Marc Murtra pide a Bruselas una constelación de satélites europea y defensa sin complejos. El presidente de Telefónica lanzó el mensaje ante empresarios catalanes, según Expansión, con un argumento central: proteger la democracia.
La intervención de Murtra en un foro empresarial de Cataluña no se limitó a una declaración de intenciones. El directivo animó al tejido productivo catalán a convertirse en agente activo de la transformación industrial, según recoge la nota difundida por la propia Telefónica.
El núcleo tecnológico de su propuesta es una infraestructura orbital que reduzca la dependencia de proveedores externos. El Periódico apunta que Murtra reclamó a Europa desarrollar su propia constelación de satélites para no depender de Elon Musk y su red Starlink.
Ese llamamiento se produce en un contexto de tensión geopolítica creciente y de debate abierto sobre la financiación de la defensa en la Unión Europea. Murtra no es el primer ejecutivo español que pide más inversión militar, pero sí uno de los pocos presidentes de una gran teleco que lo plantea como requisito para proteger la democracia.
La industria de defensa catalana, según los datos que circulan en el entorno sectorial, cuenta con capacidades en electrónica, ciberseguridad y comunicaciones. Sin embargo, su peso en los presupuestos públicos sigue lejos de los grandes polos europeos.
La soberanía digital ya no se mide solo por los cables submarinos, sino por quién controla la capa orbital.
Una constelación europea para no depender de terceros
La idea de una constelación propia no es nueva, pero sí urgente. La Unión Europea ya impulsa el programa IRIS², una red de satélites de órbita baja que aspira a estar operativa en 2027. Murtra pide acelerar ese calendario y sumar al sector privado con un papel protagonista.
Las constelaciones de órbita baja, como Starlink o OneWeb, han cambiado las reglas del juego. Reducen la latencia y permiten cobertura en zonas remotas. Quien controle esa capa orbital tendrá una palanca de influencia en las comunicaciones civiles y militares.
Para una operadora como Telefónica, el interés es doble. Por un lado, la compartición de infraestructura con un operador satelital europeo le permitiría llevar banda ancha a zonas sin fibra. Por otro, le daría un papel en los contratos de defensa y seguridad que Bruselas empieza a desplegar.
Defensa sin complejos: el giro industrial que pide Telefónica

La expresión ‘sin complejos’ no es casual. Murtra la repitió ante los empresarios catalanes para reclamar un cambio de mentalidad en el tejido productivo español. Su tesis: la defensa no es un sector ajeno a las telecomunicaciones, sino un cliente y un socio tecnológico de primera magnitud.
El presidente de Telefónica puso el foco en la necesidad de que Cataluña desarrolle una industria de defensa competitiva. La comunidad cuenta con universidades, centros tecnológicos y empresas de componentes, pero hasta ahora ha evitado posicionarse de forma abierta en este ámbito.
Esa ambigüedad, en opinión de algunos analistas del sector, responde más a razones políticas que técnicas. Países como Alemania o Francia llevan décadas integrando a sus telecos en programas de defensa. España, en cambio, llega tarde y con una base industrial fragmentada.
Autonomía estratégica: más que un lema, una carrera contrarreloj
El debate de fondo es si Europa puede permitirse delegar su soberanía digital en operadores privados no europeos. Murtra lo plantea como una cuestión de democracia. Los datos de la guerra en Ucrania, donde Starlink ha jugado un papel clave en las comunicaciones, alimentan esa preocupación.
En ese escenario, la posición de Telefónica tiene una dimensión estratégica. La empresa presidida por Murtra participa en proyectos europeos de ciberseguridad y 5G, pero su peso en la industria de defensa es aún testimonial. Dar el salto exigiría inversiones sostenidas y una alineación clara entre Gobiernos y sector privado.
Yo creo que el llamamiento de Murtra tiene más de diagnóstico que de programa. Pide velocidad, capital y marco regulatorio. Sin las tres piezas, la constelación europea seguirá siendo un proyecto de salón. Y el tiempo, en defensa, no es un lujo.
El precedente de Galileo sirve de advertencia. El sistema de navegación europeo tardó dos décadas en alcanzar plena capacidad operativa. La constelación de satélites que propone Murtra no puede permitirse un calendario similar si quiere acortar distancias con Starlink.
La cita de Murtra con los empresarios catalanes deja una pregunta abierta: cuántas compañías estarán dispuestas a colocar la defensa en el centro de su estrategia. La respuesta se verá en los próximos presupuestos comunitarios.




