La CLARITY Act, la ley llamada a ordenar el mercado cripto de Estados Unidos, puede quedarse congelada dos años si los demócratas ganan el Congreso. La advertencia llega del análisis que Jaret Seiberg, especialista en regulación de la firma TD Cowen, envió a clientes y a medios del sector el mismo día de las midterms.
El diagnóstico es directo: una barrida demócrata en la Cámara y en el Senado cerraría la ventana del proyecto durante al menos dos años y agriaría el clima político para todo el sector. No es una opinión aislada. Las encuestas y los mercados de predicción apuntaban en la misma dirección durante la jornada electoral, con probabilidades del 94% para la Cámara y del 74% para el Senado en la plataforma Kalshi.
Con el Congreso en manos demócratas, el partido abriría investigaciones sobre Donald Trump y sus negocios vinculados a las criptomonedas, y ese ruido contaminaría cualquier iniciativa legislativa. Seiberg lo resume así: no esperan que la CLARITY Act salga adelante en los próximos dos años.
Un proyecto que se quedó a un voto y caduca el 3 de enero
Conviene recordar de dónde viene el texto. La CLARITY Act, que reparte competencias entre la SEC y la CFTC —los dos reguladores que vigilan los mercados de valores y de derivados en EEUU—, pasó la Cámara de Representantes por 294 votos a 134 en julio de 2025. El respaldo era amplio y bipartidista.
El muro apareció en el Senado. La votación de cierre, el trámite que decide si un proyecto llega al pleno, se quedó en 49 a 50 el 15 de septiembre. Un solo voto de diferencia. Desde entonces, el texto duerme en un cajón.
Y el calendario no perdona. Si la ley no se aprueba antes de que el nuevo Congreso tome posesión el 3 de enero, decae y hay que empezar de cero: nueva redacción, nuevos informes, nuevas negociaciones. El estado del texto puede seguirse en el registro legislativo del Congreso.
Una ley que se quedó a un voto de salir adelante no necesita un enemigo: le basta con que cambie el inquilino del Senado.
Lo que los mercados no han descontado del todo es el tramo que queda hasta enero, el llamado lame duck (los meses en que el Congreso saliente todavía puede legislar). La senadora Angela Alsobrooks, una de las negociadoras del texto, ha sostenido que la ley aún podría aprobarse en esa ventana. Ella misma duda de que, superada esa fecha, un Congreso demócrata la convierta en prioridad.
El dinero movido en este ciclo ilustra la apuesta. Distintos medios han cifrado en más de 200 millones de dólares el gasto del sector cripto en estas elecciones de medio mandato para evitar justo el escenario que TD Cowen da por probable.
Por qué el Senado pesa más que la Cámara
Seiberg considera que el Senado es la pieza decisiva. Una mayoría demócrata puede tumbar los nombramientos de Trump y usar esa palanca para exigir cuotas propias en la FDIC, la SEC y la CFTC, las tres agencias que deciden el día a día del sector: el fondo de garantía bancaria y los dos reguladores de valores y derivados.
En ese pulso entran asuntos que no tienen nada que ver con las criptomonedas. El Senado podría presionar a la Casa Blanca para que abandone su intento de apartar a Lisa Cook del consejo de la Reserva Federal. Trump puede responder colocando responsables interinos, pero eso traslada el mando al funcionariado de carrera, algo que su equipo no quiere.
Con el cambio de manos, Elizabeth Warren presidiría la Comisión de Banca del Senado y Maxine Waters la de Servicios Financieros de la Cámara. Traducido: más supervisión sobre la agencia federal de vivienda (FHFA) y menos espacio para leyes de mercado de capitales.
Para la banca tradicional, en cambio, la nota es casi un no suceso: los supervisores seguirán relajando reglas de capital y liquidez con cualquiera de los dos partidos. El riesgo real de un gobierno dividido es otro, mayor probabilidad de cierre administrativo o de choque por el techo de deuda.
Lo que un parón de dos años significa de verdad
No sería la primera vez. La FIT21, el intento anterior de ley de estructura de mercado, pasó la Cámara en mayo de 2024 y se quedó sin votación en el Senado: expiró con el final de la legislatura. Entre 2023 y 2024, además, la SEC de Gary Gensler gobernó el sector a base de demandas, lo que en la jerga se llamó regulación por ejecución. Las empresas aprendieron que el problema no era solo la norma, sino no saber cuál sería mañana.
De ahí la lectura de fondo: si el Congreso se bloquea, todo se decide agencia por agencia y, sobre todo, por quién se sienta en la silla. No es teoría. La CFTC se movió el mismo martes sin esperar al Legislativo y autorizó futuros perpetuos sobre acciones para las plataformas estadounidenses, según recoge la nota. Ese tipo de decisiones, tomadas por un organismo que puede cambiar de mayoría de la noche a la mañana, marcarán el compás del sector. La web oficial del regulador de derivados es el sitio donde se irán publicando.
El contexto de mercado tampoco invita a la calma. Bitcoin cotizaba el día de las elecciones en torno a 77.500 dólares, unos 2.000 por debajo de donde abrió el mes, después de dos jornadas de salidas en los fondos cotizados al contado y con una Reserva Federal inclinada a subir tipos en diciembre. Con ese telón de fondo, la incertidumbre regulatoria deja de ser un debate de despachos y se convierte en volatilidad para el ahorrador que tenga cripto o un fondo con exposición indirecta.
La pregunta abierta ya no es si la CLARITY Act gusta más o menos, sino si llega a tiempo. Hay tres señales que conviene seguir en las próximas semanas: el recuento definitivo de las midterms, lo que ocurra en la Cámara y el Senado antes del 3 de enero y, en paralelo, quién acabe ocupando las presidencias de la SEC y la CFTC. Cualquiera de las tres puede mover más la aguja que un titular de campaña.




