La apertura del viernes en Wall Street trajo un cóctel de malas noticias: los principales índices caían con fuerza, lastrados por el desplome de los fabricantes de chips y la escalada del petróleo tras la ampliación de los ataques de Irán en Oriente Medio. Una tormenta perfecta que pone en jaque la calma veraniega de los mercados.
El índice de semiconductores de Filadelfia (SOX) se encamina a cerrar su peor semana desde octubre de 2022. La corrección acumulada desde los máximos de junio ya supera el 20%, el umbral que Wall Street define como mercado bajista. Los valores estrella de la inteligencia artificial —Nvidia, AMD, Broadcom— lideran las pérdidas, en medio de un creciente escepticismo sobre la rentabilidad a corto plazo de las inversiones masivas en centros de datos.
Mientras, en el mercado energético, el crudo Brent se disparaba por encima de los 95 dólares por barril, un nivel que no se veía desde el verano de 2022. El detonante: informaciones de que Irán ha ampliado sus ataques contra objetivos estratégicos en la región, incluyendo amenazas al estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
La geopolítica, que llevaba meses en un segundo plano, ha recuperado el protagonismo. «La geopolítica ya no mueve las Bolsas. Mueve el petróleo… y después todo lo demás», resume el titular de Expansión que refleja el sentir de las mesas de trading.
El Dow Jones cedía más de 400 puntos en los primeros compases, el S&P 500 perdía un 1,8% y el Nasdaq era el más castigado, con una caída superior al 2,5%.
Las bolsas europeas no se libraban del contagio: el Ibex 35 retrocedía un 1,2%, arrastrado por los valores turísticos y las constructoras con exposición a Oriente Medio. El Repsol se desmarcaba con una subida del 2% al calor del crudo, mientras que Inditex, Amadeus e IAG sufrían caídas superiores al 3% por su dependencia del consumo y el turismo en una región convulsa.
La combinación de un crudo por encima de 95 dólares y una corrección en la inteligencia artificial pone en jaque la narrativa de aterrizaje suave que ha sostenido Wall Street.
El petróleo como arma geopolítica
La escalada iraní no es nueva, pero su intensidad ha sorprendido a los mercados. Según adelanta El Confidencial, Estados Unidos evalúa una respuesta militar tras los bombardeos de Teherán sobre posiciones aliadas en el Golfo Pérsico. El temor a un bloqueo del estrecho de Ormuz, escenario que dispararía el crudo hasta los 120 dólares, ha prendido todas las alarmas.
El analista jefe de materias primas de un banco de inversión —que prefiere no ser citado— explica a esta redacción que «el mercado está poniendo en precio un riesgo de disrupción que no se veía desde la invasión de Ucrania. Si el conflicto escala, los 100 dólares serán la nueva normalidad».
Semiconductores: el mercado bajista que anticipa una corrección en la IA
El otro foco de preocupación tiene nombre propio: los chips. El SOX ha pasado de liderar las ganancias del año a entrar en territorio bajista en apenas tres semanas. Los inversores empiezan a cuestionar si el gasto en inteligencia artificial se traducirá en beneficios tangibles antes de que la burbuja estalle.
Las dudas no son nuevas. La constructora de centros de datos DigitalBridge ya advirtió en junio de un exceso de oferta, y los últimos informes sectoriales de Kantar apuntan a que la demanda de semiconductores para consumo minorista se está ralentizando. Aun así, los grandes fabricantes mantienen los planes de inversión: TSMC ha confirmado un capex de 35.000 millones de dólares para 2026, una cifra que algunos analistas consideran insostenible si la demanda no responde.
El dilema de la Reserva Federal
La confluencia de un petróleo caro y un sector tecnológico en retroceso coloca a la Reserva Federal en una posición incómoda. Por un lado, el encarecimiento energético presiona al alza la inflación, lo que aplazaría cualquier recorte de tipos. Por otro, el impacto sobre la confianza empresarial y el consumo podría acelerar una desaceleración que ya asoma en las encuestas manufactureras.
Creo que el mercado está infravalorando este dilema. En las últimas semanas, los futuros de los fondos federales descontaban dos bajadas de tipos antes de fin de año. Ahora, con el Brent rozando los tres dígitos, cualquier recorte sería interpretado como un error por las autoridades monetarias. La historia nos enseña que la Reserva Federal suele inclinarse por combatir la inflación antes que por sostener el crecimiento, incluso a costa de una recesión.
Las implicaciones para España no son menores. Un euro débil frente al dólar —que se ha apreciado al calor de las tensiones geopolíticas— y un petróleo caro encarecen las importaciones energéticas justo cuando el turismo mostraba signos de agotamiento. La factura energética podría restar entre tres y cuatro décimas al crecimiento del PIB en el segundo semestre, según cálculos de Funcas.
La sesión del viernes no es un episodio aislado. Es una señal de que el mercado está descontando una nueva fase de volatilidad, donde la geopolítica y la sobrevaloración tecnológica se retroalimentan. La pregunta ya no es si habrá corrección, sino si las autoridades estarán a la altura.





