La inteligencia artificial no solo necesita datos y electricidad; también está devorando los semiconductores del planeta. La fiebre de la IA ha disparado la demanda de microchips de memoria hasta tal punto que otros sectores —del automóvil a la medicina— se quedan sin suministro, y el consumidor ya siente el golpe en el bolsillo.
La IA y el acaparamiento de memorias
Según el informativo económico de DW Español, las empresas de inteligencia artificial están absorbiendo los chips disponibles para alimentar sus enormes centros de datos mientras grandes tecnológicas como Microsoft, Apple o HP presionan al Gobierno estadounidense para que intervenga, relató la corresponsal financiera Ana Nieto. La consecuencia es una escasez que ha llegado a cuadruplicar el precio de ciertos semiconductores en apenas un año.
La situación genera listas de espera en productos que dependen de estos componentes y distancia cada vez más a quienes pueden pagar cualquier precio de quienes no. “Las empresas tras los centros de datos pueden pagar lo que sea por estos chips, pero otros negocios no”, explicó Nieto. El desequilibrio se traslada directamente al consumidor, que ya ha visto cómo Apple anunció subidas de precios en junio, pero el impacto no se limita a los teléfonos: las reparaciones más caras están encareciendo también las primas de seguros de automóviles y las videoconsolas.
El contragolpe en los precios: del móvil al seguro del coche
Nieto detalló que los precios al alza ya se reflejan en la inflación general del país. La escasez de microchips afecta a la industria automotriz, a los equipos médicos y a cualquier aparato que requiera memoria. Cada reparación sale más cara y esos costes se van filtrando al seguro, al precio final del vehículo y a la cesta de bienes del ciudadano medio. Las listas de espera no solo retrasan la compra de un móvil nuevo; en el ámbito sanitario, la falta de chips amenaza la producción de desfibriladores y equipos de diagnóstico, sumando una preocupación sanitaria a la factura económica.
Washington, bajo presión para repartir los chips y levantar fábricas
Para tratar de aliviar la dependencia exterior, el Gobierno federal aprobó la Ley de Chips y Ciencia, que inyecta subsidios multimillonarios en la construcción de plantas de semiconductores. Pero, como subrayó Ana Nieto, el papeleo y la escasez de personal cualificado dilatan unos calendarios que de por sí se miden en lustros. Mientras esas factorías no estén operativas, la presión se centra en lograr una redistribución inmediata del suministro y en respaldar a los fabricantes locales para que la cadena no se rompa.
“Las empresas tras los centros de datos pueden pagar lo que sea por estos chips, pero otros negocios no. Y cuando se tiene que hacer el que termina pagando es el consumidor”.
— Ana Nieto, corresponsal financiera de DW en Nueva York
El telón de fondo es una iniciativa bautizada como Pax Silíca, con la que Estados Unidos y sus aliados —la Unión Europea se sumó en junio y Argentina también— pretenden asegurarse los minerales críticos que alimentan la industria de semiconductores. Litio, cobre, tierras raras… son la nueva obsesión geopolítica. El gobierno de Javier Milei ha visto la oportunidad: un diputado oficialista defendió el pacto y confió en que atraiga inversores estadounidenses, escasos hasta ahora en una región donde las empresas chinas llevan años presentes.
Pax Silíca: la batalla silenciosa por el subsuelo
Un equipo de DW se desplazó a la provincia argentina de Jujuy, donde una mina produce cobre para el mercado global. El dueño de la explotación, Martín Bronce, ve en el acercamiento a Washington una oportunidad estratégica: “Políticamente puede ser una línea muy interesante porque Argentina se alinea con países del primer mundo para acceder a la inteligencia artificial”. Hasta ahora, la mayoría de las empresas interesadas en proyectos mineros de la zona eran chinas, pero las conversaciones con compañías estadounidenses, añadió, resultan más sencillas.
Sin embargo, la pugna por los minerales críticos tiene su reverso. Vecinos de la mina de cobre han presentado denuncias por presunta deforestación y daño a las fuentes de agua; la instalación de una planta de procesamiento avivó las protestas. La tensión escaló hasta la detención del hijo de una de las demandantes, un caso que los activistas relacionan directamente con la disputa por la tierra. El reportaje recoge testimonios de quienes temen la contaminación y de quienes, desde la compañía, aseguran que el impacto es mínimo y que se consumen “menos de mil litros de agua por día”.
La Pax Silíca avanza, pero lo hace entre conflictos locales y una competencia abierta con China que convierte cada yacimiento en una ficha de tablero global.
Desde el acaparamiento de memorias en los centros de datos hasta la extracción de cobre en las yungas jujeñas, la radiografía que ofrece DW muestra que la crisis de los microchips es, en el fondo, una crisis de materias primas. Y, como suele ocurrir, la factura la termina abonando el ciudadano común.
Puede ver el análisis completo en el vídeo original de DW Español.





