6El radar de tramo de la C-32 en Pineda de Mar (Barcelona)
El radar de tramo de la C-32 a su paso por Pineda de Mar no pertenece, en rigor, a la remesa de cinemómetros con la que la DGT ha anunciado que empezará a multar el 1 de septiembre: ese lote se reparte entre Soria, Segovia y Albacete. El dispositivo del Maresme depende del Servei Català de Trànsit (SCT), que gestiona su propio plan de control de velocidad, y su interés radica en la estadística de la comarca: la N-II y la propia C-32 concentran los radares más sancionadores de la zona. Solo el fijo de Alella, en la misma autopista, impuso 6.774 denuncias y recaudó 171.470 euros durante 2024, según los datos recopilados por la Guardia Civil. El de tramo, que calcula la velocidad media entre dos puntos del trazado para penalizar tanto el exceso sostenido como las frenadas bruscas, extiende esa vigilancia a un corredor de alta densidad de tráfico estival y de paso obligado hacia la Costa Brava.
La relevancia de este radar se explica por el historial de la vía, que Trànsit considera uno de sus focos de preocupación. El SCT intensificó en enero de 2025 los controles en la C-32 tras contabilizar cinco fallecidos en 2024 y detectar un aumento «preocupante» de heridos graves, en palabras de su director. La autopista figura entre las diez vías interurbanas con más siniestralidad de España: solo en 2023 acumuló 331 accidentes, según datos de la DGT. Para frenar esa tendencia, el organismo incorporó seis nuevos radares móviles que se despliegan en 150 puntos de máxima accidentalidad, con presencia destacada en la C-32 durante las tardes y los fines de semana, y concentró además los cinemómetros fijos en las carreteras con peor balance. El tramo de Pineda se sitúa así en el centro de esa estrategia de vigilancia reforzada.



