La integración de la inteligencia humana y la artificial en el trabajo plantea una pregunta: ¿las personas dirigen la tecnología o ejecutan las instrucciones que esta marca? La metáfora del centauro —un ser con cuerpo de caballo y torso humano— sirve para ilustrar ambas posibilidades.
En UNLEASH 2026, celebrado en París, Peter Hinssen, cofundador y socio de nexxworks, invitó a líderes de recursos humanos a reflexionar sobre qué empleos pueden ampliar la capacidad de las personas y cuáles podrían reducirlas a ejecutoras de algoritmos. Para ello recurrió a la idea del centauro inverso de Cory Doctorow.
El papel del juicio humano
Según Hinssen, el efecto de la IA depende de cómo las organizaciones valoren a las personas. Si su función se limita a realizar tareas asignadas, la tecnología puede reemplazar parte de ese trabajo. En un almacén, explicó, el algoritmo puede determinar la acción y la persona repetirla; en el trabajo del conocimiento, el mismo patrón puede resultar menos visible cuando alguien aprueba una recomendación sin aportar buena parte del razonamiento.
Los investigadores de Wharton Steven Shaw y Gideon Nave denominan «rendición cognitiva» a aceptar respuestas de IA con poco escrutinio y dejar que el razonamiento del sistema sustituya al propio. Su documento de trabajo de 2026 describe tres experimentos con más de 1.300 participantes que respondieron preguntas de razonamiento con y sin ayuda de IA. Algunos siguieron consejos incorrectos mientras aumentaba su confianza en sus respuestas.
En el mismo encuentro, Margaret Heffernan, profesora adjunta de la Universidad de Bath, abordó el silencio organizacional: personas que tienen ideas o preocupaciones, pero no las expresan por temor a las consecuencias o porque creen que nada cambiará. La rendición cognitiva y el silencio son fenómenos distintos, aunque ambos pueden reducir la aportación de un juicio independiente.
Decidir qué merece hacerse
La transformación tecnológica suele comenzar con preguntas sobre qué tareas automatizar, cuánto producir o qué costes reducir. Esas cuestiones ayudan a entender las capacidades disponibles, pero también pueden limitar la ambición a hacer más rápido y con menos recursos lo que ya se hace.
La creatividad ofrece otro punto de partida: reconocer necesidades desatendidas, imaginar experiencias nuevas o cuestionar resultados aceptados. Por ejemplo, la IA puede servir para gestionar más quejas de clientes o para analizar lo que estas revelan y replantear el servicio. La tecnología puede ayudar en ambos caminos; elegir entre ellos requiere juicio humano.
La metáfora del centauro representa esa responsabilidad de decidir qué merece el esfuerzo y qué sería un mejor resultado. Liberar a las personas de ciertas tareas, sin embargo, no desarrolla automáticamente su creatividad o su capacidad de juicio.
Desarrollar capacidades y ampliar el progreso
Heffernan sostiene que las organizaciones deben desarrollar y respaldar la creatividad. Su ejemplo de los artistas destaca la observación atenta y un proceso en el que la obra toma forma mediante elecciones y revisiones. Estas capacidades pueden ser importantes cuando se trata de reconocer posibilidades antes de definir una tarea.
Crear un servicio distinto, un sistema más humano o una nueva estrategia exige que las personas originen trabajos que no les habían asignado. Para ello, plantea el artículo, hacen falta oportunidades de observar, investigar y crear, además de vías para que los hallazgos lleguen a quienes toman decisiones. La IA puede ayudar a convertir ideas en propuestas examinables; el liderazgo determina si estas encuentran espacio para avanzar.
La eficiencia puede mejorar el trabajo, facilitar el acceso a servicios y hacer más asequibles nuevas posibilidades. Pero el artículo advierte que no basta por sí sola para demostrar que se ha construido un futuro mejor. También propone valorar qué habilita la combinación de inteligencia humana y artificial: que más personas puedan perseguir ideas, resolver problemas, aportar su experiencia o cambiar sistemas que no funcionan.
El resultado, según el texto, dependerá tanto de las capacidades de la IA como de la imaginación humana que se desarrolle y de cuántas personas puedan utilizarla para elegir el rumbo.
Artículo traducido de Forbes.com.




