive exclusivamente del negocio de la IA.

Claves de la operación

  • El índice tecnológico pierde un 5% en una jornada. El retroceso supera en intensidad a los dos episodios anteriores de nerviosismo registrados en las últimas semanas y borra parte del terreno ganado desde el verano.
  • CoreWeave acumula un descenso del 70% desde mayo. Las apuestas puras de IA son las que peor resisten el castigo, mientras las tecnológicas con capacidad propia de centros de datos aguantan el tipo.
  • El permiso del centro de datos se convierte en el nuevo campo de batalla regulatorio. Los votantes de varios estados de EE. UU. rechazaron en las urnas los proyectos en sus vecindarios, lo que anticipa más trámites, más plazos y más coste financiero.

La secuencia importa. La reacción inicial a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos fue eufórica: victoria contundente del Partido Demócrata en el Congreso y en varios cargos estatales, alivio ante un resultado incontestable y expectativa de contrapeso frente a un presidente impredecible. El precio del petróleo bajó de los 100 dólares por barril después de haber tocado los 118 a finales del mes pasado.

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El entusiasmo duró un día. Los mismos votantes que castigaron al presidente rechazaron en las papeletas estatales los grandes centros de datos que consumen cantidades ingentes de energía y agua en sus municipios. En casi todos los casos, las urnas dieron la espalda a las grandes tecnológicas. Y ese resultado tiene consecuencia directa sobre el calendario de inversión de un sector que sostiene una parte desproporcionada del mercado estadounidense.

El detonante no fue un mal balance: fue un permiso que se niega en las urnas

Frank Flight, estratega de Citadel Securities, sostiene que muchos de esos proyectos se trasladarán de estados hostiles a otros más favorables y seguirán adelante. En teoría. El propio estratega admite el matiz: encontrar ubicaciones alternativas, suministro eléctrico y autorizaciones lleva tiempo. Cada trimestre de retraso encarece el despliegue y enfría la demanda de recursos que hasta ahora empujaba el crecimiento y la inversión acumulada.

Para los proyectos financiados con grandes cantidades de capital prestado, ese matiz lo es todo. La IA se ha construido sobre deuda estructurada de formas cada vez más ingeniosas, y cualquier demora en la entrega de megavatios se traduce en intereses corriendo sin ingresos que los cubran.

La IA no se cae por falta de tecnología, sino por falta de enchufe: el permiso del centro de datos se ha convertido en el cuello de botella del capital.

CoreWeave pierde el 70% desde mayo y la financiación circular entra en el punto de mira

El castigo bursátil distingue entre modelos de negocio. Las tecnológicas diversificadas, sobre todo las que ya cuentan con capacidad propia de centros de datos, resisten la sacudida. Las apuestas puras se desangran. CoreWeave cayó un 10% el jueves y acumula un descenso del 70% desde su máximo de mayo. SanDisk se dejó un 22% en la misma sesión y Micron, un 17%.

El Banco de Pagos Internacionales puso cifras al riesgo semanas atrás: cerca del 29% de los acuerdos de inversión de las empresas de IA tienen como destinataria otra empresa del mismo sector, y más de la mitad del capital que entra en compañías de IA procede de otras firmas del sector. En una crisis, la financiación circular se convierte en un pelotón de fusilamiento circular.

Trevor Greetham, responsable de multiactivos en Royal London Asset Management, lo resume con una imagen que ya circula por las mesas de negociación: a estas valoraciones, la inversión en IA es como un tiburón que debe seguir nadando para mantenerse con vida.

No es la primera vez que el mercado se pregunta si esto es la gran caída. Es la tercera en pocas semanas. La diferencia es que la pregunta ya no la formula un columnista excéntrico, sino el consenso de la industria.

De WeWork a OpenAI: por qué la comparación de Gary Marcus incomoda tanto

Gary Marcus ha llevado la analogía al terreno incómodo al comparar OpenAI con WeWork. El paralelismo tiene trampa, porque la compañía que dirige Sam Altman factura de verdad y su producto se usa a diario, mientras WeWork vendía contratos de oficina con valoración de tecnológica. El punto de Marcus no es el producto: es la estructura financiera que lo sostiene y la valoración que la justifica.

En España ya hemos visto ese guion. Terra Networks salió a bolsa en noviembre de 1999 como la mayor colocación de la historia del mercado español, llegó a codearse con los grandes bancos del IBEX 35 en capitalización y se desintegró en menos de dos años cuando el negocio real no acompañó a la expectativa. Internet funcionaba perfectamente. El desplome llegó igual.

La diferencia con 2000 es que ahora el capital ajeno no viene de minoristas entusiastas, sino de la propia industria. Ese detalle convierte una corrección de valoración en un riesgo de cadena: si un eslabón falla, arrastra a sus proveedores de capital, que son a la vez sus clientes.

TS Lombard manejó en octubre un escenario de cola que conviene tener a mano: las bolsas estadounidenses perdiendo al menos un 30% de su valor y hasta 200.000 millones de dólares en pérdidas crediticias, unos 177.600 millones de euros, con una oleada de impagos en el sector tecnológico. El propio analista lo califica de estimación conservadora, porque devuelve el peso de la tecnología en el mercado estadounidense a los niveles previos a la irrupción de ChatGPT.

Los refugios que empiezan a cotizar son los de siempre: deuda pública y bolsas no estadounidenses. El Tesoro de Estados Unidos ya sube, y ese movimiento dice más sobre el miedo del inversor que cualquier informe de analistas.

Para el inversor español la lectura es doble. Indra, uno de los valores del IBEX 35 con mayor sensibilidad al relato tecnológico, se ha convertido en el termómetro local del apetito por la IA: cada corrección en el Nasdaq se traduce en una prima de riesgo mayor sobre sus múltiplos. Y los proyectos de centros de datos que se negocian en Aragón y Madrid afrontan ahora una variable que no figuraba en sus hojas de cálculo, la licencia social del territorio que los alberga.

Lo que ocurra en las próximas semanas depende de dos calendarios ajenos a la tecnología: el desenlace de la guerra en Irán, cuya salida rápida sigue siendo la mejor oportunidad para que el mercado recupere la estabilidad, y la reunión de la Reserva Federal de diciembre. Mientras tanto, cada dato macro se leerá como un veredicto sobre la burbuja de inteligencia artificial. La última vez que internet funcionaba perfectamente también fue el principio del fin.


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