Una carta abierta de los agricultores aragoneses de UAGA-COAG al cocinero Karlos Arguiñano pone el foco en la brecha entre el precio que pagan los consumidores por la fruta y lo que realmente recibe el productor. Detrás de la campaña de Lidl que anuncia paraguayos a 2,09 euros el kilo —con una rebaja del 26% sobre un precio anterior de 2,85 euros—, los agricultores denuncian liquidaciones por debajo de los costes de producción, en torno a 0,50 euros por kilo, mientras el kilo en el súper se vende a más de dos euros. La organización le pide a Arguiñano que use su influencia para explicar la cadena de precios y que mire más allá del gancho comercial.
La promoción que esconde el drama del campo
La polémica arranca con la campaña “El ahorro entra por la cocina”, en la que el popular cocinero presta su imagen para promocionar productos frescos de temporada. En uno de los folletos, se destaca el paraguayo de origen España a 2,09 euros el kilo, con un descuento del 26% que, en apariencia, es una buena noticia para el comprador.
Pero UAGA-COAG ha hecho pública una carta —difundida por Agrodigital— en la que recuerda que este tipo de ofertas pueden tener consecuencias muy serias para el eslabón más frágil de la cadena: el productor. “Cuando la distribución utiliza el precio de la fruta como gancho, el ahorro que se anuncia acaba trasladándose, directa o indirectamente, al agricultor”, señalan.
La organización agraria ya ha alertado, por segundo año consecutivo, de prácticas comerciales deshonestas en la comercialización de fruta de hueso. En el caso del melocotón amarillo y la nectarina, se están registrando liquidaciones que no alcanzan los 0,50 euros el kilo, mientras el coste estimado de producción ronda los 0,58 euros por kilo. En otras palabras, el productor pierde dinero con cada caja que sale del campo.
La brecha real: qué gana el agricultor frente a lo que paga el consumidor
Los números de la campaña permiten una comparación muy gráfica. El cliente ve un ahorro de 76 céntimos por kilo, pero lo que no aparece en el folleto es cuánto de ese precio llega al agricultor. La diferencia no es anecdótica.
📊 La comparativa de un vistazo
| Concepto | Precio (€/kg) | Observación |
|---|---|---|
| Paraguayo en supermercado (Lidl) | 2,09 (con descuento del 26%) | Precio de venta al público |
| Liquidación media melocotón/nectarina | 0,50 | Precio en origen que recibe el productor |
| Coste de producción estimado | 0,58 | El agricultor vende por debajo de este umbral |
Esa distancia de más de 1,50 euros por kilo entre el precio de góndola y lo que ingresa quien cultiva la fruta es el margen que se reparte —en distintas proporciones— el transporte, la distribución y el punto de venta. Cuando la cadena aplica un descuento agresivo, la presión suele trasladarse hacia atrás, reduciendo aún más el precio en origen.

El papel de la distribución: presión sobre el eslabón más débil
La carta abierta no entra en la estrategia comercial de Lidl en detalle, pero sí señala una dinámica conocida en el sector: las grandes cadenas fijan precios de venta con los que el consumidor identifica ahorro, mientras los proveedores asumen el recorte mediante contratos a la baja o liquidaciones. La Ley de la Cadena Alimentaria prohíbe la venta por debajo de costes, pero la realidad del campo muestra que la norma se sortea con frecuencia.
“No todo vale para ser ‘el número uno de la semana’”, le espeta UAGA-COAG al cocinero. La organización no cuestiona que se promueva el consumo de fruta de temporada; al contrario, lo aplaude. Pero advierte de que promocionar el producto no puede significar devaluar el trabajo de quien lo cultiva.
La carta recuerda que detrás de cada kilo de paraguayos hay un año entero de trabajo: podas, riegos, tratamientos, inversión y riesgos climáticos. “El sustento de los fruticultores depende de recibir un precio que, como mínimo, cubra los costes de producción y les permita mantener la actividad de forma digna y rentable”, subraya.
El ahorro que se anuncia en el folleto acaba mirando casi siempre al eslabón más débil: el productor. Y el consumidor, sin saberlo, puede estar comprando a costa de quien cultiva.
La cadena alimentaria, un debate que viene de lejos
El pulso entre los productores y la gran distribución no es nuevo. Desde hace años, organizaciones como UAGA-COAG o FACUA reclaman mayor transparencia en la formación de precios y mecanismos que impidan la venta a pérdidas. En 2021, la reforma de la Ley de la Cadena Alimentaria introdujo la obligación de que los contratos incluyan un precio que cubra los costes, pero la realidad muestra que la brecha sigue siendo enorme.
El caso de los paraguayos es un ejemplo concreto de una desconexión que encarece la cesta de la compra sin que el agricultor se beneficie. El consumidor paga un precio que, en teoría, es competitivo, pero termina financiando de forma invisible los márgenes de una cadena que en muchos tramos carece de luz.
La carta de los agricultores aragoneses es, en el fondo, una invitación a que Karlos Arguiñano —y con él los millones de consumidores que siguen sus programas— entienda que detrás de una oferta llamativa puede haber una presión insoportable sobre el productor. Y que comprar fruta barata no siempre es una buena compra si el precio no llega al campo.
🛒 El Veredicto de Compra
- Pregúntate quién paga el descuento: Ante una oferta muy agresiva, mira si la cadena explica de dónde sale el ahorro. Si no hay información, es probable que el recorte venga del productor.
- Infórmate sobre el precio en origen: Organizaciones agrarias, observatorios de precios y la propia Ley de la Cadena Alimentaria ofrecen datos públicos. Saber que un melocotón se liquida a 0,50 euros cuando cuesta 0,58 producirlo te da una medida real de justicia en el precio.
- Apoya los canales cortos cuando puedas: Comprar directamente a productores o en mercados locales no siempre es más caro, y reduce los eslabones que encarecen el producto sin añadir valor. La fruta de temporada, bien pagada, es la que mejor conserva el campo.




