José Sevilla no repetirá como presidente de Unicaja: abre la sucesión hasta 2027

El presidente agotará su mandato hasta abril de 2027 y será el consejo quien lidere un relevo que debe cerrarse en la próxima junta. Unicaja quiere una transición sin sobresaltos en pleno ajuste del ciclo de tipos.

José Sevilla no repetirá como presidente de Unicaja. El banco andaluz del IBEX 35 ha abierto la carrera por su sucesión después de que su máximo responsable haya trasladado al consejo de administración su decisión de no optar a la reelección, según han avanzado Expansión y El Confidencial.

La salida no será inmediata. José Sevilla agotará su mandato hasta abril de 2027, lo que concede a la entidad algo menos de siete meses para pilotar un relevo ordenado. Ese plazo marca el calendario interno: el nombre del próximo presidente debería conocerse en la junta ordinaria de accionistas que el banco convocará en la primavera del año que viene.

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El anuncio cierra una etapa de más de dos años al frente del banco andaluz. Sevilla comunica ahora al consejo que no dará el paso de repetir, y con esa decisión abre de forma formal la sucesión en una de las entidades medianas del IBEX 35. La entidad malagueña afronta así un relevo que su propio gobierno corporativo sitúa en la próxima primavera.

Un relevo que Unicaja quiere ordenado

La fórmula elegida es la menos traumática posible. Sevilla no dimite de forma inmediata, sino que agota su mandato y deja que sea el propio consejo quien diseñe la transición. La diferencia no es menor: evita el vacío de poder y da tiempo a la entidad para negociar con sus accionistas de referencia.

Los mecanismos de gobierno corporativo ya están en marcha. La comisión de nombramientos y retribuciones será la encargada de filtrar candidatos y elevar una propuesta al consejo, que después someterá el nombre a la junta. Como es habitual en estos procesos, el banco mantendrá informados al supervisor europeo y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores sobre el calendario del relevo.

La lógica de la entidad apunta a un perfil continuista, alejado de los giros bruscos y capaz de sostener la interlocución con el regulador y con los grandes accionistas. No en vano, el proceso llega en plena recta final de un ciclo de tipos que ha tensionado los márgenes y ha obligado a la banca a revisar cada euro de eficiencia.

Con todo, la pelota está en el tejado del consejo. Y el consejo tiene por delante una decisión que no admite improvisaciones: elegir a quien lidere el banco durante los próximos años sin romper la estabilidad que la propia entidad se ha esforzado en proyectar.

Sucesiones como esta se ganan o se pierden en los meses previos al anuncio, no en la junta que ratifica el nombre.

La sucesión reabre el tablero de la banca mediana

El relevo en Unicaja no es un asunto puramente interno. La entidad es una de las piezas del mapa de la banca mediana española, un segmento que vive bajo un doble mandato: ganar escala para competir con los grandes y, a la vez, preservar el arraigo territorial que le da sentido.

En ese contexto, cualquier cambio en la cúpula reabre una pregunta recurrente. ¿Es una simple sustitución de perfil o el primer paso hacia un movimiento corporativo mayor? Hoy no hay respuesta escrita, y quien afirme lo contrario está adivinando. Lo que sí se sabe es que el banco ha querido despejar el terreno con antelación para que la transición no se lea como una señal de debilidad.

El sector, en Europa, lleva tiempo moviéndose hacia la consolidación. Las entidades medianas son las que más notan la presión de los costes tecnológicos y de las exigencias regulatorias, y las que más dependen de una ejecución impecable para no quedarse atrás. En ese tablero, la presidencia de un banco no es un cargo decorativo: marca la relación con los accionistas, con el supervisor y con el resto del mercado.

El riesgo de una transición larga

Hay dos lecturas y conviene no quedarse con la primera. La optimista sostiene que anunciar un relevo con meses de antelación es la mejor prueba de madurez de un gobierno corporativo. La incómoda recuerda que una transición de casi siete meses deja a la entidad en un compás de espera: el presidente sigue en el cargo, pero ya no manda igual, y los mercados tienen por costumbre descontar el futuro antes que el presente.

Mi impresión es que Unicaja ha acertado con el método. Regalar tiempo al consejo es mejor que precipitar un nombre por ansiedad, y más en un sector donde una sucesión mal hilada se paga durante años. El riesgo, sin embargo, existe y tiene fecha: si el proceso se atasca y la junta llega sin un candidato sólido, la estabilidad que se pretende proyectar se convierte en su contrario.

La banca española ya vivió relevos así, algunos ordenados y otros que acabaron reabriendo batallas internas. La diferencia casi nunca estuvo en el anuncio, sino en la disciplina del consejo para cerrar la decisión a tiempo. El primer examen de Unicaja no llegará con la junta, sino antes: con los resultados anuales y con la primera señal pública sobre el perfil elegido. Ahí se verá si el banco controla su reloj o si es el reloj quien lo controla a él.


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