Las reservas de gas en Europa caen a mínimos de una década: la AIE alerta de tensión hasta 2027

La AIE sitúa los depósitos comunitarios en el nivel más bajo desde 2013 y calcula que la oferta mundial de GNL caerá un 3% este año. Europa podría verse obligada a comprar a precio de urgencia en el verano de 2027.

Las reservas de gas de Europa afrontan la temporada de calefacción 2026-2027 en su nivel más bajo en más de una década. El Global Gas Security Review 2026, el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sitúa los almacenamientos comunitarios en el entorno más bajo desde 2013 y advierte de que la tensión de mercado puede prolongarse hasta bien entrado 2027.

El diagnóstico no describe una emergencia de suministro. Describe algo menos visible y bastante más incómodo: un continente que ha perdido colchón justo cuando el colchón era su principal seguro. Europa cubrirá los picos de demanda invernal con compras de gas natural licuado (GNL) en un mercado mundial que ya no le garantiza prioridad por precio.

Publicidad

La AIE calcula que la oferta global de GNL caerá un 3% en 2026, el equivalente a casi 20.000 millones de metros cúbicos (bcm). En paralelo, la demanda mundial de gas retrocederá alrededor de un 1,5%, unos 65 bcm, por la destrucción de consumo en Oriente Medio, el menor uso industrial en Europa, y la sustitución de gas por carbón en la generación eléctrica de varios países asiáticos. Menos oferta y menos demanda no se compensan: se traducen en una competencia más dura por cada cargamento disponible.

El invierno arranca con los depósitos en mínimos desde 2013

El dato central del informe es el nivel de los depósitos europeos, los más bajos desde 2013 al inicio de la temporada de calefacción. La consecuencia operativa es directa: cualquier desviación respecto a un invierno medio obliga a tirar de mercado al contado, y ese mercado no está sobrado de cargamentos.

Alemania, la mayor economía del bloque y su primer consumidor industrial de gas, no ha alcanzado su objetivo de llenado antes del invierno, según recoge Oilprice.com, con los precios en ascenso. El incumplimiento funciona como señal para el resto del continente: el país que suele marcar el ritmo de la compra invernal entra en la estación fría con menos margen del previsto.

El origen de buena parte del desajuste está en el Estrecho de Ormuz. La práctica paralización de los flujos de GNL a través de esa ruta, en el marco del conflicto en Oriente Medio, ha recortado en más de 60.000 millones de metros cúbicos las cargas procedentes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos entre marzo y octubre de este año.

Europa no llega al invierno con hambre de gas, sino con menos margen del que el mercado le exige para dormir tranquila.

Ese recorte ha empujado los precios del gas en Asia y en Europa a sus niveles más altos desde la crisis de suministro de 2022-2023, según la AIE. Los registros de almacenamiento agregado que publica GIE permiten seguir semana a semana la distancia entre el nivel actual y la media de los últimos cinco años.

La comparación con 2022 tiene límites y conviene no forzarla. Entonces el problema fue la pérdida abrupta de un proveedor por gasoducto; ahora el cuello de botella es logístico y afecta a la vez a varios compradores regionales. El mercado es hoy más flexible, más líquido y más interconectado que hace una década, según el propio informe, pero esa flexibilidad tiene precio y no todos los compradores pueden pagarlo.

El colchón se ha adelgazado.

Quién paga el hueco: la carrera por cada cargamento de GNL

La AIE anticipa que los bajos niveles de almacenamiento en Europa, sumados a la limitada capacidad de los países importadores de Asia y Sudamérica, intensificarán la competencia por los cargamentos disponibles en los próximos meses. El efecto esperado es una presión alcista sobre los precios al contado, especialmente en los periodos de mayor consumo.

El mercado ya ha descontado parte de ese escenario. Las referencias del continente se sitúan en máximos desde la crisis anterior, y esa señal se traslada con retardo a los contratos industriales y a las tarifas reguladas de los hogares. No es un mecanismo inmediato, pero sí previsible: cuando el gas de invierno se compra caro, la factura llega meses después.

AIE informe gas

España ocupa un lugar singular en ese mapa. Cuenta con la mayor capacidad de regasificación del continente y actúa como una de las principales puertas de entrada del GNL que consume Europa, aunque su capacidad de almacenamiento subterráneo es reducida en comparación con la de Francia o Alemania. Esa asimetría resume el problema europeo: capacidad de recibir mucho gas y poca de guardarlo.

El informe contempla dos escenarios de riesgo. El primero es un invierno más frío de lo previsto, que dispararía la demanda de calefacción justo cuando los depósitos están más vacíos. El segundo es una avería técnica o una interrupción no programada del suministro, un evento de probabilidad baja pero de impacto alto en un sistema con poco margen. Cualquiera de los dos obligaría a Europa a pagar prima por cargamentos que hoy están comprometidos con Asia.

La demanda tampoco equilibra. La AIE estima una caída global del 1,5% en el consumo, en buena parte por destrucción de demanda y no por eficiencia: el menor uso industrial europeo refleja actividad económica débil, no una mejora estructural.

El ajuste que llega por recesión no es el mismo que llega por inversión.

Análisis: el examen real no es este invierno, es el verano de 2027

La AIE lo formula con precisión burocrática: Europa podría necesitar incrementar sustancialmente las compras de gas durante el verano de 2027 para reponer sus reservas de cara al invierno siguiente, lo que prolongaría las tensiones en el mercado mundial durante buena parte del próximo año. Traducido: el problema no se cierra cuando suban las temperaturas.

Ahí está la contradicción de fondo. El sistema energético europeo se rediseñó después de 2022 apoyándose en dos pilares, el almacenamiento propio y la flexibilidad del GNL, y uno de los dos está fallando. El umbral del 90% de llenado que fija la normativa comunitaria antes de cada invierno se ha convertido en un objetivo que no siempre se alcanza, no en una garantía. Cuando el seguro falla, el mercado cobra la prima por adelantado.

La paradoja europea es que el mercado del gas es más flexible que nunca y, al mismo tiempo, menos protector para quien llega tarde a comprar.

El riesgo menos comentado es el de la secuencia. Si el invierno 2026-2027 se cierra con los depósitos por debajo de lo previsto, Europa saldrá a comprar en primavera con la misma urgencia que sus competidores asiáticos y con menos capacidad para aprovechar precios bajos. La reposición deja de ser una decisión de optimización y pasa a ser una obligación de calendario.

Publicidad

La AIE subraya además la necesidad de reforzar la cooperación internacional en seguridad de suministro. Es la parte del documento que suena a declaración de principios, pero apunta a un problema verificable: un mercado más interconectado reparte mejor los cargamentos cuando hay gas y reparte peor el riesgo cuando no lo hay.

La referencia a seguir no será la próxima rueda de prensa de Bruselas. Será el nivel de llenado que los depósitos europeos registren al cierre del primer trimestre de 2027. Si Europa sale del invierno con margen, la tensión se diluye en una primavera de compras ordenadas. Si no, la factura del verano llegará antes que la del próximo invierno.


Publicidad