Consumo gazpacho salmorejo se dispara un 15,2% y alcanza 85 millones de litros

La caída de precios y la demanda de platos frescos impulsan la recuperación tras dos años de descensos. La distribución refuerza su apuesta por los lineales de frío en pleno verano.

El consumo de gazpacho y salmorejo envasados creció un 15,2% y superó los 85 millones de litros. La caída de los precios y la demanda de platos frescos han devuelto la categoría al crecimiento tras dos años de descensos. El verano concentra el grueso de las ventas de un segmento que busca consolidar su recuperación.

El dato, difundido por Financial Food a partir del panel de consumo alimentario, supone un giro de tendencia relevante. La categoría venía de dos ejercicios con caídas de volumen, y ahora registra una subida de doble dígito. No es un repunte anecdótico: el volumen supera la barrera de los 85 millones de litros, una cota que no se alcanzaba desde antes del inicio del retroceso.

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El doble motor del rebote

El primer motor es el precio. Los fabricantes ajustaron tarifas tras dos años de inflación de costes, y el consumidor ha respondido con una mayor rotación en el lineal. La caída de los precios no es uniforme en toda la categoría, pero sí lo bastante visible como para reactivar la demanda en un producto de compra frecuente durante el verano. El gazpacho, plato tradicional de la dieta mediterránea, ha consolidado su formato envasado con una propuesta de conveniencia difícil de replicar.

El segundo motor es la demanda de frescos y formatos rápidos. Gazpacho y salmorejo encajan en la tendencia de consumo ligero, refrigerado y de preparación inmediata que gana terreno. De hecho, los platos preparados elevan sus ventas un 5% en verano, según los datos sectoriales que recoge Valencia Fruits. Los dos platos fríos crecen muy por encima de esa media, lo que confirma que no se trata solo de un efecto estacional, sino de un cambio en las preferencias de compra.

El redondeo al 15% que hace EFEAgro confirma que no se trata de un error estadístico. La subida es real en litros, no solo en porcentaje. Y llega justo cuando la distribución refuerza la presencia de estas categorías en en los lineales de frío.

El verano como termómetro del consumo

La estacionalidad manda. El consumo de gazpacho y salmorejo se concentra entre junio y septiembre, con picos en julio y agosto. Un verano caluroso amplifica la demanda, pero este año el factor diferencial ha sido la combinación de precios templados y mayor apetito por platos ligeros.

El consumidor nunca abandonó el gazpacho: esperó a que el precio volviera a tierra para reincorporarlo a la cesta.

La comparación con el conjunto de los platos preparados es elocuente. Mientras la categoría general avanza un 5% en verano, el gazpacho y el salmorejo lo hacen al triple de ritmo. Es una señal de que el consumidor no ha dejado de comprar esta categoría; simplemente esperaba un precio más razonable para volver a llenar la nevera.

Por qué importa más allá del estío

La recuperación de este segmento tiene una lectura industrial clara. La industria alimentaria española mueve decenas de millones de litros en refrigerados, y el gazpacho es una de las categorías con mayor capacidad de arrastre en el pasillo de frío. Cuando esta categoría crece, sostiene volúmenes de producción, empleo estacional y márgenes de los fabricantes medianos que no tienen alternativa en otras gamas.

Eso no significa que el riesgo haya desaparecido. La demanda sigue siendo muy sensible al precio, y una remontada de los costes de hortalizas —especialmente tomate y pepino— podría frenar la recuperación antes de que termine el año. La asignatura pendiente no es el volumen, sino la fidelidad del consumidor fuera del pico estival. Si la categoría logra sostener una parte del crecimiento en otoño, la recuperación dejará de ser un fenómeno de verano.

El hito a vigilar se sitúa en el cierre del ejercicio, cuando se publiquen los datos de consumo de los meses fríos. Ahí se comprobará si el regreso es estructural o solo estacional.


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