MITECO dispara las bombas de calor CAE: nueva norma para sustituir calderas de gas

El ministerio inicia el trámite de audiencia para una propuesta que incrementa el valor de los certificados de ahorro energético al sustituir calderas fósiles por climatización renovable. La medida busca acelerar la descarbonización del parque residencial español, responsable de

El MITECO ha puesto en marcha hoy el trámite de audiencia para una propuesta que promete disparar el uso de bombas de calor en los hogares españoles, utilizando el novedoso sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE). La medida establece coeficientes de corrección que incrementan el valor de los ahorros obtenidos al sustituir calderas de combustibles fósiles por equipos de climatización renovable, y busca acelerar la descarbonización del parque residencial.

Qué incluye exactamente la propuesta

La Propuesta de resolución, colgada este jueves en el portal de transparencia del ministerio, introduce coeficientes de corrección para las actuaciones de eficiencia energética que impliquen el reemplazo de calderas de gas o gasóleo por bombas de calor aerotérmicas o geotérmicas. Estos coeficientes multiplican los kilovatios hora equivalentes reconocidos, de manera que el certificado generado tiene un valor económico mayor. El texto se somete ahora a consulta pública para recoger alegaciones del sector, un paso necesario antes de su publicación definitiva en el BOE. La fecha límite de la consulta no se ha detallado, aunque fuentes ministeriales indican que permanecerá abierta durante las próximas semanas.

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En la práctica, cada sustitución de caldera generará un CAE más cuantioso. Por ejemplo, si una familia cambia su vieja caldera de gas por una bomba de calor de alta eficiencia, los ahorros reconocidos se multiplicarán por un factor superior a 1, según se desprende de la propuesta. Los detalles concretos de los coeficientes se conocerán cuando se publique el texto final, pero el objetivo es claro: hacer más atractiva la inversión tanto para los usuarios finales como para los actores del mercado de la eficiencia.

sustitución calderas MITECO

Cómo funcionan los CAE y por qué este cambio es relevante

El sistema de Certificados de Ahorro Energético, heredero del modelo francés de certificados blancos, fue introducido en España por el Real Decreto 36/2023 y constituye una de las herramientas más novedosas de la política energética. Las empresas comercializadoras de energía están obligadas a conseguir un volumen anual de ahorros; para cumplir, pueden ejecutar ellas mismas medidas de eficiencia o adquirir certificados generados por otros sujetos obligados, empresas de servicios energéticos o incluso particulares. Las bombas de calor ya estaban incluidas en el catálogo de medidas estandarizadas, pero sin los nuevos coeficientes su contribución al CAE era limitada.

Con la propuesta del MITECO, el valor de un certificado generado por una sustitución de caldera se incrementará sensiblemente. Esto significa que las empresas energéticas, los instaladores o los agregadores de demanda podrán ofrecer a los hogares paquetes de financiación más competitivos, descontando del precio de la máquina el importe que esperan recuperar con la venta del CAE. El mecanismo, en teoría, funciona como una subvención de origen privado sin coste presupuestario directo, una circunstancia que el ministerio ha destacado en anteriores ocasiones.

El MITECO apuesta por un mercado de certificados de ahorro que premia a quien elige la bomba de calor, un incentivo más escalable que las ayudas directas.

El parque de calderas de gas: un lastre de millones de toneladas

España cuenta con más de siete millones de calderas de gas natural en servicio, según la patronal Sedigas. El consumo conjunto de estos equipos representa cerca de un tercio del gas que se quema en el país y una proporción relevante de las emisiones difusas del sector residencial. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) prevé que para 2030 el parque de bombas de calor alcance los 2,5 millones de unidades, frente a los algo más de 700.000 equipos operativos al cierre de 2025. La brecha es enorme, y los ritmos actuales de instalación –impulsados fundamentalmente por obra nueva– no bastan para llegar a ese objetivo.

La barrera principal no es tanto el rendimiento energético, donde la aerotermia triplica la eficiencia de la combustión, sino el desembolso inicial. Un equipo completo de aerotermia con instalación suele superar los 10.000 euros, mientras que una caldera de condensación de gas puede costar un tercio. El nuevo golpe de tuerca a los CAE puede reducir de un 15% a un 30% el coste neto para el consumidor, según estimaciones preliminares del sector, y acortar los plazos de amortización de doce a ocho o nueve años.

Análisis: un paso en la buena dirección, pero insuficiente sin medidas paralelas

Resulta difícil no aplaudir una iniciativa que, sin gastar un euro de los Presupuestos Generales, consigue acercar las bombas de calor a un segmento más amplio de la población. Sin embargo, el éxito de la medida dependerá de que el mercado de CAE consiga liquidez y profundidad. Hasta la fecha, los volúmenes negociados han sido modestos y el precio del certificado, variable. Si el valor final de un CAE de aerotermia se sitúa por debajo de lo que el sector espera, el efecto incentivador se diluirá. Además la falta de instaladores cualificados es un cuello de botella que ralentiza la adopción y que la propuesta no aborda directamente.

El movimiento del MITECO debe leerse también en clave europea: la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) exige a los Estados miembros presentar una hoja de ruta para la eliminación progresiva de las calderas de combustibles fósiles antes de 2040. Varios países del entorno ya han prohibido la instalación de calderas nuevas en obra nueva o incluso han implantado un calendario de retirada para las existentes. En España, comunidades como Cataluña o Baleares han dado los primeros pasos, pero una señal de ámbito nacional era necesaria. La propuesta del ministerio puede ser el germen de una prohibición futura y, mientras tanto, la herramienta menos dolorosa para ir convenciendo a la industria y a los ciudadanos.

Creo que la medida va en la dirección correcta porque evita la subvención clásica, lenta y burocratizada, y porque pone el foco en el precio final que paga el usuario, no en la prima que recibe el fabricante. No obstante, habrá que vigilar de cerca la respuesta de las comercializadoras de gas, como Nedgia, que podrían ver en estos coeficientes una amenaza directa a su base de clientes. El trámite de audiencia apenas ha comenzado y es previsible que lleguen observaciones de todo el sector. Conviene no celebrar antes de tiempo, pero estamos ante el tipo de medidas que luego, cuando se echa la vista atrás, se considera el punto de inflexión.


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