Frenazo a la IA: un billón de dólares de inversión en inteligencia artificial en riesgo

El FMI, la OCDE y el Banco Mundial sitúan el capex tecnológico en 775.000 millones hasta mayo y alertan de un riesgo triple. Los seis grandes emiten 216.000 millones en bonos entre enero y agosto, el doble que en 2025.

La economía mundial camina colgada de un chip. La inversión en inteligencia artificial superará el billón de dólares este año y se ha convertido en el salvavidas que sostiene el crecimiento global frente a los aranceles de Donald Trump y la guerra con Irán. El frenazo tecnológico es ya el principal riesgo sistémico. Y nadie tiene un plan B.

El capex tecnológico roza el billón y ya tira del PIB global

Según las estimaciones del Banco Mundial, el capex -el capital destinado a inversión- de Google, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle se situaba ya en 775.000 millones de dólares hasta mayo de este año. Es prácticamente el doble de lo destinado en todo 2025 y multiplica por cinco la cifra de 2023, cuando la primera versión de ChatGPT acababa de aterrizar en el mercado. La consultora McKinsey ampliaba el cálculo a la taiwanesa TSMC y a la estadounidense Nvidia: la inversión conjunta de ambas sumaba unos 750.000 millones a cierre del ejercicio pasado, y la estimación para este año apunta a superar el billón.

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Las instituciones internacionales coinciden. El FMI apuntaba en sus Perspectivas Económicas Mundiales de julio que la ralentización global refleja que los efectos de la guerra en Oriente Medio han sido ‘parcialmente compensados por la aceleración de la demanda en el ciclo tecnológico global’. La OCDE fue más lejos: el auge de las inversiones en tecnología ‘debería apoyar el crecimiento a corto plazo. La IA no es un sector más. Es el amortiguador de toda la economía.

El amortiguador tiene dueño y está en un puñado de países. Taiwán revisó al alza su previsión de crecimiento del PIB hasta el 11,5% por las exportaciones de hardware, y Estados Unidos, con un avance del 2,1% interanual en el primer trimestre de 2026 según el FMI, sigue siendo la pieza que decide el tablero.

El frenazo sacude las bolsas desde el Kospi hasta ACS y Solaria

La reacción de los mercados fue inmediata. El índice surcoreano Kospi, que según los analistas mide hoy más el apetito mundial por los chips de IA que la marcha de la economía coreana, se dejó llevar por el pánico. El Nasdaq neoyorquino cayó y se recuperó casi en la misma sesión. En España, los dos valores más expuestos a la cadena de valor de los centros de datos, la constructora ACS y la renovable Solaria, se desplomaron y, aunque han recuperado algo de aliento, cerraron la semana por debajo del precio de siete días antes.

El departamento de análisis del Bank of America quitó hierro al asunto. En una nota de mercado, sostuvo que más que un colapso se produjo una ‘rotación’ entre títulos. ‘A nuestro juicio, si los laboratorios que lideran la tecnología más puntera creen que la IA es lo suficientemente potente como para representar una amenaza existencial, entonces también debe serlo para resolver algunos de los mayores problemas de la humanidad’, escribían los analistas, que recomendaban a sus clientes una ‘exposición alcista’. El consenso, sin embargo, no descarta el escenario contrario.

burbuja IA bolsa

Una economía colgada de un puñado de compañías, con el ahorrador expuesto y el crecimiento dependiente de esa inversión, no soporta un frenazo.

El riesgo triple y encadenado que el mercado aún no descuenta

La investigadora principal para Economía y Tecnología del Real Instituto Elcano, Judith Arnal, resume el problema con una metáfora que conviene tomarse en serio: la economía está ‘colgada de un chip’, lo que configura un riesgo ‘triple y encadenado’. Índices bursátiles que dependen de un puñado de compañías, ahorradores minoristas cada vez más expuestos a ellas, y un crecimiento que necesita que esa inversión continúe sin interrupción. Es, en mi lectura, el diagnóstico más preciso que se ha puesto sobre la mesa esta temporada.

