OQC ya tiene dirección en Barcelona. La compañía británica ha firmado el alquiler de la totalidad del edificio Nocco, en el número 62 de la calle Perú, para instalar su primer centro de computación cuántica en la Unión Europea. La operación ronda los 5.000 metros cuadrados y despeja la última incógnita de un proyecto que se anunció antes del verano: dónde iba a aterrizar.
El inmueble, situado en el barrio del Poblenou, dentro del distrito tecnológico 22@, cuenta con unos 4.855 metros cuadrados alquilables. OQC lo ocupará entero. No es un detalle menor. Que un solo inquilino se quede con todo un edificio rehabilitado dice bastante del tamaño de la apuesta.
El Nocco: de fábrica de encajes a centro cuántico
Nocco es el resultado de la rehabilitación de una antigua fábrica de tules y encajes, un inmueble cuyo origen se remonta a 1945. El proyecto, impulsado por Patrizia y Urban Input, distribuye la superficie en cuatro plantas alrededor de un patio privado de unos 400 metros cuadrados. Sus dos naves conservan grandes ventanales y elementos originales del pasado industrial. Cushman & Wakefield tiene encomendada su comercialización.
Es el tercer proyecto que Patrizia y Urban Input desarrollan juntos en el 22@, según la documentación difundida por la consultora. El distrito lleva años transformando su patrimonio fabril en espacios para empresas, y este es un caso de manual: una fábrica textil del siglo XX reconvertida en sede de tecnología de frontera. Cosas que pasan en Barcelona.
El futuro centro se llamará OQC Global Quantum Development & Manufacturing Centre y se dedicará al diseño, desarrollo y fabricación de ordenadores cuánticos. El programa contempla laboratorios, oficinas y una zona de ensamblaje e integración técnica, con aplicaciones en inteligencia artificial, finanzas, salud y energía.
92 millones, 210 empleos y una inyección pública de 46 millones
La inversión anunciada en junio asciende a 92 millones de euros y contempla la creación de 210 puestos de trabajo en cinco años. La operación cuenta además con una aportación de 46 millones de euros de Cofides a través del Fondo de Coinversión (FOCO). La cifra pública cubre la mitad del desembolso total, un dato que conviene retener.
Un solo inquilino para un edificio entero: la mejor prueba de que las tecnológicas ya pelean por cada metro cuadrado del 22@.
El proyecto ha contado con el respaldo de Barcelona & Partners, la agencia de atracción de inversiones de Barcelona Global, junto con la Generalitat a través de ACCIÓ, el Ayuntamiento mediante la Barcelona Investment Office y el Estado a través de Cofides. Cuatro administraciones empujando en la misma dirección.
OQC se fundó en 2017 y surgió de la Universidad de Oxford. Tiene su sede en Reading, Reino Unido, y desarrolla ordenadores cuánticos basados en superconductores. El calendario comunicado en junio situaba el inicio de su implantación en Barcelona en el cuarto trimestre de este año.

Lo que el alquiler dice del mercado de oficinas
La operación llega en un momento dulce para el mercado de oficinas barcelonés. El primer semestre de 2026 cerró con 195.000 metros cuadrados contratados. Solo entre abril y junio se alcanzaron los 100.600 metros cuadrados, un 3% más interanual, repartidos en más de 80 operaciones.
Las nuevas áreas de negocio concentraron más del 50% de la superficie contratada en el segundo trimestre. Además, el 70% de la contratación correspondió a edificios de calidad, lo que refleja la preferencia por espacios eficientes y adaptados. El sector tecnológico representó el 15% de la demanda, por detrás de la industria y los servicios profesionales.
La disponibilidad descendió hasta el 9,31%, mientras que la renta prime de Barcelona alcanzó los 31,75 euros por metro cuadrado al mes, un 2% más interanual. Está prevista la incorporación de 130.000 metros cuadrados de oficinas nuevas o rehabilitadas hasta diciembre de 2027, de los que aproximadamente la mitad ya cuenta con usuario final.
La apuesta cuántica se mide en metros cuadrados
España lleva años intentando colocar una ficha en el tablero cuántico y, hasta ahora, las noticias llegaban sobre todo desde el lado de la investigación, no del inmobiliario. Que una empresa británica alquile un edificio completo para fabricar ordenadores cuánticos cambia el registro. Ya no hablamos de un laboratorio universitario, sino de una planta de producción con clientes, plazos y facturación.
Barcelona no es la única ciudad que se ha movido. Bilbao, Madrid y Málaga compiten por atraer centros de datos y cómputo avanzado. Pero el 22@ tiene algo que las demás no siempre ofrecen: suelo industrial reconvertido, precios todavía razonables frente a otras capitales europeas y un ecosistema tecnológico ya consolidado.
Conviene decirlo con prudencia: la computación cuántica sigue siendo un negocio de futuro, no de presente. Nadie factura a gran escala con ella. Los grandes actores, IBM, Google, o IonQ, avanzan a base de hitos de laboratorio y promesas de ventaja comercial que se van postergando. La duda razonable es cuánto de este entusiasmo inversor resiste un ciclo de tipos altos y presupuestos públicos más ajustados.
Lo que sí está claro es que el inmobiliario tecnológico se ha convertido en un termómetro fiable de las apuestas industriales de un territorio. Cuando una administración pone 46 millones de dinero público encima de la mesa, no lo hace por casualidad. Lo hace porque espera retorno: empleo cualificado, patentes y, a medio plazo, una cadena de proveedores local.
Solo entre abril y junio, las nuevas áreas de negocio ya copaban más de la mitad de la superficie contratada en Barcelona. Que el sector tecnológico firme el 15% de esa demanda es una señal, no una garantía. El arranque oficial del centro está previsto para el cuarto trimestre de este año. Ahí sabremos si el papel se convierte en máquinas.




