Ethereum ha dado un salto del 6,65% este 3 de julio de 2026, tras conocerse que la economía estadounidense creó solo 57.000 empleos en junio. El movimiento ha provocado la liquidación forzosa de 92 millones de dólares en posiciones cortas de ether, según datos de CoinGlass, y ha devuelto al activo digital a los 3.200 dólares tras varias sesiones de presión bajista.
Un dato de empleo que cambió el ánimo del mercado
La cifra oficial, muy por debajo de los 250.000 puestos que esperaba el consenso de analistas, ha sido interpretada como un síntoma de enfriamiento económico. Eso, lejos de asustar a los inversores, ha avivado las apuestas por próximos recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Los mercados descuentan ahora una primera bajada de 25 puntos básicos en la reunión de septiembre con casi un 90% de probabilidad, según la herramienta FedWatch de CME. Cuando el dinero se vuelve más barato y los bonos pierden atractivo, los activos de riesgo como las criptomonedas suelen reaccionar al alza.
Ethereum se ha beneficiado especialmente de ese giro. El rebote del 6,65% ha sido el más intenso entre las grandes criptodivisas del día, y ha venido acompañado de un volumen de negociación por encima de los 32.000 millones de euros en los principales exchanges. La subida ha tenido un carácter casi automático: en cuanto apareció el dato, los algoritmos de trading y los fondos cuantitativos comenzaron a comprar ether y a vender dólar.
La liquidación masiva de posiciones cortas

El otro gran motor ha sido el cierre forzoso de apuestas bajistas. Durante las últimas semanas, muchos operadores habían acumulado posiciones en derivados que ganaban si el precio de Ethereum caía. Cuando el ether comenzó a subir, sus garantías dejaron de cubrir las pérdidas y los exchanges ejecutaron liquidaciones automáticas. En total, en las últimas 24 horas se evaporaron 92 millones de dólares en shorts de ETH, la mayor cantidad en un solo día desde finales de mayo, según refleja el panel de liquidaciones de CoinGlass.
Ese efecto en cascada realimentó el impulso alcista: cada liquidación forzosa se convierte en una orden de compra (para cerrar la posición corta), lo que acelera la subida y arrastra a más shorts mal apalancados. El fenómeno, conocido como short squeeze, dejó una estela de contratos fulminados que ha llamado la atención de los analistas on‑chain. Ethereum tocó los 3.250 dólares puntualmente antes de estabilizarse.
Los bajistas, barridos.
La caída de los rendimientos de la deuda convierte al ether en un imán para el capital institucional, y los 92 millones liquidados son la prueba de que los bajistas no supieron leer el dato.
¿Rebote técnico o cambio de sentimiento en Ethereum?
El episodio recuerda a otros movimientos similares que Ethereum ha protagonizado tras virajes en la política monetaria. Ya en septiembre de 2024, cuando la Fed realizó su primer recorte de tipos desde 2020, el ether escaló un 12% en pocos días. La diferencia esta vez es que el repunte se produce en un contexto de staking récord (más del 28% de todo el ether en circulación está bloqueado asegurando la red) y de acumulación por parte de los ETF spot, que llevan semanas registrando flujos positivos aunque discretos. Eso reduce la oferta disponible en los exchanges y magnifica los movimientos de precio cuando entra demanda.
Ahora bien, conviene mantener la cautela. Una única cifra de empleo no cambia la tendencia macroeconómica, y en julio la inflación subyacente sigue siendo más pegajosa de lo que le gustaría a la Fed. Si los próximos datos —empezando por el IPC de junio que se publica la semana que viene— contradicen este optimismo, las expectativas de tipos pueden revertirse tan rápido como se construyeron. Además, el mercado de futuros de ether muestra una prima todavía modesta, lo que sugiere que el capital institucional no ha entrado aún en masa.
Lo que sí ha quedado claro es que Ethereum sigue funcionando como un termómetro muy afinado de las expectativas de liquidez global. Cuando los bancos centrales insinúan que abrirán el grifo, el ether suele moverse antes que otros activos. La clave, de aquí a septiembre, será comprobar si esa señal se consolida o si se queda en un espejismo de medio verano.





