El castrismo se rinde: Las reformas económicas de Cuba que imitan el éxito de Vietnam

El régimen de Díaz-Canel anuncia 176 reformas que abren la puerta al capital privado y extranjero. VisualPolitik analiza si Cuba avanza hacia un modelo al estilo vietnamita o si es un intento de ganar tiempo ante la presión de Estados Unidos.

Hace apenas unos días, el gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció un paquete de 176 medidas económicas que muchos califican como un auténtico cambio de paradigma. Desde mi experiencia cubriendo la actualidad internacional, puedo decir que es el mayor terremoto regulatorio que he visto en Cuba desde que tengo memoria. VisualPolitik le ha dedicado un análisis exhaustivo y voy a contarte sus claves.

El contexto no puede ser más tenso. Tras la caída de Maduro en enero de 2026, el corte casi total del suministro petrolero y la orden de busca y captura contra Raúl Castro, la presión de Estados Unidos —liderada por Marco Rubio— ha llevado al castrismo a una encrucijada. Según los analistas de VisualPolitik, la reforma se resume en un objetivo claro: reformarse para no morir.

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El plan aborda 23 áreas distintas: desde criptomonedas e IVA hasta seguros privados y centros de datos. Pero, como bien explican en VisualPolitik, las medidas más revolucionarias se agrupan en tres grandes bloques: lo que se privatiza (aunque sea parcialmente), lo que se abre al exterior y lo que directamente desaparece. Vayamos por partes.

Hasta ahora, una empresa privada en Cuba no podía superar los 100 empleados y vivía asfixiada por el Estado. Con las nuevas reglas, las compañías privadas podrán crecer sin límite de tamaño, una misma persona podrá ser dueña de varias y se permitirá la compraventa de acciones. Además, los extranjeros podrán invertir directamente en el sector privado sin necesidad de asociarse con una empresa estatal. El giro es tan amplio que incluso las empresas públicas podrán quebrar —algo inédito— y se abrirá la banca privada y las casas de cambio, liberando así el flujo de remesas que supone el oxígeno de la economía cubana. VisualPolitik subraya que más del 80% de esas remesas procede de Estados Unidos, lo que da a Washington una palanca de presión enorme.

El sector energético también se abre: empresas privadas y extranjeras podrán importar y vender combustible, un movimiento que podría aliviar los apagones de 20 horas que aún torturan a la isla. En turismo, el principal generador de divisas, el derrumbe es tan acusado —una caída del 56% en los primeros cuatro meses de 2026— que abrir la puerta al capital foráneo se convierte en una cuestión de pura supervivencia, según el análisis del canal.

«Reformarse para no morir»: el imperativo que, como señala VisualPolitik, resume la mayor sacudida al socialismo cubano en casi siete décadas.

— VisualPolitik

Pero el paquete no solo amplía libertades; también recorta lo que el Estado regalaba. La histórica libreta de racionamiento, que desde 1962 proporcionaba una cesta básica miserable, irá desapareciendo progresivamente. El régimen pretende pasar de subvencionar productos a subvencionar a las personas más necesitadas, lo que en teoría es un ajuste doloroso a corto plazo pero necesario para sanear unas cuentas públicas que no dan para más. Sinembargo, el historial del régimen no invita al optimismo: ya en los años 80 Fidel Castro abrió mercados libres campesinos que funcionaron tan bien que los cerró por miedo a perder el control político. ¿Se repetirá la historia?

El espejo vietnamita: capitalismo de Estado sin soltar el poder

Para entender qué puede pasar, VisualPolitik nos propone mirar a Vietnam. En 1986, un país comunista arruinado lanzó el Doi Moi («renovación»), abriendo su economía al mercado sin ceder el poder político. El resultado: la pobreza bajó del 60% a menos del 15% y su economía es hoy 15 veces mayor. Lo más revelador es que el propio Díaz-Canel ha citado a Vietnam como referente para la «actualización del modelo económico social». Y no es casualidad: pocos días después del anuncio, el ministro de Exteriores vietnamita aterrizó en La Habana.

Si miramos los números, el sueño de los herederos del castrismo parece ser convertirse en una especie de Vietnam caribeño: que la economía levante cabeza, que el capital extranjero regrese y que los militares conserven un buen trozo del pastel, aunque ya no el pastel entero. En Vietnam, el ejército aún controla empresas como Viettel, un gigante de las telecomunicaciones que factura 8.000 millones de dólares, pero su peso en la economía nacional es mucho menor que antaño. Es justo el proceso que Cuba tendría que recorrer si quiere librarse de las sanciones.

El verdadero hueso: los militares y su imperio económico

Aquí es donde la reforma choca con la realidad: en Cuba, el conglomerado militar GAESA controla hasta el 70% de la economía, incluyendo el turismo, el puerto del Mariel y las tiendas en divisas. Las reformas amenazan con arrancarle un enorme pedazo de ese imperio al permitir la banca privada, abrir las remesas y eliminar la obligación de asociarse con una empresa estatal. La duda que plantea VisualPolitik es si los militares —«auténticos dinosaurios»— estarán dispuestos a ceder. Los precedentes no son buenos: ya intentaron maquillar empresas militares como civiles para evadir sanciones, como ocurrió con Orbit S.A., la sucesora de la sancionada Fincimex.

¿Tiene Cuba las cartas para un Doi Moi en el Caribe?

Incluso si asumimos que las reformas van en serio, VisualPolitik identifica dos obstáculos graves. Primero, la seguridad jurídica sigue brillando por su ausencia: nadie invertirá a gran escala si las reglas pueden cambiar de un día para otro. Segundo, los activos que Vietnam tuvo para que EE.UU. levantara el embargo —el fin de la Guerra Fría y su utilidad como contrapeso a China— no los tiene Cuba. La isla, hoy, es más un estorbo geopolítico que un aliado potencial, con sospechas de que China opera estaciones de espionaje desde suelo cubano.

Pese a todo, La Habana guarda un par de cartas bajo la manga. La primera es la inmigración: con solo relajar la vigilancia costera, Cuba podría provocar una estampida migratoria que aterrorice a cualquier presidente estadounidense. La segunda, puramente geopolítica: abandonar su papel de peón de Rusia y China a 90 millas de Florida a cambio de un alivio de sanciones. El dilema, como bien resume VisualPolitik, es si estamos ante el germen de un auténtico «Doi Moi cubano» o ante el enésimo intento de ganar tiempo mientras el régimen se desmorona.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.

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