Custodia Coinbase ETF bajo la lupa: hackers roban 8.000 M$ a Binance, Bybit y Bitget sin claves privadas

Coinbase divide cada clave en fragmentos que nunca se reúnen en una sola máquina, un diseño pensado para que un portátil comprometido no baste. La otra cara es la concentración: un solo custodio aguanta la mayor parte de los ETF al contado de Estados Unidos.

La custodia de Coinbase para los ETF spot se ha convertido en el punto más vigilado del mercado cripto. En veinte meses, hackers han drenado más de 8.000 millones de dólares de Binance, Bybit y Bitget. En ninguno de los tres casos hicieron falta claves privadas, esas contraseñas maestras que supuestamente blindan una cartera.

El detalle no es menor para quien tiene ether a través de un fondo cotizado. Coinbase Prime figura como custodio de los principales ETF spot de ether de Estados Unidos, fondos que compran la moneda real y no derivados sobre ella. Si falla el eslabón que guarda los activos, el folleto del ETF no sirve de nada.

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Tres exchanges, tres ataques y un mismo punto débil

Por volumen, el caso más caro es el de Binance: cerca de 6.300 millones de dólares sustraídos el 29 de octubre. El co-CEO Richard Teng explicó que la operación arrancó con el ordenador portátil de un ingeniero comprometido y que la firma no halló indicios de fuga de claves. No fue un clic: el atacante encadenó pasos hasta que los sistemas propios del exchange aprobaron los retiros.

En Bybit el importe rondó los 1.500 millones en febrero de 2025. Los atacantes inyectaron código en Safe, la aplicación externa que la plataforma usaba para aprobar transferencias: el personal veía un destino en pantalla mientras firmaba otro. El FBI atribuyó el asalto a Corea del Norte.

El tercer caso es el de Bitget, con unos 387,5 millones perdidos en septiembre. La entrada fue una vulnerabilidad en productos de seguridad de terceros; la salida, órdenes de retiro falsas que superaron el proceso de firma sin levantar sospechas.

Hay un patrón común y merece la pena subrayarlo: nadie robó las contraseñas maestras. Los tres ataques manipularon la capa de aprobación, ese instante en el que una persona o un sistema da el visto bueno a una salida de fondos. Ahí se libra hoy la guerra de la seguridad cripto.

El eslabón más frágil de un custodio ya no es la clave privada, sino la pantalla que alguien mira justo antes de firmar.

La defensa de Coinbase: claves que nunca existen enteras

Coinbase sostiene que su arquitectura hace inviable ese tipo de asalto. La compañía usa computación multipartita (MPC), un esquema criptográfico que divide cada clave en fragmentos almacenados en máquinas distintas. Para firmar una transacción, las partes colaboran sin reunirse nunca en un único lugar. La clave completa no existe: ni en reposo, ni durante el proceso de firma.

Greg Tusar, co-CEO de Coinbase Institutional, ya detalló el planteamiento en 2025. Con MPC, la clave completa jamás se guarda entera ni descansa en una sola máquina mientras se usa. La firma desarrolla además internamente todo el software crítico. Los asaltos a Bitget y Bybit entraron por proveedores externos; en esa capa, aquí no hay tercero al que sobornar.

El investigador Zeeme sostiene que ese diseño bloquea las tres rutas vistas este año: un portátil robado solo entrega un fragmento, inservible por sí solo. Los datos de la plataforma de análisis Arkham apuntan a una dispersión poco habitual: cerca de 959.000 BTC repartidos en 69,8 millones de direcciones distintas, valorados en unos 74.700 millones de dólares. Menos botín concentrado en unas pocas hot wallets (las carteras conectadas a internet que los exchanges usan para pagar retiros rápido) es menos que perder de un solo golpe.

La compañía ha movido ficha desde el susto. Rob Witoff, su director de tecnología, aseguró que rastrean los fondos robados on-chain y que bloquean envíos hacia carteras de Binance comprometidas. Jeff Lunglhofer, responsable de seguridad, confirmó ajustes preventivos en el almacenamiento en frío. Ninguno de los dos habló de pérdidas propias.

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El riesgo que no se mide en bitcoins robados

Hay un dato que inquieta más que cualquier hackeo. El investigador Marc Baumann calculó en abril que Coinbase custodia el 84% de los activos de los ETF spot de bitcoin de Estados Unidos, unos 77.000 millones bajo un solo techo. No todos los emisores dependen solo de él: Fidelity guarda el bitcoin de su propio fondo y Morgan Stanley sumó a BNY como segundo custodio.

Coinbase tampoco es inmune. En 2025, criminales sobornaron a personal de soporte en el extranjero para filtrar datos de clientes. La compañía cifró el coste entre 180 y 400 millones de dólares y sostuvo que los fondos nunca estuvieron accesibles. Fue un fallo de personas, no de criptografía.

Merece la pena mirar atrás. Mt. Gox quebró en 2014 por una gestión interna desastrosa, no por un algoritmo roto. FTX cayó en 2022 porque alguien movía dinero de clientes a otra cuenta. La historia de los grandes colapsos cripto es, sobre todo, una historia de fallos de control humano, no de criptografía. El MPC resuelve una parte del problema; no lo resuelve entero.

Ese mismo debate se ha abierto dentro de Ethereum con las cuentas inteligentes. Cuando una cartera puede delegar permisos en un contrato —la lógica que hay detrás de propuestas como la EIP-7702, que convierte una cuenta normal en programable—, el riesgo deja de estar en la clave y se traslada a quién puede ejecutar qué. La seguridad se ha mudado de sitio en los dos lados del mostrador.

Lo que toca vigilar es concreto: si Coinbase mantiene ese discurso cuando llegue el próximo incidente, si más emisores de ETF de ether diversifican custodios como hizo Morgan Stanley, y si publica auditorías de sus flujos de aprobación en lugar de garantías genéricas. El dinero institucional ya no pregunta si la criptografía es sólida. Pregunta quién firma y qué ve antes de firmar.


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