Osborne saca músculo en el sector del lujo

El Grupo Osborne es sinónimo de tradición. El toro de Osborne, su icónica figura, lleva décadas formando parte del paisaje español. Sin embargo, el propio conglomerado hunde sus raíces en 1772, cuando Thomas Osborne Mann llegó a España —al Puerto de Santa María (Cádiz)— para comercializar vinos. Pese a esa larga trayectoria, ha sido en los últimos años cuando Osborne ha acometido su transformación más profunda. Un cambio que ha reforzado la posición del grupo frente a dos amenazas que están sacudiendo el mercado de las bebidas alcohólicas.

Las cuentas de Grupo Osborne reflejan ese tránsito, desde una sociedad que funcionaba principalmente como holding hacia una matriz con actividad comercial directa, una cartera cada vez más orientada al lujo gastronómico y una elevada dependencia del capital circulante. La estrategia de Osborne pasa por vender menos volumen y más valor, apoyándose en marcas capaces de defender precios y márgenes.

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Aunque esa transformación se ha desarrollado a lo largo de la última década, el gran cambio societario se produjo en 2021 con la absorción de Osborne Distribuidora. Hasta entonces, la matriz registraba una cifra de negocios de apenas 4,4 millones de euros. Tras integrar la distribución y un patrimonio neto de activos de 53,9 millones, la facturación pasó a situarse en torno a los 202 millones de euros en el ejercicio cerrado en enero de 2022.

Osborne y su cambio de identidad

El cambio societario no ha sido ni el único ni el más importante. La compañía, que comenzó dedicada al vino local, se ha transformado en un auténtico transatlántico tanto por la amplitud de su catálogo como por los mercados en los que opera. Osborne ha reforzado su crecimiento mediante la compra de empresas en categorías donde el origen, la exclusividad y el reconocimiento de marca pesan más que el precio.

En 2021 adquirió el 100% de Riofrío 1963 por 6,07 millones de euros, una empresa especializada en la producción de caviar. La operación generó un fondo de comercio de 5,84 millones de euros, una cifra que revela que casi todo el valor pagado descansaba sobre activos intangibles: la marca, su posicionamiento y su capacidad esperada para generar beneficios. Dos años después, Osborne compró el 70% que todavía no controlaba de Galician Original Drinks, propietaria de la ginebra Nordés, pasando así a controlar el 100% de la compañía.

Ambas operaciones han reforzado la presencia de Osborne en el segmento super premium. La misma lógica explica la incorporación de marcas propias, como el vermut Domingo, y los acuerdos para distribuir productos de terceros, entre ellos el vodka Roberto Cavalli. La distribución de marcas de terceros permite al grupo aprovechar su red comercial y ampliar el catálogo sin asumir necesariamente toda la inversión industrial.

Los nuevos riesgos a los que se enfrenta Osborne

Al final, la estrategia de Osborne resulta evidente: crear un ecosistema sólido de marcas que le otorgue una mayor capacidad para trasladar al precio el incremento de los costes. Además, le sirve como vía de entrada a distintos mercados. Su jamón de bellota Cinco Jotas actúa como su gran embajador internacional. Al introducir este producto en restaurantes con estrella Michelin de Nueva York o Shanghái, Osborne abre la puerta para comercializar sus vinos generosos de Jerez, sus tintos de Rioja (Montecillo) y sus brandis premium (Carlos I).

Este posicionamiento también permite a Osborne hacer frente a algunos de los principales riesgos que afectan actualmente al sector de las bebidas alcohólicas. El primero es la caída del consumo de este tipo de productos. El segundo consiste en diferenciarse de una competencia que compite cada vez más en volumen y precio, erosionando los márgenes. Sin embargo, esta estrategia también abre un nuevo desafío: financiar una compañía con un ciclo de comercialización especialmente largo. Los jamones ibéricos de Cinco Jotas requieren amplios periodos de curación, mientras que los vinos generosos y otros productos envejecidos mediante añadas, criaderas y soleras pueden permanecer años en las bodegas antes de salir al mercado.

Así, al cierre de enero de 2024, los inventarios ascendían a 218,7 millones de euros, equivalentes al 49,4% de un activo total de 442,8 millones. Prácticamente uno de cada dos euros invertidos por Osborne se encontraba en productos almacenados o todavía en proceso de elaboración. Esto significa que la empresa debe asumir el coste de materias primas, salarios, energía, mantenimiento y almacenamiento mucho antes de cobrar por el producto terminado. El resultado es un importante desfase de capital circulante que, si no se gestiona adecuadamente, puede generar tensiones financieras. De hecho, para los auditores la valoración de estas existencias constituye una de las áreas de mayor sensibilidad.

Las cuentas dibujan una compañía que ha elegido competir en el terreno de la marca, la exclusividad y el valor añadido. El gran desafío de Osborne consiste, en última instancia, en conseguir que el tiempo juegue a su favor. En las bodegas y secaderos del grupo, la espera puede multiplicar el valor de un producto. En el balance, sin embargo, cada año de maduración también tiene un coste.


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