EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El nuevo director del aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, Sergio Millanes, sitúa en 2029 el arranque de una ampliación de unos siete años y 1.500 millones de euros, todavía pendiente de redacción de proyectos y de licitación.
- ¿Quién está detrás? Aena, propietaria y gestora del recinto, y la dirección del aeropuerto malagueño, que ha puesto por primera vez fecha a la actuación.
- ¿Qué impacto tiene? Más capacidad en seguridad, pasaportes y llegadas en un recinto que supera los 107.000 pasajeros en los días punta del verano.
La ampliación del aeropuerto de Málaga-Costa del Sol arrancará en 2029 con siete años de obras y 1.500 millones de euros de inversión.
El responsable de fijar la fecha es su nuevo director, Sergio Millanes, que ha puesto por primera vez un horizonte concreto a una actuación que llevaba años sobre la mesa sin calendario. El proyecto, eso sí, sigue pendiente de la redacción de los proyectos técnicos y de los procesos de licitación y adjudicación. 2029 marca el arranque de la construcción, no el final de la tramitación.
Qué entra en la obra: seis veces más control de pasaportes y el doble de filtros
La actuación toca prácticamente todos los flujos del aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. La zona de control de pasaportes multiplicará por seis su espacio actual, los filtros de seguridad duplicarán su superficie y la sala de llegadas triplicará su tamaño. Son los tres puntos donde el recinto nota antes la presión de agosto.
A eso se suma la ampliación de plataformas y aparcamientos y el desdoblamiento de la calle de rodaje, entre las dos pistas, para permitir el cruce simultáneo de aeronaves en lugar de encadenar esperas. Son obras de hormigón y asfalto, poco vistosas, que determinan cuántos aviones pueden moverse por hora en Málaga.
Sobre el papel, el aeródromo todavía tiene capacidad para absorber más de 36,5 millones de pasajeros anuales. El matiz importa: no es la infraestructura en su conjunto la que se queda corta, sino varios subsistemas que ya funcionan cerca de su límite. La ampliación se plantea precisamente para anticiparse a ese escenario y evitar que el crecimiento del tráfico convierta a Málaga en un cuello de botella para toda la Costa del Sol.
Siete años de obra en un aeropuerto que no puede perder ni un verano: ahí está la verdadera dificultad del proyecto malagueño.
Cómo se ejecuta la obra sin cerrar el aeropuerto ni un solo verano
El reto no es menor. En los picos de verano, el recinto supera los 100.000 pasajeros diarios y cualquier intervención mal planificada se traduce en colas, cancelaciones y equipajes apilados. La estrategia sobre el papel pasa por construir primero las nuevas instalaciones, trasladar después los flujos y solo entonces intervenir sobre las actuales. Todo por fases y con el aeropuerto operativo en cada una de ellas.
La inversión ya contemplada para el periodo 2027-2031 supera los 850 millones de euros, una cifra que se queda corta frente a los 1.500 millones que exige la actuación completa. Aena mantiene en marcha un plan de modernización de la red aeroportuaria española que ronda los 13.000 millones, según las cifras que maneja el gestor, y en el que Málaga figura entre las prioridades por volumen de tráfico, y por exposición turística.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto se mide en el bolsillo del viajero y en el tiempo de paso por el aeropuerto. Más filtros y más ventanillas de pasaportes significan menos colas en agosto, y una zona de llegadas tres veces mayor evita las escenas de maletas apiladas que se repiten cada temporada alta. La zona cero es la Costa del Sol: el aeropuerto concentra el pulso turístico de Andalucía y de buena parte del arco mediterráneo, con 42 países conectados solo en verano.
Un solo dato resume la operación: el 6,6% de crecimiento entre enero y agosto, hasta 19,3 millones de pasajeros, con jornadas por encima de los 107.000 viajeros. Ninguna infraestructura aguanta ese ritmo sin renovarse. El pulso interno está servido: Aena quiere exprimir la capacidad actual antes de invertir, los operadores turísticos presionan para que la obra no se retrase y los ayuntamientos de la costa miran el calendario con la temporada alta en la cabeza.
Hay un precedente que conviene recordar. Cada gran ampliación aeroportuaria española de la última década ha llegado acompañada del mismo debate sobre plazos: proyectos anunciados con solemnidad que se deslizan en la fase de redacción y licitación. Aquí el riesgo es idéntico, y el propio director del recinto lo asume al hablar de trámites pendientes. El siguiente hito verificable no es la obra, sino la licitación de los proyectos, todavía sin fecha pública. Si esa fase se retrasa, 2029 dejará de ser una fecha y volverá a ser una intención.




