Rallo alerta: EEUU, Francia y Japón disparan su deuda pública a máximos de décadas

El economista desgrana cómo Estados Unidos, Francia y Japón elevan su déficit público mientras los tipos de interés marcan máximos de décadas. Un círculo vicioso que, advierte, terminará pagándolo el ciudadano.

Juan Ramón Rallo lanza una advertencia directa en su último análisis publicado en YouTube: la deuda pública de Estados Unidos, Francia y Japón está atrapada en una espiral en la que gobiernos cada vez más endeudados pagan tipos de interés más altos y, en lugar de frenar el déficit, lo alimentan con nuevas promesas de gasto y recortes de ingresos. Es, según el economista, un suicidio fiscal a escala global.

En un vídeo anterior alertó de que la deuda ardía. Ahora, un mes después, la tendencia se ha agravado. El tipo de interés de la deuda estadounidense a 10 años ha pasado del 4,6% al 5% anual, el de la francesa del entorno del 4% al 4,5% y el de la japonesa del 2,8% al 3%. Son niveles que, como recuerda Rallo, no se veían desde hace décadas.

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La consecuencia directa de ese encarecimiento de la financiación se nota ya en las facturas de intereses. Según los datos que cita el analista, el Tesoro estadounidense pasó de pagar 970.000 millones de dólares en gasto en intereses en 2025 a 1,1 billones en 2026, un 15% más. Francia vio crecer su carga en un 24%, desde 51.600 millones hasta 64.000 millones de euros. Y Japón experimentó un incremento idéntico, con un gasto en intereses que superó los 13 billones de yenes frente a los 10,5 billones del año anterior.

El ‘dividendo Trump’ y el riesgo fiscal de Estados Unidos

Rallo centra su critica en un anuncio hecho durante la Convención Republicana de mitad de mandato en Dallas. Donald Trump prometió un ‘dividendo Trump’ consistente en un cheque de 5.000 dólares por ciudadano si los republicanos retienen ambas cámaras en las elecciones de noviembre. El coste estimado de esa promesa: unos 1,3 billones de dólares, cerca del 4% del PIB estadounidense.

No es una cifra menor. El déficit público de Estados Unidos ya ronda el 6,7% del PIB y la deuda federal acaba de superar los 40 billones de dólares. Sumar un estímulo de semejante magnitud, en un contexto de deuda creciente y tipos al alza, es lo que el economista describe como echar más leña al fuego.

Además, Rallo recuerda que el argumento de que el cheque se pagaría con cargo a los aranceles no cambia la matemática fiscal: el dinero es fungible y si el gasto total sube sin que los ingresos totales crezcan, el déficit se dispara. Y hay un efecto de segunda ronda preocupante. Los cheques expansivos de la era Covid, tanto de Trump como de Biden, contribuyeron al repunte inflacionario que obligó a la Reserva Federal a subir los tipos con agresividad. Repetir ese patrón, advierte el analista, podría forzar nuevos aumentos del precio del dinero y encarecer todavía más la financiación del Tesoro.

‘No pueden dejar de gastar, pero si no dejan de gastar, cada vez están más asfixiados financieramente.’

— Juan Ramón Rallo

Francia da por imposible su objetivo de déficit

Mientras tanto, en Francia la situación no es más alentadora. El primer ministro compareció el pasado viernes para anunciar dos malas noticias. La primera: la previsión de crecimiento para 2026 se recorta del 0,7% al 0,5%, con una economía que lleva dos trimestres sin expandirse y que bordea la recesión. La segunda: el objetivo de reducir el déficit público al 5% del PIB ya no es alcanzable.

Lo que más preocupa a Rallo no es la cifra en sí, sino el reconocimiento de impotencia. No se trata de que el Gobierno francés apueste por el gasto público por convicción keynesiana, sino de que admite que no es capaz de controlar sus cuentas. Con una deuda pública cercana al 120% del PIB y veinte años de objetivos de déficit incumplidos, la agencia de calificación prevé para este año un déficit del 5,2% y del 5,5% para el próximo. La respuesta al aumento de la factura de intereses no ha sido austeridad, sino más desequilibrio. Y en el ambiente político francés, apunta el analista, empieza a sobrevolar una idea que califica de alquimia fiscal: quemar, o impagar, la deuda pública que está en manos del Banco Central Europeo.

Japón encadena otro récord presupuestario

En Japón el guion se repite. El 4 de septiembre, el Ministerio de Finanzas publicó las peticiones presupuestarias de los ministerios para el ejercicio 2027: 143 billones de yenes, unos 800.000 millones de euros. Es el cuarto año consecutivo de récord histórico, un 17% más que el presupuesto inicial de 2026, y una cifra superior a la registrada durante la pandemia.

El aumento se concentra en defensa, en una categoría de nueva invención denominada ‘inversión en crecimiento’ orientada a la inteligencia artificial y los semiconductores, y en la partida de intereses que no deja de crecer. Pero la otra pata del programa japonés es una rebaja fiscal: el 5 de agosto el Gobierno aprobó reducir el impuesto al consumo sobre los alimentos del 8% al 1% durante dos años, con un coste anual de unos 5 billones de yenes. Una rebaja de ingresos que, sin recorte de gasto, se financia con más deuda y se traduce en impuestos futuros, sostiene Rallo.

Un cóctel que empobrece al ciudadano

La lectura de Rallo es contundente. Los tres gobiernos comparten un patrón: deuda elevada, déficit desbocado y coste de financiación en máximos. Ninguno opta por sanear sus cuentas. Al revés, todos amplían el agujero. Eso retroalimenta los tipos de interés, eleva la factura de intereses y debilita los precios, con consecuencias que no se limitan a estos países. Unas finanzas públicas globales desordenadas, advierte el analista, terminan repercutiendo sobre la inflación y el coste del crédito para todos. El ciudadano medio no vota esos presupuestos, pero paga sus consecuencias: mayor empobrecimiento y menos margen para políticas sociales reales.

¿Estamos ante un punto de no retorno fiscal? Rallo no lo descarta, aunque deja una puerta abierta a que la promesa de Trump quede en nada, como tantas otras. En Francia y Japón, sin embargo, el descontrol ya es una realidad ejecutada. La pregunta que plantea el análisis es incómoda: si los gobiernos no pueden dejar de gastar aunque el mercado les cobre cada vez más caro ese capricho, ¿quién pagará el ajuste cuando la paciencia de los inversores se agote? Probablemente no los que firman los cheques.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

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