Hubo un tiempo, no hace mucho, en que Typeform era una de las grandes estrellas del ecosistema tecnológico español. Sus formularios interactivos conquistaron a gigantes de todo el mundo y convirtieron a la firma barcelonesa en un codiciado “unicornio”, es decir, una empresa valorada en más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, la evolución de Typeform no ha sido sencilla. De hecho, para sobrevivir y alcanzar la rentabilidad, la matriz española de la compañía ha tenido que dejar de ser, en gran medida, española.
Typeform empezó a crecer con fuerza durante la etapa de la pospandemia, aunque, como ocurre con muchas startups, este crecimiento vino acompañado de unas enormes necesidades de capital. En 2021, la sociedad registró unas pérdidas netas cercanas a los 17 millones de euros. Un año después, en 2022, el agujero financiero se hizo todavía más profundo, hasta alcanzar unos números rojos de 32,67 millones de euros. La compañía quemaba caja a una velocidad vertiginosa para sostener su expansión.
En un primer momento, esto no supuso un gran problema, porque el dinero barato fluía con facilidad. Pero el escenario cambió pocos años después y obligó a Typeform a ejecutar un giro de timón sin contemplaciones. Los resultados fueron inmediatos: en 2023, la empresa logró regresar a la senda de los beneficios, con unas ganancias de alrededor de cuatro millones de euros. En 2024, el beneficio alcanzó los 8,71 millones de euros, una cifra récord.
¿Qué esconde el ‘éxito’ de Typeform?
La rentabilidad de Typeform se ha cimentado principalmente sobre un duro ajuste estructural. En noviembre de 2022, la dirección comunicó a la plantilla su intención de iniciar un despido colectivo (ERE) por, según las propias cuentas, “razones económicas y organizativas”. La compañía justificó este movimiento después de realizar “un análisis cuidadoso de las circunstancias actuales de la empresa y el mercado”.
Pero hay algo más que una simple reconversión de la plantilla. También se ha producido una progresiva “desespañolización” de las operaciones. A finales de 2021, la empresa contaba con 284 empleados asalariados en España. Al cierre de 2024, esa cifra se había desplomado hasta los 113 empleados. Es decir, la sede barcelonesa ha perdido alrededor del 60% de su fuerza laboral en apenas tres años. Un ajuste que, además, ha dejado cicatrices legales: la memoria de 2024 reconoce que la sociedad afronta “varios litigios presentados por antiguos empleados” que reclaman compensaciones.
En realidad, lo que está ocurriendo con Typeform es que el centro de gravedad de la compañía ha cruzado fronteras. Mientras los despidos se sucedían en Barcelona, la factura que Typeform paga a sus propias filiales en el extranjero no ha dejado de crecer. En 2024, la empresa matriz pagó 23,82 millones de euros a Typeform US (Estados Unidos), Typeform UK Ltd (Reino Unido) y Typeform DE GmbH (Alemania) en concepto de “recepción de servicios”.
En la práctica, Typeform sigue contratando y creciendo, pero buena parte del empleo de alto valor y de las operaciones se está desplazando lejos del distrito 22@ de Barcelona, hacia polos anglosajones y centroeuropeos.
Typeform no ha podido resistirse a los encantos de Delaware
Este aspecto también se aprecia al analizar las cifras de ingresos. Acostumbrada a registrar crecimientos explosivos —su facturación aumentó un 47% en 2021 y un 39% en 2022—, la cuenta de resultados de 2024 muestra un frenazo considerable. El importe neto de la cifra de negocios de la sociedad española se situó en 83,43 millones de euros, lo que supone un modesto avance interanual de apenas un 4%.
Pero la realidad es que Typeform no ha dejado de crecer. La facturación de la entidad española es inferior a lo que cabría esperar porque se produjo el “traslado durante 2024 de los ingresos de clientes con sede en América del Norte de nuestra entidad Typeform, S.L. a nuestra entidad Typeform US, L.L.C.”.
Esta decisión supone un punto de inflexión estratégico para Typeform. La matriz española está cediendo voluntariamente uno de sus mercados más lucrativos —Estados Unidos representó más de 35 millones de euros de su facturación en 2024— a su filial con sede en la ventajosa jurisdicción de Delaware.
La mecánica, según explica la propia compañía, consiste en “recontratar a los clientes en el momento de la renovación” directamente con la empresa estadounidense. Esto irá vaciando progresivamente a la entidad de Barcelona de una de sus principales vías de ingresos futuros y la relegará, en buena medida, a una función de gestión de clientes del resto del mundo.
¿Typeform como entidad financiera?
El último pilar de los beneficios récord de Typeform aparece como una anomalía. Y es que una parte importante de estos resultados no procede de sus ventas de software, sino de su gestión financiera, especialmente de la rentabilidad obtenida con su elevada posición de caja.
En 2022, la compañía llevó a cabo dos grandes ampliaciones de capital, generando una inyección de fondos que dejó una prima de emisión de más de 75 millones de euros. Ese flujo de capital, unido al férreo control de costes aplicado durante los últimos años, ha engordado la caja hasta alcanzar 95,5 millones de euros en efectivo e inversiones a corto plazo de gran liquidez. Gracias a ello, el resultado financiero de la sociedad alcanzó los 6,57 millones de euros, principalmente por los intereses cobrados.
En otras palabras: en 2024, de los 10,3 millones de euros de beneficio antes de impuestos que logró Typeform, casi dos tercios procedieron de tener su dinero depositado en el banco e invertido en activos líquidos, mientras que solo alrededor de un tercio procedió de la venta de su tecnología.
El caso de Typeform ilustra a la perfección el ciclo de vida de algunas de las grandes promesas tecnológicas europeas. Detrás de unos números que, sobre el papel, ya impresionan, se esconde una realidad diferente: la operativa de Typeform está cada vez más vinculada a Estados Unidos, mientras Barcelona pierde peso como centro de actividad de la compañía.




