Cómo los DOGE alumni lanzaron una startup de ciberseguridad militar valorada en 1.400 millones

La operación, que cuenta con Andreessen Horowitz y Sequoia como inversores, muestra cómo la experiencia gubernamental se ha convertido en una palanca para levantar grandes rondas en el sector de defensa. Una lección de riesgo y oportunidad para los founders que miran al sector pú

En plena escalada de inversión en defensa y ciberseguridad impulsada por las tensiones geopolíticas, una noticia confirma una tendencia imparable: los altos exfuncionarios del gobierno de Estados Unidos se han convertido en el activo más cotizado por el venture capital. Según ha adelantado Reuters, un grupo de antiguos empleados del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) ha lanzado Cathedral, una startup de ciberseguridad militar con inteligencia artificial que ya ha alcanzado una valoración de 1.400 millones de dólares en su primera gran ronda de financiación. La operación, en la que participan pesos pesados como Andreessen Horowitz y Sequoia Capital, deja una lección para cualquier founder que alguna vez haya mirado con desdén el sector público: la experiencia gubernamental es, hoy, la llave que abre contratos millonarios y la confianza de los inversores.

La ronda que pone en el mapa a Cathedral: 1.400 millones de valoración

Los detalles de la operación, basados en tres fuentes consultadas por Reuters y sin confirmación oficial por parte de Cathedral, pintan un escenario casi inédito para una empresa que acaba de nacer. La startup ha alcanzado una valoración de 1.400 millones de dólares, situándola directamente en el club de los unicornios antes incluso de tener ingresos recurrentes. No es una ronda cualquiera: los inversores son Andreessen Horowitz y Sequoia, dos de los fondos que mejor han sabido leer el mercado de las tecnologías profundas ligadas a la seguridad nacional.

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El plan de Cathedral es ambicioso. Busca cerrar contratos con el gobierno estadounidense para potenciar operaciones cibernéticas ofensivas y defensivas, especialmente frente a adversarios como China, usando inteligencia artificial. Para alimentar esos sistemas, la compañía estudia adquirir un centro de datos propio o asociarse con un proveedor que le garantice capacidad de cómputo dedicada. La lógica es clara: si el Pentágono confía en ti, necesitas infraestructura, no solo código.

Este movimiento encaja dentro de un fenómeno más amplio: los inversores de venture capital han puesto el foco en las startups fundadas por alumni del DOGE, ese organismo creado en 2025 que removió los cimientos de la administración federal con despidos masivos y recortes de costes. Hace apenas un mes, Andreessen Horowitz lideraba otra inversión en Special, una startup que quiere exportar la doctrina de eficiencia del DOGE al mundo corporativo. La marca DOGE cotiza al alza.

El equipo fundador: de DOGE al Pentágono y de vuelta a Silicon Valley

El núcleo de Cathedral reúne tres perfiles que explican la valoración por sí solos. Luke Farritor, antiguo becario de SpaceX, supervisó los recortes de gasto en la Administración de Servicios Generales durante su etapa en DOGE. Marko Elez, también con pasado en SpaceX, trabajó en el Departamento del Tesoro con acceso a material altamente sensible, un episodio que levantó las alarmas de un juez y que se complicó aún más tras la publicación de comentarios racistas en una cuenta de redes sociales. Elez dimitió, pero fue readmitido después de que el presidente Trump y el vicepresidente Vance abogaran por su regreso. El tercer cofundador, cuyo nombre no ha trascendido, era hasta hace poco jefe de datos del Pentágono y participó en la sonada batalla legal del Departamento de Defensa contra Anthropic sobre cómo el ejército debe usar la inteligencia artificial.

Este triángulo de perfiles —gestión del gasto público, acceso a sistemas sensibles y conocimiento directo de los procesos de contratación del Pentágono— es lo que hace atractiva a Cathedral para los fondos. No se trata solo de talento técnico: es acceso directo a quien firma los contratos y comprensión íntima de los entresijos regulatorios que bloquean a la mayoría de startups.

📦 Caso de estudio: Cathedral

  • El reto: Construir desde cero una empresa de ciberseguridad militar capaz de competir por contratos públicos multimillonarios con gigantes ya establecidos.
  • La jugada: Aprovechar la experiencia directa de los fundadores en el DOGE y el Pentágono para conseguir en meses una valoración de 1.400 millones de dólares con el respaldo de Sequoia y a16z, utilizando la IA como eje.
  • El resultado: Una ronda masiva de capital riesgo que valora a la empresa como unicornio antes de facturar, basada en la expectativa de cerrar contratos gubernamentales de larga duración.
  • La lección: El conocimiento del sector público es hoy un activo estratégico tan valioso como una patente tecnológica, sobre todo cuando los gobiernos aceleran su gasto en defensa.
DOGE alumni

El modelo de negocio: contratos públicos, IA y un centro de datos propio

El plan de Cathedral consiste en asegurar contratos federales para operar plataformas de ciberseguridad basadas en IA, tanto ofensivas como defensivas. La clave no está solo en el software, sino en la infraestructura de cómputo dedicada, lo que explica su interés por adquirir o alquilar un centro de datos. Para un inversor como Sequoia, esto tiene sentido: si los contratos llegan, la inversión en ladrillo tecnológico deja de ser un riesgo y se convierte en una barrera de entrada para competidores.

