Se esperan largas colas en Lidl por su primera moto trail de 600 kilómetros de autonomía con el precio más barato del mercado

Lidl vende comida, pero también vende objetos que no encajan en la lógica de un supermercado. Su tienda online y la zona de bazar han convertido el carrito de la compra en un catálogo inclasificable, donde la cena del martes convive con una embarcación hinchable o un torso de nailon para planchar.

Por eso, el criterio de la selección de productos que te dejamos a continuación no es el volumen de ventas ni la calidad del producto: es el desfase. Aparecen los artículos que, por tamaño, precio o categoría, obligan a preguntarse qué hacen exactamente ahí.

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Los datos que acompañan a cada pieza proceden de la información publicada por Lidl en su propia tienda online, desde los 89,99 euros de un telescopio refractor hasta los 2.999 euros de una moto trail con cambio manual de seis marchas. Unos llaman la atención por su precio, otros por su naturaleza y otros por aparecer y desaparecer según la temporada.

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Telescopio, piano digital y otras compras de impulso de electrónica

Telescopio Skylux Lidl

Que un supermercado venda un instrumento para mirar Saturno ya justifica el hueco en esta lista. Lidl tiene ahora mismo en su tienda online el refractor Bresser Skylux 60/700 AZ por 89,99 euros, rebajado desde los 119,90 de precio recomendado: 60 mm de apertura, 700 mm de distancia focal, montura azimutal, trípode de aluminio, dos oculares de 20 y 4 mm, lente Barlow de 3x, filtro solar y soporte para acoplar el móvil al tubo. En el mismo pasillo han convivido un set de microscopio y telescopio de National Geographic por 54,99 euros y un telescopio terrestre Crivit de 20 a 60 aumentos por 24,99, el tipo de aparato que los foros de astronomía llaman «matapasiones» y que, aun así, agota existencias cada vez que vuelve.

El piano digital pertenece a la misma familia, la de la electrónica que entra en la cesta junto a la leche. El gancho no es tanto el precio de un aparato concreto como la acumulación y la caducidad: la misma semana en la que se hace la compra se puede salir con un teclado de iniciación, y con él un telescopio, una máquina de coser o una freidora de aire. Son artículos de marca propia —SilverCrest en electrónica—, con garantía de varios años, 30 días de devolución gratuita y existencias que no se reponen: cuando el expositor se vacía, el producto desaparece del catálogo y reaparece en portales de segunda mano con sobreprecio. De ahí las colas y el runrún en redes cada vez que se anuncia remesa. La compra deja de responder a una necesidad y se convierte en una carrera contra el reloj.

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