Guerra en Ucrania: Zelenski activa una operación de 40 días para forzar la paz tras ataques masivos en Crimea

Rusia declara el estado de emergencia en la península ocupada mientras los ataques ucranianos alcanzan sistemas S-400 y buques militares. La economía rusa, golpeada por la escasez de combustible, enfrenta una crisis que el 80% de la población ya anticipa.

La guerra en Ucrania ha alcanzado esta semana un nuevo punto de inflexión. El presidente Volodímir Zelenski ha activado una operación de 40 días del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) con un objetivo explícito: ‘forzar a Rusia a la paz’. Lo hace tras una serie de ataques masivos con drones sobre Crimea, que han llevado a Moscú a declarar el estado de emergencia en la península ocupada y han golpeado infraestructuras militares clave, incluidos buques de guerra y sistemas de defensa antiaérea S-400.

Rusia declara el estado de emergencia en Crimea tras los ataques

Las consecuencias inmediatas de los bombardeos ucranianos dibujan un escenario de creciente presión sobre la logística rusa. El puente de Kerch, la principal vía de conexión entre la península y territorio ruso, permaneció cerrado toda la noche por la amenaza, y 2.500 vehículos quedaron atrapados en ambos extremos. Las autoridades impuestas por el Kremlin, encabezadas por Serguéi Aksiónov, reconocieron que la escasez de combustible se ha vuelto ‘aguda’, con imágenes de largas colas en gasolineras y un incipiente racionamiento.

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Los drones ucranianos, según fuentes del SBU, alcanzaron:

  • Dos buques militares atracados en el puerto local.
  • Un ferry que operaba en el estrecho de Kerch.
  • Elementos del sistema de defensa antiaérea S-400, uno de los más avanzados del arsenal ruso.

Además, los cortes de electricidad impredecibles se extienden por toda la zona, mientras Kiev busca inutilizar la base militar que sustenta los bombardeos aéreos rusos sobre el sur del país. La población civil ha sido instada a alejarse de los posibles objetivos, mientras los desplazados crimeanos reciben cada ataque como una señal de esperanza: «Después de cada noticia como esta, me preparo un café para celebrarlo», confesó a LA RAZÓN una tártara de Crimea que tuvo que huir de la persecución rusa.

«Aprobé una operación de 40 días del SBU para influir en el Estado agresor con el fin de inducir el fin de la guerra.» — Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, en declaraciones tras reunirse con el jefe del SBU, Yevguén Jmara.

Un equilibrio de fuerzas volátil: el factor Bielorrusia y la economía rusa

Lo que me llama la atención al analizar esta nueva fase es la apuesta de Kiev por aumentar la presión sobre la retaguardia rusa mientras trata de movilizar a sus aliados. Los ataques no se limitaron a Crimea: esa misma noche, una planta química dedicada a la producción de explosivos fue alcanzada en la región de Tula, y los aeropuertos de Moscú tuvieron que cerrar durante horas. Sin embargo, el dato más revelador proviene de la inteligencia ucraniana: según Zelenski, el 80 % de los rusos ya anticipa una gran crisis económica, y las autoridades no logran resolver la escasez de combustible tras los sucesivos golpes a las refinerías.

La guerra económica se ha convertido en un vector central. Rusia se ha visto forzada a buscar importaciones de combustible de países asiáticos, mientras el estado de emergencia en Crimea refleja la dificultad de mantener operativa una península que depende de una sola vía de suministro vulnerable. Al mismo tiempo, el presidente ucraniano alertó sobre la construcción de infraestructuras militares en Bielorrusia, lo que podría presagiar una implicación directa de Minsk en el conflicto.

El analista Andriy Klimenko, originario de Crimea, lo resume con claridad: ‘Para los rusos, la palabra ‘negociaciones’ solo puede significar la capitulación de la otra parte ante los dictados rusos’, subrayando que Putin difícilmente aceptará un diálogo genuino porque supondría ‘su muerte política’. En esta lógica, la operación de 40 días no busca tanto una rendición inmediata como erosionar la capacidad militar y la estabilidad interna del Kremlin, forzando a sus élites a considerar el coste real de la guerra.

En paralelo, Moscú respondió con el lanzamiento de 7 misiles balísticos y casi 190 drones de largo alcance contra varias regiones ucranianas, mientras continúan los combates a lo largo de los 1.200 kilómetros de frente. La liberación de 160 prisioneros de guerra ucranianos en un nuevo canje —algunos tras cuatro años de cautiverio— trajo alivio humanitario pero no constituye un avance real hacia la paz.

🌍 El impacto en España y Europa

La escalada en Crimea tiene repercusiones directas para la economía europea, y España no es una excepción. La inestabilidad en el suministro energético ruso, ya tensionado por los ataques a refinerías y la disrupción logística en la península, puede reactivar las presiones sobre los precios del gas natural (TTF) y, por extensión, sobre la electricidad en Europa. Aunque la exposición directa de España al gas ruso es baja, la interconexión del mercado energético europeo la hace vulnerable a cualquier repunte de precios.

Para el consumidor español, esto podría traducirse en un freno a la relajación del Euríbor que se venía anticipando para finales de año, ya que el Banco Central Europeo (BCE) podría verse obligado a mantener una postura más hawkish si la inflación energética repunta. Con una inflación subyacente aún lejos del objetivo del 2 %, un nuevo shock de oferta energético complicaría la hoja de ruta de Fráncfort, retrasando los recortes de tipos y manteniendo elevadas las cuotas hipotecarias de miles de familias. En el plano empresarial, las exportadoras españolas con intereses en Europa del Este podrían enfrentar costes logísticos adicionales y un clima de confianza deteriorado.


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