SpaceX celebra hoy su llamada anual de resultados con los inversores, con Starlink y la inteligencia artificial como ejes centrales.
La cita, que se celebra de forma semestral, cobra especial relevancia porque Musk desvelará por primera vez las cifras de la división de IA, un segmento que los analistas llevan meses tratando de cuantificar.
La compañía aeroespacial privada más valiosa del mundo comparece ante sus accionistas en un contexto marcado por la presión sobre la valoración de sus participaciones. Starlink, el negocio de conectividad por satélite, se ha convertido en el motor financiero que sostiene las ambiciones marcianas de Elon Musk.
Los inversores podrán interrogar al CEO sobre los precios de las acciones, según ha confirmado la empresa. Las transacciones en mercados secundarios sitúan la valoración total de SpaceX en torno a los 150.000 millones de dólares, aunque fuentes cercanas a la operación hablan de una horquilla que podría alcanzar los 180.000 millones si se materializan los nuevos contratos de IA. Las acciones han repuntado un 12% en los últimos tres meses, impulsadas por el optimismo sobre Starlink.
La valoración de SpaceX se ha convertido en un enigma que ni los propios accionistas saben descifrar sin la información que hoy se pide a Musk.
Starlink, el verdadero músculo financiero
Starlink roza ya los 4 millones de clientes a nivel mundial y generará este año más de 5.000 millones de dólares en ingresos, según proyecciones de analistas del sector. La división de internet satelital, que empezó como un servicio para zonas rurales, se ha expandido al sector marítimo, aeronáutico y de defensa, diversificando el riesgo de un negocio que hasta hace poco dependía casi en exclusiva de los lanzamientos de cohetes.
El despliegue de la segunda generación de satélites, más potentes y con mayor capacidad de ancho de banda, ha supuesto un desembolso de 2.000 millones de dólares en los últimos 18 meses, pero ha permitido a la compañía ofrecer servicios a empresas de telecomunicaciones como T-Mobile o Vodafone, que integran Starlink en sus redes de emergencia.
La constelación de satélites de segunda generación (Gen2) está presionando el capex, pero Musk confía en que el margen operativo se estabilice por encima del 25% una vez completado el despliegue. El 60% de los ingresos del grupo ya proceden de Starlink, lo que convierte a la división en la columna vertebral financiera del conglomerado.
El nuevo filón de la IA en el espacio
La inteligencia artificial se ha colado en la agenda de la compañía como el próximo vector de crecimiento. SpaceX ha firmado en los últimos meses contratos con varias tecnológicas para alojar cargas de cómputo en sus satélites, aprovechando la baja latencia de la red Starlink. El procesamiento de datos en el espacio se perfila como la próxima frontera de un mercado que Goldman Sachs valora en 1,5 billones de dólares a finales de la década.
La apuesta no es menor. El edge computing desde el espacio podría transformar sectores enteros, desde la conducción autónoma hasta la telemedicina, al reducir los tiempos de respuesta de las aplicaciones. Según un informe de Gartner, el mercado de edge computing alcanzará los 250.000 millones de dólares en 2028, y SpaceX quiere un trozo.
Musk ha destinado 500 millones de dólares a infraestructura de computación espacial, una apuesta que podría detallar hoy mismo. Los analistas esperan que el CEO revele avances en el entrenamiento de modelos de lenguaje desde el borde de la red, lo que reduciría la dependencia de los centros de datos terrestres.
La valoración de SpaceX: entre el mito y la realidad
La pregunta que sobrevolará la sesión es si los 150.000 millones de dólares que el mercado otorga a SpaceX están justificados. La compañía no cotiza en bolsa, por lo que la valoración se basa en operaciones privadas con un número limitado de datos. Musk defendió en anteriores llamadas que el valor real de la empresa es muy superior, pero sin balances consolidados la incertidumbre se mantiene.
Lo que sí está claro es que la diversificación hacia la IA introduce un factor de valoración propio de las tecnológicas de Silicon Valley, con múltiplos que pueden dispararse. Si Starlink logra demostrar que puede alojar cargas de trabajo de IA con una latencia inferior a 20 milisegundos, el posicionamiento frente a rivales como Amazon Kuiper o OneWeb sería difícil de igualar.
No obstante, los riesgos no son menores. La constelación de satélites enfrenta problemas de congestión orbital y una regulación cada vez más exigente. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) ha abierto un expediente sobre el riesgo de colisiones que podría limitar el despliegue de nuevos terminales. El coste de cumplir con los estándares de sostenibilidad espacial podría comerse parte del margen que hoy gusta a los analistas.
Personalmente, creo que Musk necesita explicar hoy cómo piensa financiar la expansión simultánea de Starlink, la Starship y la infraestructura de IA sin recurrir a una salida a bolsa que él mismo ha descartado. El mercado secundario de acciones está lleno de titulares que sueñan con una OPV, pero Musk ha dejado claro que prefiere mantener el control. Eso sí, la paciencia de los fondos de inversión tiene un límite. Hasta ahora, el CEO ha esquivado las preguntas sobre liquidez, pero hoy la presión es mayor.




