Alphabet ha disparado las alarmas en Wall Street al elevar su previsión de inversión en inteligencia artificial hasta los 205.000 millones de dólares, una cifra que supera los ingresos previstos y desata dudas sobre la rentabilidad.
Claves de la operación
- Google dispara su gasto por encima de los ingresos. La nueva horquilla de capex se sitúa entre 195.000 y 205.000 millones, frente a la previsión anterior de 190.000. Incluso el rango inferior supera lo que la compañía había presupuestado como techo hace solo tres meses.
- Wall Street castiga la imprevisibilidad de los costes. Los inversores reaccionaron con ventas masivas al ver que Alphabet gasta más de lo que ingresa y que sus proyecciones de gasto se han vuelto volátiles. Las acciones de la matriz de Google retrocedieron con fuerza en el after-hours.
- La rentabilidad de la IA, bajo la lupa. El mercado duda de que los ingresos por servicios de nube y publicidad basados en inteligencia artificial estén compensando la oleada inversora. La comparativa con los hyperscalers rivales —Microsoft y Amazon— añade presión al margen del negocio en Europa.
Según el último informe de resultados presentado por la compañía, disponible en la web de inversores de Alphabet, la estimación de gasto de capital para el ejercicio ha saltado de un máximo de 190.000 millones a un rango que llega hasta 205.000 millones. El dato descolocó a los analistas, que ya habían mostrado inquietud por el ritmo de inversión en infraestructura de IA durante el trimestre anterior.
En la presentación, Google admitió que está gastando más dinero del que genera, un giro que pocos esperaban tras años de disciplina financiera. El director financiero matizó que la aceleración responde a la demanda de capacidad para entrenar modelos y ofrecer servicios de nube, pero la reacción del mercado fue inmediata.
Un gasto que crece más rápido que la caja
La nueva horquilla de capex, que va de 195.000 a 205.000 millones de dólares, supone un incremento de al menos 5.000 millones sobre el límite superior previo. El dato más preocupante es que el extremo bajo de la banda ya está por encima de lo que la empresa había marcado como techo hace un trimestre. Esa imprecisión en las previsiones de costes resulta especialmente inquietante para los inversores.
Los ingresos de Alphabet no avanzan al mismo ritmo. Aunque la publicidad digital y Google Cloud mantienen el crecimiento, el gasto en servidores, chips y centros de datos absorbe cualquier mejora operativa. La brecha entre ingresos y capex se ha ampliado hasta niveles que no se veían desde la burbuja de las puntocom, según señalan fuentes del sector.
El mercado, además, teme que esta carrera inversora tenga un recorrido corto. Si la monetización de la IA generativa no se consolida, el retorno podría diluirse en pérdidas millonarias sin impacto real en el negocio.
Wall Street castiga la volatilidad de las proyecciones
La presentación de resultados provocó una sacudida en la cotización de Alphabet. En las operaciones fuera de hora, los títulos llegaron a borrar buena parte de las ganancias acumuladas en lo que va de año. La sensación entre los analistas es que Google ha perdido el control sobre su propia hoja de ruta financiera, un mensaje demoledor para un valor que se había mantenido como refugio tecnológico.
El mensaje que lanzan los analistas consultados por esta redacción es claro: si la mayor empresa de publicidad del mundo no puede predecir sus costes, el resto del sector podría estar inflando una burbuja. La reacción en cadena ha arrastrado a otras cotizadas con fuerte exposición a la IA, como Microsoft y Amazon, que también verán escrutadas sus cifras de inversión en los próximos días.
El mercado no castiga el gasto en IA, sino la incapacidad de predecirlo.
A diferencia de trimestres anteriores, Alphabet no ha ofrecido garantías de que las partidas de capex vayan a estabilizarse a corto plazo. La dirección se limitó a señalar que seguirá invirtiendo «todo lo necesario» para mantener el liderazgo en inteligencia artificial, una declaración que los inversores interpretaron como un cheque en blanco sin fecha de caducidad.

La lección para las telecos españolas: IA sí, pero con rentabilidad
Desde la perspectiva del mercado español, el movimiento de Google resuena con fuerza. Telefónica, el principal actor del IBEX 35 con una estrategia de transformación digital, ha optado por un enfoque mucho más contenido. La operadora ha destinado alrededor de 2.000 millones de euros a su programa de IA y cloud, una cifra que palidece frente a los 205.000 millones de Alphabet, pero que responde a una lógica de rentabilidad por proyecto.
El precedente histórico es revelador. En la burbuja de las telecos de hace dos décadas, las operadoras europeas invirtieron cantidades ingentes en infraestructura de fibra y 3G, presionando sus balances sin un retorno claro. Aquella fiebre inversora lastró la cotización del sector durante años. Ahora, el riesgo de repetir el mismo error con la inteligencia artificial sobrevuela tanto a los hyperscalers estadounidenses como a cualquier empresa que apueste de forma desmedida.
En nuestra lectura, el caso de Google evidencia que el mercado ya no tolera la inversión sin visibilidad de retorno. Las telecos españolas, conscientes de su propia historia, han aprendido a vincular cada euro de capex a un caso de negocio concreto. Eso no las exime del desafío competitivo, pero al menos evita que los inversores las castiguen por imprevisibles.
Más allá de la anécdota bursátil, el episodio plantea una cuestión de fondo: si el líder mundial de la IA no convence con sus cifras, ¿qué credibilidad tendrán los proyectos de inteligencia artificial de empresas medianas cuando lleguen a los consejos de administración? La respuesta llegará en los próximos trimestres, conforme se conozcan los ingresos reales que genera esta tecnología. Hasta entonces, la prudencia será la mejor aliada.




