Stablecoins remesas más baratas: el Banco de Italia demuestra que no

El banco central italiano envió 200 dólares en USDC a través de diez corredores reales y detectó costes de entre el 0,3% y el 9% según la ruta. La conversión a moneda local, no la cadena de bloques, explica la mayor parte del gasto.

El Banco de Italia ha puesto a prueba las stablecoins (criptomonedas que intentan mantener un valor estable, normalmente atadas al dólar) como vía para abaratar las remesas y el resultado no confirma la promesa. Un experimento real con USD Coin (USDC), la stablecoin emitida por Circle, detecta costes de entre el 0,3% y el 9% del importe enviado según la ruta.

Las remesas no son un asunto menor: millones de personas migrantes envían cada mes parte de su salario a sus familias. Un coste del 9% significa que de cada 100 euros, nueve se quedan por el camino en comisiones, conversión y retirada de efectivo.

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Qué ha medido el Banco de Italia

El banco central italiano diseñó un estudio de mystery shopping (compra simulada) para comprobar si las criptomonedas estables cumplen lo que prometen. Envió 200 dólares en USDC a través de diez corredores reales que conectaban Italia con Argentina, Brasil, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y Japón. La conclusión es clara: las stablecoins no ofrecen una ventaja de coste sistemática sobre los canales de remesas tradicionales.

Los costes totales de cada transferencia se movieron entre el 0,3% y casi el 9% del importe enviado. Una horquilla amplísima que, por cierto, incluye el objetivo de Naciones Unidas de situar el coste medio de las remesas por debajo del 3% para 2030. Ni los bancos ni las stablecoins garantizan hoy esa meta.

Para entender de dónde salen esos números, el estudio dividió cada envío en cinco fases: depositar fondos en una cuenta de un exchange, es decir, una plataforma de compraventa de criptomonedas; convertir a USDC; transferir por la cadena de bloques; convertir de nuevo a moneda local; y retirar efectivo en destino. La parte que transcurre dentro de la cadena de bloques apenas representó un 0,4% del coste total de media. Dicho de otro modo, el problema no está en la cadena de bloques, sino en todo lo que ocurre antes y después.

Dónde se encarecen las transferencias con USDC

Las principales fuentes de gasto fueron el depósito de fondos, la conversión de moneda y el retiro. Son pasos que todavía dependen de bancos y exchanges, no de la cadena de bloques. La stablecoin viaja barata, pero entrar y salir del sistema cuesta.

Las stablecoins no eliminan los intermediarios: trasladan el coste a los bancos y exchanges que siguen tocando cada conversión de moneda local.

Un caso de Emiratos Árabes Unidos a Italia lo muestra con crudeza. El remitente no tenía opción de transferencia bancaria para financiar la operación y tuvo que pagar con tarjeta de crédito. Esa tarjeta añadió una comisión del 3,8% y llevó el coste total a casi el 9%. El plástico mandó.

El Banco Mundial calcula que el coste medio global de una remesa ronda el 6,4%. En el experimento, las stablecoins resultaron más baratas que los canales tradicionales en todos los corredores analizados, salvo el de Emiratos Árabes Unidos. Al comparar USDC con Wise, el operador de transferencias, las stablecoins fueron más baratas en tres rutas y más costosas en otras cuatro. En velocidad tampoco hubo ventaja clara: con Pix en Brasil o TIPS en la zona euro, una stablecoin se liquidó en menos de veinte minutos. En Sudáfrica, sin esa infraestructura, tardó entre uno y dos días hábiles, igual que una transferencia bancaria convencional.

USDC remesas internacionales

Regulación y cuentas pendientes de las stablecoins

El estudio también repasa las normas globales. Menciona MiCA, el reglamento europeo para emisores de criptoactivos, como uno de los marcos más completos. Circle, la empresa que emite USDC, sigue siendo el principal emisor de stablecoins que cumple con la regulación europea, según una revisión relacionada del mercado cripto.

Sin embargo, la regulación estricta también introduce costes. El Banco de Italia observó que en en Japón las normas empujaron a algunos usuarios hacia wallets no reguladas (monederos digitales fuera del circuito supervisado) en lugar de reducir la demanda. Si unas reglas de entrada más flexibles cerrarían esa brecha es todavía una pregunta abierta para los supervisores.

El matiz no es menor. Durante años, parte del discurso cripto ha vendido las stablecoins como el fin de las comisiones abusivas en remesas. Este experimento con dinero real aporta una foto más fiel: una stablecoin se comporta como un billete digital que cruza fronteras sin escalas, pero cuando el destinatario quiere convertirlo en su moneda local aparece una ventanilla que cobra. Ese último tramo sigue en manos del sistema financiero tradicional.

También conviene recordar que el Banco Mundial cifra el promedio global en el 6,4%, lejos del objetivo del 3% de la ONU para 2030. Las stablecoins podrían ayudar a reducir ese porcentaje si los emisores y exchanges compiten en comisiones y si los receptores pueden gastar USDC directamente. De momento, sin embargo, el coste de entrada y salida se come la ventaja teórica de la cadena.

La pregunta que deja abierta el Banco de Italia no es técnica, sino regulatoria. ¿Puede un marco como MiCA abaratar el acceso sin sacrificar protección? La experiencia japonesa sugiere que normas estrictas no siempre amplían el uso del sistema, solo lo desplazan. Hasta que esa ecuación se resuelva, comparar stablecoins y bancos seguirá dependiendo del país concreto, del exchange elegido y de la forma de retirar el dinero.

La conclusión de fondo importa a cualquiera que envíe dinero al extranjero. Las stablecoins prometían una vía rápida y barata porque eliminan intermediarios internacionales. La promesa se cumple solo a medias: el coste no desaparece, se desplaza hacia los puntos de entrada y salida del sistema fiduciario. La infraestructura de pagos de cada país manda más que la criptografía.


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