Estrecho de Ormuz: la nueva amenaza que dispara el petróleo y la inflación en Europa según la UNCTAD

La reactivación del conflicto en el paso marítimo por el que transita una cuarta parte del crudo mundial amenaza con encarecer la energía y los fertilizantes. La UNCTAD advierte de que las cadenas de suministro globales aún no han absorbido los efectos del conflicto anterior.

La UNCTAD ha lanzado hoy una advertencia que enfría el discurso económico de las últimas semanas: la reactivación del conflicto en el estrecho de Ormuz amenaza con desatar una nueva crisis de precios energéticos y de fertilizantes que impactará directamente en la inflación europea. He analizado el informe de Naciones Unidas y me detengo en lo que considero el riesgo de mayor calado para la economía del euro: una cuarta parte del crudo mundial que se transporta por mar pasa por ese punto de control, y cualquier perturbación prolongada tiene la capacidad de reventar las hipótesis de moderación de precios que manejaban los bancos centrales.

El documento señala que esta no es una amenaza teórica. Las hostilidades en la zona —que no han cesado del todo— vuelven a poner en jaque las cadenas de sumistro globales cuando todavía no han absorbido por completo los golpes del conflicto anterior. Hablo de una arteria por la que transita, según la propia UNCTAD, el 25% del petróleo embarcado a nivel mundial, volúmenes significativos de gas natural licuado y fertilizantes.

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La consecuencia más inmediata, si el tráfico comercial se ve limitado, es una nueva cascada de costes que recorrerá la cadena global. El precio del barril de Brent ya reacciona con sensibilidad a las noticias de la zona; una escalada prolongada podría llevarlo significativamente al alza, encareciendo los combustibles y los costes logísticos de todas las economías dependientes.

El desglose de las cifras clave

  • Petróleo: el 25% del crudo mundial transportado por mar cruza el estrecho de Ormuz. Cualquier disrupción manda una señal inmediata a los mercados de futuros.
  • Gas natural licuado: una parte sustancial del GNL que abastece a Europa utiliza esta ruta, lo que la convierte en un punto crítico para la seguridad energética del continente.
  • Fertilizantes: la dependencia de los mercados emergentes de los fertilizantes que transitan por Ormuz añade otra capa de presión sobre los precios alimentarios globales, con un efecto dominó sobre la inflación de la cesta de la compra.

Estas cifras, recogidas en el informe de UNCTAD, ilustran por qué los analistas de materias primas se toman muy en serio esta vía marítima. El estrecho de Ormuz no es un riesgo geopolítico cualquiera: es el termostato de la inflación energética mundial.

Un riesgo inflacionista que llega a Europa

Para Europa, el informe de la UNCTAD llega en un momento delicado. La inflación de la eurozona ha dado señales de moderación en los últimos meses, pero una perturbación externa de oferta como la que describe el organismo podría desbaratar la hoja de ruta del Banco Central Europeo. En mi lectura, si el petróleo se encarece, los precios de la energía volverán a subir y, con ellos, los costes de producción de sectores tan expuestos como el transporte y la agricultura.

Lo que me preocupa no es la subida del crudo en sí, sino el efecto de segundo orden: una inflación importada que el BCE se vería obligado a combatir manteniendo los tipos altos durante más tiempo. Eso dilata la recuperación del consumo y retrasa el alivio hipotecario que las familias europeas esperan de los recortes de tipos previstos para finales de 2026.

🌍 El impacto en España y Europa

El impacto en España sería directo y doble:

  • El Euríbor y las hipotecas: aunque su principal referencia es la política monetaria del BCE, una inflación energética sostenida podría frenar los recortes de tipos que los mercados ya descuentan. Si el BCE retrasa la bajada, las cuotas hipotecarias de las familias españolas se mantendrán elevadas, mermando la renta disponible.
  • El tejido empresarial: las empresas españolas con alta dependencia energética —desde las navieras y aéreas hasta la industria química y agroalimentaria— verían mermados sus márgenes. Además, el encarecimiento de los fertilizantes castigaría al sector agrícola, principal exportador hortofrutícola de la UE, en un año en el que la renta agraria ya está bajo presión.

La UNCTAD no fija un horizonte temporal, pero sí lanza una señal inequívoca. Las cadenas de suministro globales no han terminado de sanar desde 2022, y Ormuz es la herida que puede reabrirse en cualquier momento. Los mercados harían bien en no subestimar este riesgo.


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