Banco Santander se sienta este jueves con los sindicatos para dar los últimos retoques al plan de prejubilaciones 2026. La reunión, prevista para primera hora de la mañana, es la primera toma de contacto oficial en la que la entidad presidida por Ana Botín pondrá sobre la mesa las líneas maestras de un ajuste que los representantes de los trabajadores esperan que sea voluntario y con condiciones económicas atractivas. CCOO, UGT y CGT, los tres sindicatos mayoritarios en el banco, llevan semanas exigiendo que las salidas no sean traumáticas y que se respete el principio de voluntariedad.
Mediados de julio, el plazo autoimpuesto
Fuentes de la negociación confirman que la entidad y los sindicatos se han dado de plazo hasta mediados de julio para cerrar un acuerdo. El objetivo del banco es tener el plan definido antes de las vacaciones estivales, de modo que las prejubilaciones puedan empezar a ejecutarse a partir de septiembre. La prisa no es casual: Santander quiere dejar atrás cuanto antes el ruido laboral y centrarse en su estrategia de digitalización, que pasa por redimensionar su red de oficinas y sus servicios centrales.
Se desconoce aún la cifra exacta de empleados afectados, pero fuentes cercanas a la negociación apuntan a que el recorte podría afectar a entre 2.500 y 3.000 trabajadores en España, aproximadamente el 10% de la plantilla del banco en el país. Los sindicatos presionan para que las condiciones de prejubilación incluyan una horquilla de edad amplia —desde los 55 hasta los 63 años— y una compensación económica que garantice un tránsito digno hacia la jubilación.
Una nueva oleada de reestructuración bancaria impulsada por la IA
El movimiento de Santander no es aislado. La banca española está inmersa en un nuevo proceso de adelgazamiento de plantillas que, según publica The Objective, podría alcanzar a un 10% de los trabajadores del sector en los próximos meses. CaixaBank negocia ya su propio plan de prejubilaciones y el conjunto del sector afronta una transformación profunda, acelerada por la eclosión de la inteligencia artificial y la migración masiva de clientes hacia la banca digital.
Cinco Días califica el momento como “una nueva era de reestructuraciones de empleo” en la que ya no basta con cerrar oficinas. Ahora los bancos miran a sus áreas centrales, administrativas y de procesos, donde la automatización permite prescindir de miles de puestos con poca interacción directa con el cliente. La IA generativa y los nuevos asistentes virtuales están acelerando un cambio que hace apenas dos años parecía un horizonte de medio plazo.
La reestructuración bancaria ya no va solo de cerrar oficinas, sino de redimensionar las plantillas de servicios centrales y administrativos.
El calendario sectorial añade presión. Varias entidades han comunicado a los sindicatos su intención de presentar planes de salida antes de que termine el verano. Santander, con su reunión de este jueves, marca el pistoletazo de salida de lo que los representantes de los trabajadores temen que sea un goteo constante de ajustes hasta final de año.
Un ajuste que mide el pulso entre la eficiencia y el empleo
El plan de prejubilaciones de Santander se inserta en una lógica empresarial difícil de rebatir: la banca española arrastra un problema de sobrecapacidad instalada que el negocio digital ha dejado en evidencia. Cada vez más clientes operan desde el móvil y las visitas a la sucursal caen en picado. La pregunta no es si sobra empleo, sino si la velocidad del ajuste está calibrada para no dañar la calidad del servicio ni cargar sobre la plantilla restante una presión insostenible.
Yo creo que la clave de estas negociaciones está en el calendario. Si el banco logra un acuerdo rápido y generoso, el ahorro de costes llegará sin conflicto y la imagen de la entidad saldrá reforzada. Si, por el contrario, las posturas se enquistan, el proceso puede judicializarse y convertirse en un lastre reputacional justo cuando Santander está consolidando su músculo digital. Los sindicatos tienen un as en la manga: la voluntariedad del plan depende de que las condiciones compensen el abandono de una carrera profesional estable.
La digitalización ha provocado un cambio en en el sector financiero que no se veía desde la crisis de las cajas de ahorros. Pero, a diferencia de entonces, ahora hay un colchón: las plantillas de los grandes bancos están sindicalizadas y las prejubilaciones pactadas evitan la conflictividad de los ERE forzosos. Eso no significa que el proceso sea indoloro. Significa que bancos y trabajadores han aprendido a negociar un modelo de desvinculación ordenado, aunque cada vez más rápido.
El verdadero debate de fondo no es si este plan concreto saldrá adelante —saldrá, porque a ambas partes les interesa—, sino cuántos planes más veremos en los próximos dos años. Si la inteligencia artificial sigue recortando procesos administrativos, la banca podría necesitar exprimir de nuevo la fórmula de las prejubilaciones mucho antes de lo que prevén los actuales acuerdos. Y entonces, la discusión será otra: no cuántos se van, sino cuántos quedan.




