Contratos expuestos a IA: el 90% de los empleos en España en riesgo

Un análisis con la metodología AI Capability Gap Index de la OCDE muestra que el 85,9% de los contratos están en ocupaciones expuestas. El índice eleva la alerta sobre perfiles como camareros y auxiliares administrativos, antes considerados a salvo.

Los más de 1,3 millones de contratos firmados en mayo en España esconden una vulnerabilidad profunda: el 85,9% de esas posiciones están en ocupaciones con una alta o media exposición a la inteligencia artificial. El dato procede de un análisis elaborado por El Economista sobre la metodología AI Capability Gap Index de la OCDE, y revela que incluso perfiles como camarero, auxiliar administrativo o personal de limpieza ya no están a salvo.

Claves de la operación

  • El 85,9% de los contratos están en ocupaciones con exposición alta o media a la IA. Según el índice de la OCDE, el 15,5% corresponde a puestos de muy alta exposición y el 70,4% a media. El cálculo se ha aplicado sobre los datos de contratos del SEPE, no sobre el total de ocupados.
  • La robótica ensancha la amenaza: camareros y vendedores lideran la lista de expuestos. El nuevo indicador incorpora destreza manual, interacción social y reacción ante imprevistos, lo que dispara la vulnerabilidad en sectores de servicios y hostelería
  • El 88,4% de los desempleados busca un empleo expuesto a la IA. La cifra supera la tasa de los contratos y alerta sobre un desajuste que puede cronificar el paro si no se corrige la cualificación.

Adiós al refugio de los ‘cuellos azules’: cómo la IA cambia las reglas del riesgo

Hasta la irrupción de ChatGPT en 2022, casi todos los modelos académicos señalaban que la automatización impactaría sobre tareas cognitivas repetitivas (los ‘cuellos blancos’) y sobre trabajos físicos poco cualificados. La aparición de los grandes modelos de lenguaje (LLM) invirtió esa narrativa y llevó a pensar que los oficios manuales serían los más protegidos. El nuevo índice de la OCDE corrige ese péndulo.

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El AI Capability Gap Index suma a las habilidades cognitivas las físicas y las sociales. Así, un camarero —hasta ahora considerado a salvo— aparece como un perfil altamente expuesto porque los avances en robótica ya permiten a las máquinas interactuar con objetos y clientes. Los peones de la industria, los auxiliares administrativos y el personal de limpieza también encabezan las listas de contratos más vulnerables.

En el extremo opuesto se sitúan los profesionales de la enseñanza, la sanidad especializada y los servicios sociales. No obstante, esas ocupaciones pesan mucho menos en el volumen de contratación mensual, lo que explica que la exposición global del mercado laboral siga siendo tan elevada.

La inteligencia artificial ya no discrimina entre despacho y barra: la exposición es transversal.

La paradoja española: falta de talento tecnológico y exceso de exposición

España arrastra un déficit crónico de empleo tecnológico que la brecha de capacidad frente a la IA agrava. Mientras la demanda de perfiles STEM sigue creciendo a doble dígito, el grueso de la contratación se concentra en hostelería, comercio y servicios auxiliares, precisamente los sectores que el nuevo indicador señala como más expuestos. La volatilidad de los contratos temporales añade otra capa de riesgo: si una crisis o un cambio tecnológico reduce la demanda en esos segmentos, la destrucción de empleo será rápida y masiva.

La paradoja es evidente: incluso en las ramas tecnológicas, consideradas el ‘canario en la mina’ de la IA, hay despidos pero también contratación de nuevos perfiles. Esa dualidad impide leer el fenómeno solo como pérdida de puestos. El verdadero riesgo no es que la IA destruya el empleo, sino que amplíe la brecha entre los trabajadores cualificados y los que mueven la mayor parte de los contratos.

Decisiones laborales a ciegas: el riesgo de basar políticas en modelos obsoletos

En esta redacción entendemos que el principal valor del análisis de El Economista no reside solo en el porcentaje sino en el síntoma que evidencia: muchas decisiones empresariales e institucionales sobre empleo se están tomando con referentes que quedan desfasados en meses. Antes de 2022, los modelos predecían que los oficios físicos estarían a salvo; hoy, con la robótica avanzando, ese refugio se desvanece.

España ya vivió alertas similares durante la reconversión industrial de los años 80 y la automatización de la fabricación en los 2000. Sin embargo, el escenario actual es distinto: la IA no se limita a sustituir brazos, sino que puede aprender a interactuar con los clientes, detectar emociones y manipular objetos. Por eso el nuevo índice de la OCDE incorpora variables físicas y sociales, y por eso eleva la exposición tan por encima de lo que arrojarían otros seis índices académicos previos.

El análisis tiene limitaciones que los propios autores señalan: trabaja con datos de contratos y paro registrado del SEPE, no con el total de ocupados de la EPA. Eso puede exagerar el peso de los sectores de alta rotación, pero también retrata mejor la realidad de un mercado donde la temporalidad sigue siendo estructural. Lo relevante es que la propia OCDE ha diseñado el índice para que pueda actualizarse a medida que la tecnología evolucione y no quede obsoleto como ocurrió con ChatGPT.

La gran pregunta que deja este análisis no es si la IA destruirá empleo, sino cuánto tardarán los avances en robótica en trasladar la potencia del software a máquinas capaces de operar en el mundo físico. Mientras, el 88,4% de los desempleados seguirá buscando un puesto cuya tarea central puede ser, cada vez más, asumida por un algoritmo.


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