Juan Ramón Rallo alerta: la subida de tipos de la Fed desploma el oro un 25% y la plata un 50%

El oro retrocede hasta perder los 4.000 dólares y la plata se hunde un 50%. Juan Ramón Rallo desvela las claves de este desplome y explica por qué los tipos de interés reales están detrás de todo.

En las últimas semanas, los inversores en metales preciosos han asistido a un auténtico correctivo. El oro ha llegado a perder la cota de los 4.000 dólares por onza y la plata se ha desplomado por debajo de los 60 dólares, una caída que en términos porcentuales alcanza el 25% para el metal amarillo y el 50% para el blanco desde sus máximos previos al estallido del conflicto en Irán. Para Juan Ramón Rallo, economista y analista, la explicación no está en la geopolítica, sino en un factor financiero a menudo ignorado: los tipos de interés reales.

Una corrección que no encuentra suelo

Los datos son contundentes. En su último análisis en vídeo, Rallo detalla que el retroceso comenzó a mediados de marzo, coincidiendo con el inicio de la guerra de Irán. Sin embargo, el patrón no encaja con un shock de oferta puntual. Ahora que las hostilidades han cesado y el estrecho de Ormuz vuelve a operar con normalidad, el petróleo se ha venido abajo, pero el oro y la plata continúan cediendo terreno. «Si la guerra fuera la causa, los metales deberían estar subiendo al disiparse el riesgo», apunta el creador del canal. No lo están haciendo.

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De hecho, la magnitud del desplome ha borrado casi toda la prima de riesgo geopolítico. La plata llegó a perforar los 60 dólares por onza hace apenas unos días y el oro rompió a la baja los 4.000 dólares. Lejos de rebotar con el alto el fuego, los metales profundizan sus caídas, lo que obliga a buscar otra explicación.

Tipos de interés reales: el verdadero motor de la caída

La clave, según Rallo, está en el comportamiento de los tipos de interés reales. A pesar de que el petróleo ha abaratado sensiblemente las expectativas de inflación, los tipos de interes nominales no han retrocedido de manera proporcional. Cuando la inflación esperada cae más rápido que la rentabilidad nominal exigida a los bonos, el tipo de interés real —el rendimiento que realmente se obtiene una vez descontada la inflación— se dispara.

Juan Ramón Rallo muestra en su canal dos gráficos reveladores. El rendimiento de la deuda pública estadounidense a dos años se sitúa ahora en su nivel más alto desde comienzos de 2025, justo al arranque del mandato de Donald Trump. El bono a diez años no está en máximos de ese periodo, pero se mantiene muy cerca. Y todo ello a pesar de que la Reserva Federal, la Fed, ha recortado sus propios tipos de referencia en los últimos meses.

Activos sustitutivos: la competencia entre el oro y los bonos

Este canal ha explicado en repetidas ocasiones la relación inversa entre los metales preciosos y los tipos reales. El oro y la plata no pagan intereses ni dividendos; son activos que protegen el poder adquisitivo pero no generan una renta periódica. La deuda pública de gobiernos considerados solventes, en cambio, sí ofrece un cupón que cubre la inflación esperada y, además, un extra: el tipo de interés real. Cuanto más sube ese extra, más atractiva se vuelve la deuda soberana frente a los metales. El inversor que quiere preservar su patrimonio tiene una alternativa con mayor rendimiento explícito, y el coste de oportunidad de seguir anclado al oro se dispara.

Con tipos de interés reales altos, el coste de oportunidad de tener atesorado oro, plata o Bitcoin se incrementa.

Juan Ramón Rallo

Dos escenarios para los tipos reales: burbuja de IA o presión de Trump

Rallo dibuja dos trayectorias posibles para los tipos reales en los próximos meses. La primera apunta a que sigan subiendo. El motivo: los abultados déficits públicos de muchos gobiernos y la incesante demanda de financiación del sector privado, especialmente para centros de datos y toda la infraestructura vinculada a la burbuja de la inteligencia artificial. Si esta demanda de capital se mantiene por encima de la oferta de ahorro, el precio del crédito —el tipo real— continuará escalando.

La segunda posibilidad es que los tipos reales bajen, y el catalizador podría ser el pinchazo de esa misma burbuja de IA. Si las compañías frenan sus inversiones al evaporarse las expectativas de retorno, la demanda de financiación se contraería, arrastrando a la baja las rentabilidades reales, como suele ocurrir en las recesiones. Otra vía, más discutible para Rallo, sería que la Reserva Federal bajara sus tipos nominales con fuerza. El presidente Trump ha designado a Kevin Wars como nuevo responsable de la Fed y, según el analista, no dejará de presionarle para abaratar el dinero. El problema, advierte Rallo, es que una relajación monetaria en un entorno de elevados déficits e inversión privada pujante podría reavivar las expectativas de inflación, forzando después un endurecimiento todavía mayor. La sostenibilidad de ese alivio sería, por tanto, muy frágil.

Reubicando los refugios tradicionales

Lo que está sucediendo en el mercado de materias primas no es un pánico irracional, sino un reacomodo. Cuando los tipos reales cambian de régimen, todos los activos que compiten con la renta fija soberana —el oro, la plata, el bitcoin o las acciones de larga duración— reajustan sus precios. Si los tipos reales se consolidan en niveles altos, el ajuste a la baja será más profundo. Si en cambio terminan cediendo, el rebote puede ser notable. De momento, el coste de oportunidad de mantener metales preciosos ha subido y el mercado se está encargando de reflejarlo.

Rallo recuerda que quienes apuesten por un escenario de caída de los tipos reales tienen instrumentos como el Invesco Physical Gold ETF para acceder al oro físico sin necesidad de custodiarlo. Y, como siempre, insiste en que la evolución de la renta fija seguirá dictando el camino de las materias primas refugio. El mensaje es claro: cuando el crédito se encarece, el brillo del oro se apaga.

Puedes ver el análisis completo de Juan Ramón Rallo a continuación:

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