Santander, BBVA y 19 bancos lanzan un consorcio para emitir una stablecoin en 2027

El proyecto arrancará con una stablecoin en dólares, cumplirá los marcos de la GENIUS Act y de MiCA, y priorizará el euro. BBVA mantiene su apuesta por Qivalis, el consorcio europeo de dinero digital en euros.

La banca tradicional acelera su entrada en el dinero programable. Santander, BBVA y otros 19 grandes bancos internacionales crearán una compañía para emitir una stablecoin en dólares durante la primera mitad de 2027, una criptomoneda diseñada para replicar el valor del billete verde sin la volatilidad típica del mercado.

Una stablecoin funciona como un dólar digital con respaldo. Cada unidad emitida cuenta con reservas equivalentes custodiadas por el consorcio, de modo que el precio se mantiene anclado a la moneda fiduciaria. El comunicado precisa que la sociedad se constituirá durante el segundo semestre de 2026, con la primera emisión prevista para la primera mitad de 2027.

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La regulación es el otro pilar del anuncio. El proyecto cumplirá los requisitos de la GENIUS Act, la norma estadounidense que da cobertura legal a las stablecoins respaldadas por dólares, y de MiCA, el reglamento europeo de criptoactivos. El arranque será en dólares; el euro figura como prioridad inmediata dentro de la expansión al resto del G7.

El uso previsto mezcla lo mayorista con lo minorista. Los bancos hablan de pagos transfronterizos, liquidación de activos digitales y operativa en mercados institucionales, mayoristas y minoristas. Dicho de otro modo: la banca prepara un carril de pagos con la apariencia del depósito clásico, pero con la trazabilidad de una blockchain pública.

Cuando el consorcio menciona blockchains públicas, no está pensando en sistemas cerrados. La emisión podrá circular por redes abiertas, sin depender de un operador central para cada transferencia. Para infraestructuras como Solana, acostumbrada a liquidar stablecoins a escala, la señal es doble: validación institucional y más volumen potencial.

Un consorcio que reúne a Santander, BBVA, Goldman Sachs y Citi

El proyecto ya existía en fase exploratoria. En octubre de 2025, Santander se unió a Bank of America, Barclays, BNP Paribas, Citi, Deutsche Bank, Goldman Sachs, MUFG, TD Bank y UBS para estudiar un dinero digital respaldado por reservas. Entonces eran diez bancos; hoy son 21 instituciones.

La banca no está persiguiendo una criptomoneda especulativa: está construyendo un carril de liquidación con reglas claras y saldo respaldado por reservas.

Santander y BBVA juegan cartas distintas en Europa

A la lista se suman BBVA, Fidelity Investments, Wells Fargo, Capital One, Crédit Agricole, Lloyds, Rabobank, Scotiabank y WisdomTree. Barclays y BNP Paribas, presentes en la primera tanda, ya no figuran entre los participantes, un detalle que confirma que el reparto de fuerzas en la banca internacional está lejos de cerrarse.

La entrada de BBVA tiene una lectura estratégica inmediata. El banco español también participa en Qivalis, el consorcio bancario europeo creado para emitir una stablecoin denominada en euros y regulada bajo MiCA. Qivalis cuenta con 37 instituciones financieras de 15 países europeos; entre sus miembros españoles están BBVA, CaixaBank, ABANCA, Banco Sabadell, Bankinter, Cecabank y Kutxabank.

Santander no forma parte de Qivalis. El banco se mantiene fiel al proyecto internacional que arrancará por el dólar y, además, participa en otras iniciativas de dinero tokenizado como Fnality o Project Agorá. Son apuestas mayoristas con fondos depositados en bancos centrales, no stablecoins al uso.

Por qué importa para Solana y para el euro

La mención explícita a blockchains públicas es el dato que más interesa al ecosistema de Solana. La red ya se ha convertido en uno de los canales preferidos para mover stablecoins con costes bajos y liquidación rápida. Que 21 gigantes bancarios validen ese tipo de infraestructura es un espaldarazo institucional difícil de ignorar.

Para un usuario de Solana, la llegada de una stablecoin bancaria no exige comprar una criptomoneda nueva. Bastaría con que esa moneda estable se pudiera mover por la red para que los pagos heredados encontraran un atajo: menos fricción, liquidación casi instantánea y apuntes en un libro mayor transparente.

El otro frente es el euro. MiCA ya ofrece un marco regulado para stablecoins en Europa, y la coexistencia de un consorcio global con un proyecto como Qivalis amplía la competencia por el dinero tokenizado. El riesgo es la fragmentación: si cada bloque bancario lanza su propia moneda, la interoperabilidad entre redes y carteras no estará garantizada.

La primera stablecoin del consorcio se espera para la primera mitad de 2027. Para entonces, el verdadero examen no será solo regulatorio: será comprobar en qué blockchain pública deciden liquidar los bancos y qué papel reservan a redes como Solana. También habrá que vigilar la política de comisiones y los límites operativos, porque la banca suele priorizar el control antes que la apertura radical.


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