La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha estrangulado el tráfico de crudo por el estrecho de Ormuz y ha forzado a Japón a buscar alternativas urgentes. He analizado los datos de seguimiento de Kpler y la primera conclusión es clara: el crudo canadiense que fluye por el oleoducto TMX se ha convertido en el salvavidas energético de Tokio. El buque Freedom Glory, fletado por Exxon Mobil, zarpó el miércoles desde Vancouver con 750.000 barriles de crudo procedente del Trans Mountain Pipeline (TMX) y el comprador ha sido Eneos, la mayor refinería japonesa. Se trata del primer envío de crudo canadiense hacia Japón desde 2025.
El oleoducto TMX, la nueva arteria energética hacia Asia
El TMX transporta hasta 890.000 barriles diarios desde Alberta hasta la terminal marítima de Burnaby, en la Columbia Británica. La infraestructura, propiedad del Gobierno federal canadiense, funciona a casi el 90 % de su capacidad desde el tercer trimestre de 2025. La demanda asiática ha disparado las exportaciones: en lo que va de año, el 77 % de las salidas de crudo desde Vancouver han tenido como destino Asia, frente al 51 % registrado en 2024.
Los datos que manejo indican que el conflicto en Oriente Medio ha reconfigurado el mapa de compradores del TMX:
- India, Malasia y Singapur han vuelto a adquirir crudo del TMX desde el inicio de la guerra contra Irán.
- Japón llevaba más de un año sin importar crudo canadiense y ahora se suma a la lista con un pedido de gran escala.
- Estados Unidos ya obtiene casi el 60 % de sus importaciones de crudo desde Canadá, según la Administración de Información Energética estadounidense.
El contexto geopolítico explica esta reorientación. Antes del estallido de la guerra en febrero de 2026, más del 90 % del petróleo que entraba en Japón cruzaba el estrecho de Ormuz. El bloqueo de facto de esa ruta ha obligado al Gobierno nipón a recortar su previsión de crecimiento para este año al 0,9 %, ocho décimas menos que el 1,3 % anterior, debido precisamente al encarecimiento del crudo.
“Los canadienses somos de fiar. Cuando eres proveedor de una materia prima clave… tienes que pensártelo mucho antes de dejar de suministrar.” — Mark Carney, primer ministro de Canadá, al ser preguntado sobre el posible uso del petróleo como herramienta de presión frente a Washington
Análisis: un reequilibrio forzoso del mercado global de crudo
Lo que veo en estos movimientos es un reequilibrio estructural que trasciende un simple desvío de rutas. El crudo del TMX es ligero y de baja acidez, similar en calidad al West Texas Intermediate (WTI). Su llegada masiva a Asia está comprimiendo los diferenciales de precio con el Brent y generando una competencia directa con los grados medios de Oriente Medio. La guerra en Irán solo ha acelerado una tendencia que ya se insinuaba: Asia busca diversificar proveedores para reducir la dependencia de un solo punto de estrangulamiento geopolítico.
La decisión de Japón es especialmente simbólica. Tradicionalmente atado al crudo de Oriente Medio por razones logísticas y contractuales, el país ha demostrado que el TMX ofrece una alternativa viable y escalable. Exxon Mobil, al fletar el buque, está aprovechando la dislocación del mercado para redirigir excedentes canadienses hacia clientes dispuestos a pagar primas de urgencia. Sin embargo, el riesgo inflacionista sigue intacto: mientras el petróleo siga cotizando por encima de los 85 dólares por barril, las economías importadoras como la japonesa sufrirán una pérdida de poder adquisitivo que ya se refleja en las rebajas de previsiones oficiales.
🌍 El impacto en España y Europa
Europa no es un comprador directo del crudo TMX, pero el rediseño de los flujos globales de petróleo tiene efectos colaterales para España. La mayor demanda asiática de crudo ligero canadiense retira oferta del mercado atlántico y sostiene las cotizaciones del Brent, referencia para el 85 % del petróleo que importa España. Si la tensión en Ormuz persiste, el barril de Brent podría mantenerse en la franja de los 80-90 dólares, un nivel que complica la desescalada de la inflación subyacente en la eurozona. Para el consumidor español, eso se traduce en una presión adicional sobre el precio de los carburantes y, eventualmente, sobre el Euríbor, ya que el Banco Central Europeo podría demorar nuevos recortes de tipos si la energía mantiene elevadas las expectativas de inflación. Las empresas del sector petroquímico y el transporte también notarán el encarecimiento de la materia prima, lo que podría trasladarse a los costes logísticos de las exportaciones del IBEX 35.





