Exfuncionarios de la SEC y la CFTC piden reglas más ligeras para atraer a EE. UU. los futuros perpetuos cripto, un mercado de billones. La propuesta llega mientras las agencias revisan derivados, custodia y ofertas de activos digitales, con la valoración total del sector en torno a 2,5 billones de dólares.
La disputa no es nueva. En junio, la SEC y la CFTC abrieron un periodo de comentarios sobre la definición de swaps, swaps basados en valores y productos novedosos o emergentes. La pregunta de fondo es tan práctica como incómoda: dónde empieza y termina la jurisdicción de cada agencia cuando se trata de contratos perpetuos vinculados a criptomonedas.
Los futuros perpetuos, conocidos como perps, permiten mantener una exposición continua al precio de un activo sin fecha fija de vencimiento. Su popularidad ha crecido sobre todo fuera de Estados Unidos. La falta de un marco local claro ha alimentado la sensación de que la regulación estadounidense empuja una actividad lucrativa hacia plataformas extranjeras.
Según Kalshi, plataforma de mercados de predicción que empezó a ofrecer perps cripto a principios de este año, la negociación offshore de perpetuos superó los 90 billones de dólares en 2025. Son unos 62 billones más que los 28 billones de dos años antes. Para dar una escala, la cifra multiplica por más de treinta la valoración actual de todo el ecosistema cripto.
La carta la firman exreguladores de los dos partidos, como el expresidente de la CFTC Chris Giancarlo, los excomisionados Brian Quintenz y Sharon Brown-Hruska, el excomisionado de la SEC Steven Wallman y el execonomista jefe de la SEC Chester Spatt. Todos coinciden en que las reglas no deben acumular costes adicionales para las empresas que ya operan dentro de Estados Unidos.
La regulación no puede eliminar la demanda: solo decide si la actividad se supervisa dentro o se escapa fuera.
El peso de los futuros perpetuos en el extranjero
Giancarlo sostiene que el mercado offshore ‘no es un misterio por resolver’, sino una actividad que espera un marco estadounidense sensato. Calibrar las normas según el riesgo real, en lugar de aplicar la carga máxima, permitiría que la liquidez regresara al país. Cada año de espera, advierte, dificulta ese retorno.
La carta firmada por los exfuncionarios insiste en que instrumentos con riesgos similares deberían recibir un tratamiento regulatorio similar. También reclama que las reglas superpuestas no sumen costes de cumplimiento innecesarios para las empresas que operan dentro de Estados Unidos.
Parece una obviedad, pero no lo es.
Una carta con matices y actores conocidos
Aunque el documento está patrocinado por Kalshi, los exfuncionarios aseguran que no recibieron compensación y que la empresa no influyó en el contenido final. La plataforma contrató al bufete Bellementis PLLC para ayudar en la redacción. La composición bipartidista importa: ni la SEC ni la CFTC tienen actualmente representantes de los dos partidos.
Los incentivos, también.
La propuesta no pide desregular los derivados cripto. Plantea un principio sencillo: que el nivel de exigencia se corresponda con el riesgo real del producto. En la práctica, eso significaría un trato distinto para un contrato líquido de bitcoin en grandes volúmenes que para un producto menos transparente o más apalancado.

Custodia y lo que Estados Unidos se juega
La disputa sobre derivados coincide con la revisión de las normas de custodia para asesores de inversión y empresas de inversión. La semana pasada, la SEC envió una reescritura planificada a la OIRA, la oficina de revisión regulatoria de la Casa Blanca, aunque el texto todavía no se ha hecho público.
El asunto afecta a los asesores de inversión, que deben recurrir a custodios cualificados sujetos a estándares estrictos de salvaguarda y contabilidad. Por ahora no está claro qué empresas podrían calificar como custodios de criptomonedas ni qué requisitos tendrían que cumplir. La iniciativa Reg Crypto de la SEC llegó oficialmente al Registro Federal y quedó abierta a comentarios públicos hasta el 20 de octubre.
La orientación actual aleja a la SEC de la regla amplia que propuso durante la presidencia de Gary Gensler, descartada el año pasado por la agencia bajo la presidencia de Paul Atkins. En paralelo, la CFTC participa en el debate sobre la frontera entre swaps, valores y productos emergentes.
La historia reciente ofrece un precedente que conviene recordar. La aprobación en 2024 de los primeros ETF al contado de bitcoin demostró que una vía regulada puede atraer miles de millones en liquidez institucional. Antes, la quiebra de FTX en 2022 había recordado el coste de operar sin supervisión clara, sobre todo para los clientes minoristas.
En este caso, la tensión es doble. Proteger a los inversores sin imponer cargas que terminen trasladando la actividad fuera vuelve a poner a prueba a las agencias. Se mueve, cambia de dominios y deja menos herramientas al regulador cuando algo falla.
Lo que no se supervisa no desaparece.
La señal política también existe. En agosto, el presidente Donald Trump dijo que el presidente de la CFTC, Michael Selig, trabaja para llevar a Estados Unidos a Hyperliquid, una plataforma extranjera de referencia en el mercado de perps. No se han detallado las condiciones regulatorias de esa eventual operación.
La regulación estadounidense entra así en una etapa decisiva. La mayoría de los firmantes tiene claro que una norma demasiado costosa puede desplazar la negociación sin eliminar los riesgos. Cada año de espera dificulta el retorno de la liquidez.
La prisa importa.




