Un helicóptero militar ruso cruza la frontera en agosto de 2023 con tres hombres a bordo y rumbo a Ucrania. A los mandos va un capitán de 28 años, Maxim Kuzminov, que acaba de desertar con el aparato como trofeo. Sus dos compañeros no sobrevivirán al aterrizaje. VisualPolitik abre con esa escena su último análisis para advertir de que lo de Kuzminov no fue una excepción, sino la parte más cinematográfica de un problema mucho mayor: la hemorragia silenciosa que está vaciando las filas rusas.
El capitán que cruzó la frontera con su helicóptero
El relato que hace el canal es de guion de cine bélico. El 9 de agosto de 2023, un helicóptero despega de un aeródromo de Kursk para un vuelo rutinario. Minutos después, alguien dispara contra él desde tierra rusa y una bala alcanza la pierna del piloto. Quienes disparan no son ucranianos: es el propio ejército ruso intentando derribar a uno de los suyos que, en ese momento, ya vuela hacia Ucrania.
Según VisualPolitik, Kuzminov logró aterrizar veinte kilómetros dentro de la región de Járkov, donde le esperaba la inteligencia militar ucraniana. Los dos tripulantes que viajaban con él murieron en la operación. El canal subraya que el episodio se cuenta poco y se recuerda menos, pero que es la punta del iceberg de un fenómeno que va a más y que, sostiene, cada vez suma más casos.
La cifra que Moscú no quiere poner en un informe
El dato central del vídeo es difícil de digerir. Entre 2024 y 2025, afirma VisualPolitik, el ritmo de deserciones se multiplicó por dos. Solo durante 2025, alrededor de 70.000 soldados rusos habrían abandonado sus puestos de combate, lo que equivale a cerca del 10% de toda la fuerza desplegada en Ucrania. Uno de cada diez. Y si la tendencia se mantiene, el canal apunta que la cifra de este 2026 podría ser todavía mayor.
VisualPolitik reconoce que se trata de estimaciones y que el número real podría ser algo inferior, pero insiste en que incluso rebajándolo sigue siendo una barbaridad. Para un ejército que ya va justo de efectivos, cada baja voluntaria pesa doble. El canal va un paso más allá y sostiene que las deserciones podrían acabar influyendo en el resultado de la guerra, algo que, dicho por quien lo dice, no es poco.
Para el Kremlin esto nunca fue castigar a un traidor: era ganar una guerra, y el mensaje tenía que llegar a cualquiera que se estuviera planteando hacer lo mismo.
— VisualPolitik
Ejecuciones, condenas y un mensaje en un garaje de Alicante
En Moscú no se han quedado de brazos cruzados. Según el análisis, la respuesta combina ejecuciones, condenas de cárcel durísimas y una campaña deliberada para extirpar de la cabeza de los soldados la idea de que desertar sea siquiera una salida posible. Se trata, en palabras del canal, de gobernar por miedo.
El ejemplo que VisualPolitik elige es el del propio Kuzminov. Unos meses después de su fuga, el piloto apareció acribillado a tiros en un garaje de Villajoyosa, en Alicante. El crimen sigue oficialmente sin autores, pero el canal lee el episodio como un aviso enviado a todo el que estuviera pensando en imitarlo: no hay escapatoria.
El escenario que dispararía todas las cifras: la movilización general
Donde VisualPolitik pone el foco más incómodo es en lo que todavía puede llegar. Hoy, sobre el papel, quien lucha en Ucrania lo hace como voluntario con contrato firmado. El canal no se engaña: muchos de esos contratos se firmaron bajo presiones, amenazas y engaños de todo tipo. Pero al menos había un papel de por medio.
Si finalmente se decreta la movilización general, ese papel desaparece. El Estado llamaría a filas a quien considerara oportuno y el reclutado no tendría alternativa real. La paradoja que plantea el vídeo es sencilla: si ya se fuga uno de cada diez hombres que en teoría eligieron, la proporción solo puede empeorar cuando nadie pueda elegir. Para el Kremlin, la herramienta que en teoría resuelve el problema del personal podría convertirse en su mayor amplificador.
Qué significa esto para el lector
Conviene poner el contexto. VisualPolitik es un canal de divulgación y análisis de política internacional, no una fuente oficial ni un centro de estudios, y las cifras que maneja proceden de estimaciones que el propio vídeo presenta como aproximadas. Eso no las invalida, pero obliga a leerlas como lo que son: órdenes de magnitud, no recuentos verificados. Ningún ejército publica con orgullo cuántos de sus hombres se marchan.
Aun así el marco que propone el canal es útil para entender la guerra en una dimensión que casi nunca aparece en los titulares: la del desgaste humano y la disciplina interna. Las deserciones no se miden en kilómetros conquistados ni en pueblos tomados, y por eso ocupan poco espacio en los medios. Pero afectan a lo que ningún Estado Mayor puede sustituir con propaganda, que es la voluntad de quien está en la trinchera. Si esa voluntad se rompe, la ventaja material importa cada vez menos.
Hay además una lectura para el lector europeo. Un ejército ruso obligado a vigilar a los suyos es un ejército que gasta recursos en su propia retaguardia, y un Kremlin dispuesto a enviar un mensaje hasta un garaje de Alicante está comunicando algo que trasciende el frente. La pregunta no es solo cuántos soldados se marchan, sino cuántos ya no quieren estar ahí y todavía no se atreven a moverse.
Esa es, quizá, la conclusión más incómoda del análisis. Las cuentas del Kremlin pueden cuadrar sobre el papel mientras la moral se descompone por dentro, y ese proceso no se detiene con un decreto ni con una condena ejemplar. La historia de un capitán que cruzó la frontera con su helicóptero fue solo la primera señal visible de algo que continúa ocurriendo, casi siempre sin helicóptero y sin cámaras. ¿Cuántos Kuzminov hay que no saldrán nunca en los periódicos?
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.






