Rovi y Moderna avanzan con éxito en vacunas contra el cáncer: el socio español, en el centro del negocio

El ensayo contra el melanoma de Moderna y MSD reduce a la mitad el riesgo de recaída a cinco años. La compañía española Rovi fabricará parte de la producción de vacunas personalizadas de ARN mensajero.

La búsqueda de una vacuna terapéutica contra el cáncer tuvo un entierro prematuro en 2014, cuando Merck abandonó tecemotide tras cientos de millones invertidos. Hoy, Moderna y Rovi reabren esa puerta con los datos del ensayo contra el melanoma.

De Biomira a la alianza Moderna-Rovi: un giro de décadas

Biomira, una pequeña biotecnológica canadiense, patentó a finales de los años 90 una molécula llamada tecemotide. Buscaba activar el sistema inmune contra MUC1, una proteína sobreexpresada en varios tumores. Era la promesa de una vacuna terapéutica contra el cáncer.

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Merck compró el producto en 2007 y lanzó un ensayo en cáncer de pulmón con más de 1.500 pacientes. Los resultados finales de 2012 apenas superaron al placebo, pero un subgrupo ofreció algo de esperanza. La apuesta doble o nada terminó en 2014 con el abandono del desarrollo clínico.

Ese fracaso no mató la idea. La irrupción de la inmunoterapia y de las vacunas de ARN mensajero cambió las reglas.

Fármacos como pembrolizumab, nivolumab, e ipilimumab abren el tumor al sistema inmune. Las plataformas de ARN mensajero permiten secuenciar el tumor y fabricar vacunas personalizadas con decenas de antígenos.

Moderna, MSD y el melanoma que enciende las expectativas

El ensayo de Moderna y MSD contra el melanoma, con la vacuna Intismeran, administra junto a pembrolizumab hasta tres decenas de neoantígenos por paciente. Un estudio previo en 157 pacientes redujo a la mitad el riesgo de reaparición del tumor a cinco años.

La vacuna personalizada ya no es una promesa de laboratorio: tiene datos de recaída a cinco años.

BioNTech ha puesto en fase 3 al menos cuatro moléculas contra cánceres de pulmón, próstata, cabeza y cuello, y mama. Sus fundadores hablaron en 2022 de una vacuna para 2030 y cerraron un acuerdo con el sistema de salud de Inglaterra para ensayar en 10.000 pacientes.

El Reino Unido apostó por secuenciar el genoma de 100.000 personas con enfermedades raras y cánceres para impulsar esta medicina personalizada.

El precio, la otra barrera para el negocio de Rovi

La compañía española Rovi fabricará parte de la producción de vacunas de ARN mensajero contra el cáncer. El movimiento coloca a su planta en el centro de un negocio que promete, pero que arrastra un precedente incómodo.

vacunas contra el cáncer ARNm

Sipuleucel-T, aprobada en 2010 para el cáncer de próstata metastásico, costaba más de 90.000 dólares por paciente. Su precio la relegó en cuanto aparecieron alternativas más sencillas. La lección es obvia: una terapia excelente puede morir en el cajón si no encuentra un modelo industrial sostenible.

En el caso de Rovi, la fabricación en España no es un detalle cosmético. La proximidad industrial y el coste de producción pueden definir el acceso europeo a estas terapias. Moderna no fabricará estas vacunas en cualquier planta; la elección de Rovi sugiere capacidad y confianza.

Creo que el negocio tiene una contradicción estructural: la personalización extrema eleva la complejidad y el coste, mientras que la oncología pública europea exige precios por paciente asumibles. Si no se resuelve, el avance clínico se traducirá en una cartera limitada de pacientes.

El primer hito real llegará con los datos de fase 3 de BioNTech y Moderna. Entonces se verá si el precio habla el mismo idioma que la eficacia.


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