Trump pierde agarre en el GOP: el miedo a las elecciones midterm EE.UU. dispara las alarmas

La cadena estadounidense analiza una gira de campaña en estados rojos, la presión sobre las reservas de diésel europeas y el aviso de que la IA puede desestabilizar la banca.

Donald Trump ha vuelto a la carretera. A poco más de un mes de las elecciones midterm EE.UU., el presidente encadena mítines en Oklahoma, Texas y otros bastiones republicanos mientras su partido, según Bloomberg Television, se prepara para defender terreno que hasta ahora daba por seguro. La gira, presentada en el programa Balance of Power como un gesto poco habitual, funciona como termómetro de la ansiedad que recorre al GOP.

Trump se vuelca en los bastiones rojos

La cadena estadounidense describió una agenda de campaña que se aleja de los estados bisagra y se concentra en territorios fiables. Trump y el vicepresidente han sumado paradas en Tennessee, Alabama y Ohio, y el presidente cerró jornada en Texas acompañando a Ken Paxton, su candidato al Senado por ese estado. Kate Sullivan, corresponsal de Bloomberg en la Casa Blanca, señaló que ese despliegue refleja la inquietud de un partido que teme perder incluso plazas históricamente rojas.

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La corresponsal apuntó a los frentes que están erosionando al presidente: una aprobación baja, la gestión de la economía, la guerra con Irán, el precio de la gasolina, la política migratoria y las redadas masivas de deportación, además del malestar local por la construcción de nuevos centros de datos. El propio Paxton, según recogió The New York Times, habría criticado el impacto del evento de mitad de mandato de Trump en su campaña y en la de otros republicanos inmersos en carreras ajustadas.

El tercer portaaviones y el reloj de Irán

El programa saltó de la campaña al teatro militar. El Pentágono ha ordenado el desplazamiento de un tercer portaaviones hacia Oriente Medio, el Theodore Roosevelt, con hasta 10.000 efectivos adicionales que se sumarían a los dos grupos ya desplegados en la región. La llegada está prevista para finales de noviembre, es decir, después de los comicios.

Trump ha declarado públicamente que podría reanudar los ataques contra Irán una vez pasadas las elecciones y, según Bloomberg, ya rechazó una propuesta iraní de alto el fuego de siete días. La lectura de la cadena es que la Casa Blanca quiere mantener abiertas todas las opciones militares mientras el calendario electoral avanza, sin comprometerse a nada antes de la cita con las urnas.

Los republicanos están jugando a la defensiva y la gira por estados rojos refleja la ansiedad que recorre todas las candidaturas del partido.

— Kate Sullivan, Bloomberg Television

Diésel caro y la presión sobre las reservas europeas

En el frente energético, Bloomberg puso el foco en el precio del diésel, que cotizaba en torno a 6,38 dólares, un nivel que el programa calificó de histórico. Según uno de los reportes citados en emisión, el secretario de Energía, Chris Wright, habría pedido a la Unión Europea que libere 120 millones de barriles de diésel en 180 días para amortiguar la escalada y evitar una eventual prohibición de las exportaciones estadounidenses.

El representante comercial James Greer defendió en la misma cadena que el encarecimiento responde a un pico puntual y sostuvo que los europeos, con precios aún más altos que los estadounidenses, deberían echar mano de sus reservas. La petición llega mientras varios países europeos celebran conversaciones de emergencia sobre combustible y la Casa Blanca presiona para aliviar la tensión en los precios.

Refinerías al límite y el riesgo de cerrar la válvula

El exsecretario de Energía Dan Brouillette advirtió en el programa que prohibir las exportaciones de diésel sería un error grave. Su argumento es técnico: de un barril de crudo salen a la vez gasolina, diésel y otros derivados, de modo que frenar la salida del diésel obliga a almacenar el excedente; cuando ese espacio se agota, la producción se recorta y el precio de la gasolina acaba subiendo.

Brouillette añadió que la capacidad de refino estadounidense opera en torno al 98% de utilización, con poco margen para crecer, y que a ese cuello de botella se suman la salida del mercado ruso por la guerra en Ucrania y la posibilidad de que China aplique restricciones a la exportación de productos refinados. Sobre Irán se mostró cauto con el plazo de dos semanas que maneja el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aunque coincidió en que el bloqueo naval está funcionando: las importaciones iraníes se habrían reducido a la mitad en apenas unas semanas.

La IA y el dinero que se mueve solo

El último tramo del programa cambió de tercio. Bloomberg presentó la advertencia de un economista de primer nivel sobre el efecto que la inteligencia artificial podría tener en la banca: si los consumidores pueden mover su dinero con más facilidad en busca de mejores rendimientos, la competencia por los depósitos se vuelve mucho más volátil.

Travis Hill, presidente de la agencia federal de garantía de depósitos, discutió en directo si esa dinámica puede convertirse en un riesgo para la estabilidad del sistema bancario. La conversación, planteada como pregunta abierta, dejó sobre la mesa un dilema regulatorio que apenas empieza a debatirse en Washington.

El contexto: una campaña que se decide en el bolsillo

Ninguno de los frentes que abordó Bloomberg es nuevo, pero su coincidencia en el tiempo es lo que explica la inquietud. La guerra con Irán sostiene el precio del diésel, el diésel alimenta la inflación de los carburantes y esa inflación presiona a un electorado que vota en noviembre. La Casa Blanca intenta cortar la cadena por el lado de la oferta, con presión sobre las reservas aliadas y con opciones militares que no se concretarán antes de la cita electoral.

En paralelo, el dinero se ha convertido en el eje del ciclo. La conversación sobre la IA y los depósitos conecta con una preocupación más amplia por la movilidad del ahorro y por la recaudación demócrata, mientras los mercados energéticos dudan de que los flujos en el estrecho de Ormuz se sostengan sin una escolta naval permanente. El propio Brouillette lo resumió con una idea sencilla: el mercado no mira solo cuántos barriles pasan, sino cuánto tiempo podrán seguir pasando así.

Qué significa esto para el lector

Para quien sigue la política estadounidense desde fuera, el mensaje de Balance of Power es que el Trump y el GOP afrontan la recta final sin el margen de comodidad que suele acompañar a un partido con la Casa Blanca en el bolsillo. Un presidente que campaña en estados rojos no está ampliando el mapa: está tapando grietas. Y cada grieta tiene un precio concreto en la vida diaria del votante, ya sea en el surtidor, en la factura eléctrica de un centro de datos o en la hipoteca que depende de cómo se muevan los depósitos bancarios.

Hay además una dimensión de mercado que conviene no perder de vista. Las decisiones sobre reservas estratégicas, prohibiciones de exportación o despliegues navales dejan de ser asuntos técnicos cuando se acercan unas elecciones: se convierten en señales. La petición europea de liberar diésel, el tercer portaaviones rumbo al Golfo y la advertencia sobre la IA en la banca son tres piezas de un mismo relato sobre la capacidad de la administración para controlar los precios y la estabilidad financiera. Si alguna de esas piezas falla antes del 3 de noviembre, el coste político lo pagarán las candidaturas que hoy aparecen junto al presidente.

Lo que Bloomberg deja claro es que nadie en el programa se atreve a apostar por un resultado. La corresponsal en la Casa Blanca no sabe si la presencia de Trump ayuda o perjudica a los candidatos; el exsecretario de Energía no sabe si Irán aguantará dos, tres o cuatro semanas; y el regulador bancario no sabe todavía si la inteligencia artificial será una molestia operativa o un riesgo sistémico. En una campaña donde todas las respuestas están aplazadas, la única certeza es el calendario.

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