El bono español a 10 años supera el 4%: vuelve a máximos de 2013 y encarece deuda e hipotecas

Los títulos estadounidenses a 30 años han llegado a tocar el 5,5% y arrastran al alza toda la curva europea. El encarecimiento de las emisiones del Tesoro presiona al alza la revisión anual de las hipotecas variables.

El bono español a 10 años ha rebasado el 4%, un nivel que no se veía desde 2013. La rentabilidad que el mercado exige al Tesoro en las últimas sesiones ha escalado hasta ese umbral, y con ella se encarece todo lo que financia el Estado: desde las nuevas emisiones de deuda hasta las hipotecas que se revisan cada año.

No es un fenómeno exclusivamente español. La presión sobre la deuda pública se ha extendido por el conjunto del mercado global y los inversores reclaman una compensación mayor por prestar dinero a los gobiernos. Los títulos estadounidenses a 30 años han llegado a tocar el 5,5%, según recogen las crónicas de mercado de estos días, y en Europa los rendimientos soberanos han subido en paralelo.

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El movimiento coloca a España en una situación incómoda. El país vuelve a pagar por financiarse como en los peores años de la crisis del euro, aunque el punto de partida macroeconómico no tenga nada que ver con el de entonces.

El 4% devuelve al Tesoro a la casilla de 2013

La última vez que el bono a 10 años cotizó por encima del 4% de forma sostenida fue en 2013, cuando España salía de la recesión y el rescate bancario aún estaba reciente. Entonces el mercado dudaba de la solvencia del Estado; hoy el detonante es otro. Lo que ha cambiado es el precio del dinero a escala global y la desconfianza de los inversores hacia la trayectoria fiscal de los grandes emisores.

Eso sí, la situación dista mucho del pánico de 2012. La prima de riesgo —el diferencial frente al bono alemán— se mantiene lejos de los 600 puntos básicos que marcó aquel verano, y el Tesoro sigue colocando cada subasta sin dificultades aparentes. El problema no es la capacidad de financiarse, sino el precio al que se hace.

El mercado no discute que España pueda pagar su deuda; discute a qué precio está dispuesto a prestarle durante la próxima década.

De la factura de la deuda a la cuota de la hipoteca

El primer efecto del 4% se nota en las arcas públicas. El stock de deuda del conjunto de las administraciones ronda los 1,6 billones de euros, según los últimos datos del Banco de España, y cada emisión que sustituye a un vencimiento antiguo se coloca a un interés más alto. El coste medio de la cartera sigue siendo bajo, pero sube cada año que pasa.

A esto se suma el calendario. El Tesoro tiene que refinanciar cada ejercicio una parte relevante de su cartera y colocar deuda nueva, y lo hace en un mercado que ya no cuenta con el BCE como comprador de última instancia. Cada subasta es, en la práctica, una prueba de precio.

El segundo efecto llega al bolsillo de las familias. El rendimiento del bono a 10 años marca la referencia del euríbor, y el euríbor determina la cuota de buena parte de las hipotecas variables. Cuando el bono sube, la revisión anual de esas hipotecas sube con él, con unos meses de retardo.

Las empresas tampoco se libran. El coste de financiación corporativa se apoya en la curva soberana: si el Estado paga más por prestarse, las compañías que emiten bonos o firman préstamos lo pagan también. El 4% fija el suelo del crédito en toda la economía, no solo en el mercado mayorista.

Los bancos, de hecho, son los primeros en notarlo. Las entidades fijan el precio de sus préstamos a partir de lo que les cuesta financiarse, y ese coste arranca en el rendimiento de la deuda soberana. Un bono al 4% empuja al alza los tipos de los nuevos créditos hipotecarios incluso antes de que el euríbor se mueva.

deuda pública España

Un mercado que pone precio a la política fiscal

Hay una lectura que conviene hacer sin alarmismo y otra que no debería ignorarse. La primera dice que un bono al 4% con una economía que crece por encima de la media europea es un ajuste de precio, no una señal de impago. La segunda avisa de que ese nivel ya no es un accidente coyuntural: responde a la retirada de los bancos centrales del mercado y a la mayor oferta de deuda que los Estados necesitan colocar.

El BCE ha dejado de comprar y los emisores siguen necesitando financiación masiva. El resultado es un mercado en el que el precio lo pone el inversor privado, y el inversor privado cobra más cuando el vendedor depende de él. España encaja en ese esquema como cualquier otro país endeudado, con la particularidad de que su deuda se ha disparado en la última década para sostener el gasto público.

Me parece que el debate fiscal español va a reordenarse a partir de ahora alrededor de una pregunta muy concreta: cuánto de cada presupuesto se irá en intereses. Cada décima que sube el rendimiento se traduce, con el tiempo, en miles de millones que no van a sanidad, educación, o infraestructuras. La cifra no llega de golpe, pero llega.

La próxima cita para comprobarlo está en las subastas del Tesoro de las próximas semanas y en el calendario de reuniones del BCE. Si las emisiones se colocan con holgura y el bono se estabiliza por debajo del 4,2%, el susto habrá sido un simple ajuste. Si el mercado sigue exigiendo más, la presión sobre las cuentas públicas y sobre las hipotecas de las familias será el tema económico del otoño.


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