El contexto ayuda. El Pentágono y la Oficina de Capital Estratégico han multiplicado sus alianzas con startups para avanzar en objetivos de seguridad nacional, y el actual clima político favorece las soluciones agresivas frente a China. Cathedral se sitúa en esa intersección con una propuesta que ningún emprendedor sin contactos podría replicar: un equipo que conoce los pliegos de contratación y tiene línea directa con quien los redacta.

Conocer los pasillos del Pentágono es tan rentable como dominar la última arquitectura de deep learning, y lo que Cathedral demuestra es que un buen pitch se construye con credenciales, no solo con código.

Los riesgos de atarse demasiado a la administración

Sin embargo, el activo que catapulta a Cathedral es también su mayor fuente de vulnerabilidad. Los tres fundadores mantienen vínculos estrechos con la administración Trump y altos cargos del Departamento de Defensa. Si el Partido Demócrata recuperase el control de la Cámara o el Senado en las elecciones de mitad de mandato —previstas para noviembre de 2026— la startup podría enfrentarse a un escrutinio mucho mayor sobre esos contratos gubernamentales. Una revisión política de las adjudicaciones no es una posibilidad remota, y en el sector defensa el riesgo de que un cambio de ciclo paralice proyectos es real.

A esto se suma el perfil controvertido de Marko Elez, cuyo pasado racista resurgió en los medios y forzó su dimisión temporal. Aunque Trump respaldó su reincorporación, cualquier administración futura podría utilizar ese historial como argumento para auditar los contratos de Cathedral y la idoneidad de sus principales ejecutivos. El venture capital de riesgo ha comprado una historia, pero la reputación del equipo se puede convertir en pasivo con un solo titular.

Lo que el inversor en venture capital ve en Cathedral: el efecto ‘alumni’ de DOGE

El caso de Cathedral no es una anécdota aislada. La inversión en startups de defensa se ha disparado en los últimos dos años, y los fondos han entendido que el talento que sale de organismos como DOGE o el Pentágono trae consigo un mapa de navegación por los laberínticos procesos de contratación federal. Empresas como Palantir o Anduril ya demostraron que un exdirectivo gubernamental vale tanto como un doctor en criptografía, y ahora esa lección se está escalando a la velocidad del capital riesgo.

Andreessen Horowitz y Sequoia no están invirtiendo en una startup pre-revenue cualquiera; están invirtiendo en un equipo que, en meses, ha conseguido que tres fuentes familiarizadas con la operación filtren una valoración de 1.400 millones de dólares. La cifra puede parecer inflada si se mide con los múltiplos tradicionales de SaaS, pero en el sector de defensa las reglas del juego cambian: un solo contrato a diez años puede justificar esa valoración, y Cathedral parece estar en disposición de conseguirlo.

La pregunta no es si la valoración es una burbuja, sino si el equipo es capaz de transformar sus contactos en contratos antes de que cambie la fotografía política.

Para cualquier founder en España o Latinoamérica que observe este movimiento con envidia, hay una lectura aplicable: el sector público no es solo un cliente grande, es también una cantera de talento y un sello de credibilidad que puede acelerar la entrada en mercados regulados como el de la ciberseguridad o la defensa. No hace falta ser un ex alto cargo de Washington: una trayectoria en organismos públicos de tu país —o en agencias europeas como la EDA o la ENISA— puede convertirse en la palanca que necesitas para levantar capital en rondas semilla o Series A. El ecosistema del capital riesgo cada vez compra más el perfil del equipo que la letra pequeña del producto.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Aprovecha tu background público: Has trabajado en la administración, en defensa o en regulación, no lo escondas: es tu mejor pitch deck.
  • Construye tu red antes que tu producto: Los contactos con decisores públicos son tan importantes como el código, especialmente en sectores regulados.
  • Gestiona el riesgo político: Diversifica tu cartera de clientes y no pongas todos los contratos en un solo gobierno o partido.
  • Cuida la reputación del equipo: En defensa, un historial personal controvertido puede tumbar una ronda entera cuando cambie la sensibilidad pública.

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