El primer eslabón es el más visible. Las tecnológicas ya no financian su capex con la caja que generan. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y Nvidia emitieron 216.000 millones de dólares en bonos entre enero y agosto, el doble que en todo 2025. Esa deuda traslada el riesgo a los acreedores justo cuando financiarse sale más caro: la Reserva Federal ha vuelto a subir tipos y el bono estadounidense a 10 años ronda el 5%. El Banco Internacional de Pagos, presidido por el exgobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos, subraya que los inversores exigen cada vez mayores compensaciones por estos títulos.

Hay un cálculo que resume la tensión. Entre enero y agosto, los bonos de esas seis compañías equivalen al 35% de lo que el Tesoro de Estados Unidos ha subastado a 10, 20 y 30 años, cuando en 2024 apenas llegaban al 1%. Compiten por el mismo ahorro que unos Estados que ya se financian a rentabilidades crecientes. Ahí está la contradicción que muchos analistas prefieren no mirar: la IA no es solo una apuesta tecnológica, es también una apuesta de crédito. Y en el crédito, los nombres no son intercambiables.

El segundo eslabón es el estadounidense. Según la Reserva Federal de San Luis, la inversión ligada a la IA ha llegado a explicar cerca del 40% del crecimiento del país. El verdadero riesgo no es que se gripe el motor productivo, sino el ‘efecto riqueza’: los hogares estadounidenses tienen la mitad de sus activos financieros en acciones. Un crack bursátil no sería un titular. Sería una pérdida patrimonial directa sobre millones de familias.

Y luego está la paradoja que nadie quiere verbalizar. Anthropic prepara una salida al Nasdaq para octubre con la que pretende captar 100.000 millones de dólares y alcanzar una valoración cercana a los 2 billones, según el Wall Street Journal. Quien lidera el movimiento para ralentizar la carrera, su consejero delegado Dario Amodei, es el mismo que prepara la mayor operación bursátil del año. Arnal lo interpreta sin ingenuidad: ‘Decir que tu producto es tan potente que hay que frenarlo es el mejor anuncio posible en pleno debate sobre la burbuja’. Hay otros incentivos: autorregularse antes de que llegue la ley y fijar estándares que a los pequeños les costará cumplir. OpenAI ya ha descartado debutar este año.

En España, el salvavidas no ha aterrizado con la misma fuerza. Las inversiones en centros de datos se multiplican por la geografía nacional, atraídas por la energía renovable barata, y el Gobierno trabaja junto a compañías como Santander o ACS para implantar una de las gigafactorías de IA de la Unión Europea. El país sigue siendo un eslabón secundario de la cadena de valor. Si acaba convertido en pieza clave o no depende del freno y de si el flotador se desinfla. La próxima cita que puede mover el relato es la salida a bolsa de Anthropic, prevista para octubre.

Veredicto Merca2

Cotización al cierre o apertura: ACS y Solaria cerraron la semana por debajo del nivel de siete días antes, después de desplomarse en la estela del frenazo. El Nasdaq y el Kospi surcoreano lograron recuperarse de las pérdidas del lunes; los dos valores españoles aún no han vuelto a la cota previa al susto.

Clave técnica: El mercado de bonos manda ahora. Las seis grandes tecnológicas emitieron 216.000 millones en deuda hasta agosto, el 35% de lo subastado por el Tesoro estadounidense a 10, 20 y 30 años. Si el bono a 10 años consolida por encima del 5%, el coste de refinanciar ese capex sube y la prima de riesgo de todo el sector se ensancha.

Apunte macro: España sigue fuera de la primera línea del tablero. El Gobierno negocia con Santander y ACS una de las gigafactorías de IA de la UE, pero la inversión tecnológica global se concentra en Estados Unidos, Taiwán (PIB previsto del 11,5%) y Corea del Sur. Un frenazo golpearía al IBEX por la vía de los valores de infraestructura y renovables, no por la del software.


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