La corrección bursátil del primer semestre de 2026 ha dejado en bandeja una ventana de entrada a la inteligencia artificial (IA). Las altísimas valoraciones que alcanzaron los ‘siete magníficos’ se han moderado y algunos de los fondos que invierten en el sector brillan con rentabilidades que rozan el 40% en lo que va de año. Pero el furor por la IA no debería traducirse en una apuesta ciega por una sola acción: un fondo de inversión permite diversificar y delegar la selección de ganadores en manos profesionales.
Cuestión de diversificación y gestión activa
Invertir directamente en títulos como Nvidia, Alphabet o Broadcom exige acertar con el ritmo de una tecnología que cambia en cuestión de trimestres. «El riesgo de las acciones individuales es alto en un sector donde el liderazgo puede cambiar rápidamente; una cartera diversificada ofrece mayor probabilidad de tener a los futuros ganadores sin tener que evaluar a cada empresa», explican desde Morningstar. A eso se suma la ventaja de un gestor profesional que ajusta la exposición hacia los eslabones más prometedores de la cadena de valor de la IA.
La oferta de vehículos se ha disparado desde el lanzamiento de ChatGPT: los activos bajo gestión de los fondos europeos centrados en IA han alcanzado los 34.800 millones de dólares, casi el triple que en noviembre de 2022. Y, pese a la sacudida del primer trimestre, mantienen 2,7 veces más patrimonio que entonces. El apetito inversor no ha desaparecido; se ha vuelto más selectivo.
Elegir el fondo adecuado ya no es trivial. Hay productos puramente indexados, otros de gestión activa y algunos que exploran los márgenes del ecosistema. Morningstar ha ordenado la jungla en tres grandes categorías: fondos core, dinámicos y periféricos.
Core, dinámicos y periféricos: así se reparte el riesgo
Los fondos core replican el núcleo del ecosistema de la IA. Son, en esencia, cestas con los nombres que dominan las cadenas de suministro y la nube: Micron Technology, Broadcom, AMD, Alphabet, Nvidia, Amazon o Microsoft. El First Trust Bloomberg AI ETF pondera sus participaciones según los ingresos que las empresas obtienen de la inteligencia artificial y acumula una rentabilidad en el entorno del 25% en 2026. Una exposición concentrada, sin sorpresas, para quien quiere tener la IA dentro de una cartera ya diversificada.
Los fondos dinámicos añaden pequeñas compañías indirectamente ligadas a la IA y dejan que el gestor mueva la cartera según evolucione la tecnología. Son productos de gestión activa que asumen riesgos de descorrelación con los grandes índices a cambio de maximizar el retorno. El CPR Invest Artificial Intelligence Fund sobrepondera ahora mismo el sector de la ciberseguridad, aunque sus mayores posiciones siguen siendo Nvidia, Broadcom y Alphabet. Gana un 39% en lo que va de año.
El inversor que se ciñe solo a los siete magníficos está apostando a que el statu quo no cambiará. Y en tecnología, eso es una decisión valiente.
Por último, los fondos periféricos buscan compañías no esenciales dentro de la cadena de valor de la IA: desde entidades financieras que la aplican para mejorar márgenes hasta proveedores de centros de datos e infraestructuras energéticas. Una muestra es el iShares AI Adopters & Applications UCITS ETF, que invierte en empresas que patentan o generan ingresos por la IA evitando la concentración en las grandes nubes. Entre sus posiciones están Barclays, JPMorgan, Morgan Stanley y Citi; su rentabilidad anual roza el -1%.
Un menú con platos fuertes y contornos descafeinados
La corrección de la primera mitad de 2026 ha vuelto más atractivas las valoraciones de entrada, pero el riesgo de otra sacudida no ha desaparecido. La concentración en un puñado de valores es el talón de Aquiles de la temática: cuando las valoraciones se tensan, las correcciones son profundas. De ahí que los fondos periféricos, con menor sensibilidad a los múltiplos de las grandes tecnológicas, puedan actuar como estabilizador en una cartera volcada en la IA.
Mi lectura es que el abanico de tres vías encaja con distintos perfiles de riesgo. La vía core sirve al inversor convencido que ya tiene la IA como pata estructural de su cartera. La vía dinámica, a quien confía en la habilidad del gestor para esquivar burbujas puntuales. Y la periférica, a quien prefiere una exposición descafeinada pero menos expuesta a un desplome de las grandes tecnológicas. El iShares AI Adopters, pese a estar en números rojos, puede ser una puerta de entrada más barata a un tema que aún no ha dicho su última palabra.
El tiempo dirá si la diversificación geográfica y sectorial que ofrecen los fondos periféricos merece la pena cuando los core siguen subiendo a ritmo de doble dígito. Por ahora, en en el primer semestre de 2026, la estrategia dinámica es la que gana.




