Aena presenta la gran remodelación del aeropuerto de Ibiza al Consell y a los agentes sociales

El proyecto adapta la terminal a las normas europeas de seguridad y no incrementa la capacidad del campo de vuelos. La última gran obra se ejecutó entre 2008 y 2013.

Aena ha presentado esta mañana al Consell de Ibiza y a los agentes sociales la remodelación del aeropuerto de la isla, un proyecto orientado a adaptar la terminal a las normativas europeas y que mantendrá intacta la capacidad del campo de vuelos. La ejecución está prevista a partir de 2030.

El encuentro reunió en la isla a la cúpula directiva de Aena: el vicepresidente ejecutivo Javier Marín, la directora general de Aeropuertos Elena Mayoral, la directora de Planificación Sonia Corrochano, el director de Operaciones Rafael Fernández Villasante y la directora del aeropuerto Marta Torres. Ante el presidente del Consell, Vicent Marí, y representantes de la Mesa de Diálogo Social, Fomento del Turismo, ayuntamientos y la Mesa de Movilidad, Aena desgranó los detalles de un proyecto que lleva años gestándose.

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La normativa europea obliga a modernizar la terminal sin tocar el campo de vuelos

El motivo de fondo es doble. La entrada en vigor del control de fronteras europeo y los nuevos requisitos de seguridad impiden mantener los controles en puerta de embarque. Las aglomeraciones de las últimas temporadas altas son la prueba visible de que la terminal se ha quedado pequeña. Aena lo asume: más superficie para resolver los flujos Schengen y no Schengen, no más vuelos.

Las actuaciones principales son concretas. Se incorporarán sistemas automatizados de seguridad de última generación que permitirán mantener líquidos y dispositivos electrónicos en el equipaje de mano. Se construirá un nuevo dique destinado exclusivamente a vuelos fuera del espacio Schengen, con control centralizado de pasaportes. Y se renovará la sala de embarque hasta alcanzar 32 puertas.

El proyecto contempla además ocho nuevas pasarelas de embarque. Hoy solo el 25% de los vuelos en temporada alta embarca por pasarela; tras la remodelación, Aena prevé elevarlo al 75%. Es un salto que cambia la experiencia del pasajero sin modificar el número de despegues y aterrizajes. La operativa interislas, clave para los residentes, tendrá zona diferenciada en la sala de embarque y accesos adaptados con rampas y ascensores.

La dirección de Aena insiste en un matiz que en Baleares se escucha con atención. El aeropuerto no genera demanda turística, solo la canaliza. La isla necesita conectividad para los residentes y calidad de servicio para los visitantes. El encuentro se cerró con un clima de cordialidad que no disimula el pulso de fondo: ampliar la terminal sin abrir la puerta a más vuelos. Las reglas han cambiado.

Aena amplía la terminal sin ampliar la operación: es la respuesta regulatoria a una isla que necesita más calidad de servicio y menos presión sobre el espacio aéreo.

La última gran remodelación del aeropuerto se ejecutó entre 2008 y 2013. Los parámetros de diseño de entonces han quedado superado. El proyecto actual actualiza metros cuadrados por pasajero, moderniza servicios asociados y amplía la oferta comercial. Cosas de la normativa europea.

Más superficie, mismas operaciones: la lectura estratégica

El Consell de Ibiza y la Mesa de Diálogo Social han escuchado por primera vez el detalle del proyecto. Aena sabe que la tramitación de una infraestructura estratégica en Baleares exige mucho más que un expediente. La promesa de no tocar el campo de vuelos es el argumento principal ante los colectivos que vigilan cualquier aumento de la presión turística. Los ayuntamientos de la isla y Fomento del Turismo se alinean en la necesidad de modernizar. Nada más lejos.

El impacto para el pasajero será directo. Los nuevos controles de seguridad eliminarán la obligación de sacar líquidos y dispositivos electrónicos del equipaje de mano en el arco de seguridad. Las ocho pasarelas reducirán el embarque en remoto a una anécdota. La puntualidad mejorará, según Aena, al separarse los flujos Schengen y no Schengen. Lo notará tanto el residente que vuela a Palma como el turista que llega en agosto.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto se mide en tres planos. El primero es regulatorio: sin esta inversión, el aeropuerto de Ibiza no podría cumplir los requisitos europeos de seguridad y fronteras. El segundo es operativo: las aglomeraciones se resuelven con más superficie, no con más vuelos. El tercero es político: Aena necesita el respaldo del Consell y de los agentes sociales para tramitar una infraestructura que marca el futuro de la isla. La zona cero es evidente: Ibiza y, por extensión, el conjunto de Baleares y su modelo turístico.

El pulso entre los actores se moverá en un terreno delicado. Aena presenta el proyecto como una respuesta normativa, no como una ampliación de capacidad. El Consell de Ibiza lo acoge con cordialidad, pero vigila que la isla reciba el mismo trato que los grandes aeropuertos peninsulares. Los empresarios turísticos quieren agilizar la tramitación; los colectivos que cuestionan la masificación observan con recelo cualquier cambio. La lectura a cinco años es clara: Aena se dota de infraestructura para que Ibiza no pierda posicionamiento en la batalla global por el turismo de calidad. El precedente de la remodelación de 2008-2013 demuestra que estas obras se ejecutan con margen temporal y que el debate público se intensifica conforme se acercan las obras. El próximo hito será la evaluación del proyecto por parte del Ministerio de Transportes y su encaje en el plan inversor de Aena.


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