La refinería estatal polaca Orlen perdió unos 424 millones de dólares después de pagar por adelantado un crudo venezolano que nunca llegó a sus instalaciones. El pago, de 230 millones de dólares, se realizó en USDT, la stablecoin del emisor Tether, que busca mantener paridad con el dólar. Las entregas se hicieron, según el Financial Times, en memorias USB dentro de hoteles y restaurantes de Caracas.
Un pago de 230 millones en USDT que se quedó sin petróleo
El 5 de enero de 2024, un intermediario entró en el Hotel El Ávila de Caracas con una memoria USB que contenía unos 60 millones de dólares en USDT. El dinero procedía de la filial suiza de Orlen, que había accedido a pagar por adelantado un cargamento de petróleo venezolano. Ese crudo nunca apareció.
El acuerdo se cerró en Abu Dabi en noviembre de 2023, durante el Gran Premio de Fórmula 1. El responsable de Orlen Trading Switzerland conoció allí a un operador de Hong Kong de 25 años. El 29 de noviembre firmaron la compra de seis millones de barriles de Merey 16, un crudo pesado venezolano más barato que el de referencia. En cinco días, Orlen envió 230 millones de dólares sin garantías ni respaldo bancario.
Ningún directivo de la matriz en Varsovia exigió un aval bancario ni una garantía firme antes de autorizar la transferencia. Esa decisión convirtió un riesgo comercial latente en un agujero patrimonial de 424 millones de dólares.
De Abu Dabi a Caracas: así se usó Tether para esquivar las sanciones
Las sanciones de Estados Unidos contra PDVSA —la petrolera estatal de Venezuela— bloquearon el acceso al sistema bancario en dólares. Por eso, el dinero se convirtió a USDT y viajó a través de intermediarios en Dubái. Más de 132 millones de dólares en USDT se entregaron después en hoteles y restaurantes de Caracas, literalmente USB a USB. En una conversión de 135 millones de dólares, la parte polaca solo recuperó 85 millones; los otros 50 millones siguen retenidos en un tribunal de Emiratos Árabes Unidos.
Seis buques tanque alquilados esperaron frente a las costas venezolanas durante meses. Se marcharon vacíos o vendieron la carga a otros compradores. Solo el coste del envío rondó los 72 millones de dólares. PDVSA, citada por Reuters, aseguró que no asignó ninguna carga a Orlen ni a sus intermediarios porque no había recibido el pago.
El problema no fue la stablecoin: fue entregar 230 millones a desconocidos sin ninguna garantía y esperar a que el petróleo apareciera.
El 7 de agosto, la fiscalía de Varsovia acusó a tres antiguos directivos de no proteger 1.500 millones de zlotys —unos 378 millones de dólares— en activos de la empresa. Se enfrentan a penas de hasta 25 años de prisión.
La lección no es de cripto: es de gobernanza
Hay quienes señalarán a Tether o a las criptomonedas como responsables del desastre. La lectura de esta redacción es distinta. El USDT fue el instrumento elegido para esquivar las sanciones, pero el dinero ya estaba comprometido mucho antes. Orlen aprobó una transferencia de 230 millones de dólares a contrapartes casi desconocidas, sin aval bancario y sin un control corporativo serio. Eso es un error de gobernanza empresarial en una compañía controlada por el Estado polaco, no un fallo del mercado cripto.
De hecho, no es la primera vez que Venezuela recurre a stablecoins para mover dinero del petróleo fuera del radar de Washington. Ya en abril de 2024, antes de que se conocieran estos detalles, medios cripto informaban de que el régimen de Nicolás Maduro estaba utilizando Tether para sortear sanciones. Lo que hace singular este caso es que una empresa pública europea acabó dentro de ese circuito opaco, con pérdidas que no dependieron de la volatilidad de bitcoin, sino de la ausencia de controles internos.
Quedan flancos abiertos. Los 50 millones retenidos en Emiratos Árabes podrían recuperarse o no, y la investigación polaca tendrá que aclarar cuánto se debió a negligencia y cuánto a una posible estafa. Lo que parece claro a mediados de septiembre de 2026 es que el caso Orlen deja una advertencia para cualquier empresa que utilice cripto como vía de pago internacional: la tecnología no sustituye al control financiero.




