Nueva York demanda a Polymarket por operar como casa de apuestas ilegal sin licencia

La fiscal general Letitia James y la gobernadora Kathy Hochul piden prohibir su actividad en el estado, obligarla a reembolsar a los usuarios y multarla con el triple de lo ganado. Polymarket defiende que opera como exchange federal de derivados y no como casa de apuestas.

Nueva York ha demandado a Polymarket. La fiscal general del estado, Letitia James, y la gobernadora Kathy Hochul presentaron esta semana una demanda contra la plataforma de mercados de predicción y la acusan de operar como una casa de apuestas sin licencia dentro del estado. Lo que pide el estado es concreto: prohibir su actividad, devolver el dinero a los usuarios perjudicados y pagar multas equivalentes al triple de las ganancias obtenidas.

Polymarket es una plataforma en la que los usuarios compran y venden contratos sobre si ocurrirá algo concreto: quién ganará unas elecciones, cuántos recortes de tipos habrá este año o cómo acabará una jornada deportiva. El precio de cada contrato funciona como una probabilidad en tiempo real. Eso es un mercado de predicción, un formato que ha crecido con fuerza en Estados Unidos y que ahora se topa con las leyes de juego de los estados.

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Por qué Nueva York considera que opera sin licencia

La investigación de la oficina de la fiscal general concluyó que estos mercados encajan en la definición legal de juego del estado: los usuarios apuestan dinero a resultados inciertos que no pueden controlar. Polymarket nunca solicitó licencia a la Comisión de Juego de Nueva York y, según la demanda, esquivó así los impuestos que sí pagan los casinos y las las casas de apuestas deportivas móviles con licencia. Esa recaudación financia escuelas públicas, programas deportivos juveniles y tratamientos contra la ludopatía.

El texto pone el foco, además, en la edad. La plataforma admite usuarios de entre 18 y 20 años, mientras Nueva York exige haber cumplido 21 para apostar en deportes desde el móvil. El estado describe el caso como una operación de apuestas ilegales, sin matices y sin atender al envoltorio tecnológico del producto.

James sostuvo que, al esquivar las leyes neoyorquinas, Polymarket ‘se dirige a los más vulnerables’. Hochul añadió que la compañía violó la norma ‘de forma consciente’ y puso en riesgo a usuarios menores de edad. El patrón se repite.

La demanda no discute si Polymarket acierta con sus predicciones, sino si puede cobrarlas: en Nueva York, apostar sin licencia es apostar fuera de la ley.

El choque de fondo: la CFTC contra los estados

Polymarket y su rival Kalshi rechazan la etiqueta de casa de apuestas. Defienden que son plataformas reguladas a nivel federal que ofrecen ‘contratos de evento’, una modalidad de derivado cuya supervisión correspondería a la CFTC —el regulador federal de derivados en Estados Unidos— y no a las leyes de juego de cada estado. Polymarket aterrizó en el país en diciembre de 2025, con apuestas deportivas como primer producto y un plan explícito de ampliar a todo tipo de temas.

La CFTC les da la razón y ha entrado en la pelea de su lado. En 2026 demandó a nueve estados alegando que le corresponde autoridad exclusiva en todo el país sobre esta industria. Nueva York no es el único frente.

Ahí está el nudo. Dos marcos legales que se pisan: el federal, que ve derivados; el estatal, que ve apuestas. Nadie ha resuelto todavía cuál manda.

La diferencia no es solo semántica. Un contrato de evento se negocia como un derivado: tiene precio, comprador, vendedor y una liquidación ligada a un hecho verificable. Una apuesta tradicional se define por lo contrario, porque hay una casa que fija cuotas y asume el riesgo. Polymarket no actúa como esa casa, sino como un mercado donde los usuarios se cruzan entre sí, y eso es precisamente lo que la plataforma esgrime ante los tribunales.

Análisis: una ofensiva que va más allá de Polymarket

Nueva York lleva meses moviéndose en esta dirección. El pasado julio, James y Hochul demandaron a Kalshi, el competidor directo. El pasado abril, la fiscal demandó a Coinbase y a Gemini con argumentos parecidos. Y a principios de este mes cerró un acuerdo de 8 millones de dólares con el principal operador de casinos de sorteos del estado, una modalidad de juego online con estructura de concurso y premios.

Leído en conjunto, el patrón es claro: el estado trata los productos cripto que se parecen al juego como juego, con independencia de cómo los empaquete la industria. La demanda de Nueva York contra Polymarket es defendible en términos de protección al consumidor y, al mismo tiempo, una fuente de inseguridad jurídica para cualquier empresa que quiera lanzar un producto financiero con estructura de apuesta. El sector lleva años pidiendo reglas claras; lo que está recibiendo, de momento, es un pleito tras otro.

El caso llega en un momento delicado para la regulación cripto en Estados Unidos. La SEC y la propia CFTC trabajan en paralelo en cómo encajar estos productos en el marco que ya existe, y cada decisión judicial añade una pieza a un mosaico que nadie ha dibujado entero. Ya ocurrió algo parecido con las apuestas deportivas online: tras el varapalo del Tribunal Supremo a la prohibición federal en 2018, cada estado acabó legislando por su cuenta y el mapa quedó hecho un patchwork.

Para el ahorrador español, la lectura práctica es limitada, pero sirve para entender hacia dónde va el sector: si los mercados de predicción acaban catalogados como juego, los estados podrán bloquearlos o gravarlos como a un casino; si se impone la tesis federal, funcionarán como un derivado más, con las reglas de la CFTC. La próxima cita es la respuesta de Polymarket ante el tribunal y el desenlace del pulso con los nueve estados. De momento, nadie ha movido ficha.


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