¿Sabías que en un pueblo de Cantabria de apenas unos cientos de vecinos existe el laberinto vegetal permanente más grande de España? El Laberinto Villapresente ocupa 5.625 metros cuadrados de cipreses leylandi que alcanzan los dos metros y medio de altura, y tiene más de cinco kilómetros de pasillos donde es muy fácil entrar y bastante difícil salir. Este verano de 2026 vuelve a abrir todos los días en julio y agosto, con una demanda que en fechas festivas obliga a reservar con antelación.
La historia que hay detrás es tan buena como la experiencia misma. Emilio Pérez Carral, un operario forestal, decidió plantar más de cuatro mil árboles en su propia finca junto a su hija para crear algo que no existía en España. Tomaron como inspiración los laberintos de jardín de la nobleza inglesa de los siglos XVIII y XIX y lo convirtieron en una atracción que desde 2017 no ha parado de crecer.
Qué es y por qué el Laberinto Villapresente engancha a toda la familia
El Laberinto Villapresente no es un paseo por el campo: es un reto de orientación real donde el objetivo es llegar primero al centro —donde espera la estatua del minotauro— y después encontrar la salida. Los pasillos miden apenas un metro de ancho y los cipreses forman paredes tan densas que resulta imposible ver qué hay al otro lado. La mayoría de los visitantes tarda entre 45 minutos y una hora y media, aunque hay quien ha salido antes de la comida y quien ha salido ya de noche.
Lo que hace que familias, parejas y grupos de amigos repitan es que el laberinto funciona igual para un niño de siete años que para un adulto al que le pica el orgullo. El margen de error es real: hay personal dentro que puede darte alguna pista si te desesperas, y existen salidas de emergencia si alguien se agobia, pero la gracia está precisamente en que el desafío es genuino. Al final del recorrido, una torre de observación permite ver desde arriba el entramado completo, lo que inevitablemente hace que te preguntes cómo has tardado tanto.
Cómo llegar al Laberinto Villapresente y qué saber antes de ir
El Laberinto Villapresente se encuentra en el municipio de Reocín, a diez minutos en coche de Santillana del Mar y a unos treinta de Santander por la A-8. La entrada cuesta 5 euros para mayores de 13 años, 4 euros para niños de entre 7 y 12, y es gratuita para los menores de 6. Los perros entran con correa. El pago se puede hacer con tarjeta para importes superiores a 4 euros.
En julio y agosto el Laberinto Villapresente abre todos los días de la semana, de 10:30 a 20:00 horas con última entrada a las 19:00. El resto de la temporada cierra lunes y martes. La temporada 2026 se extiende hasta el 12 de octubre. En fin de semana y festivos es muy recomendable reservar online en la web oficial, ya que el aforo es limitado: entran aproximadamente diez personas cada cinco minutos.
Qué hacer cerca: combina el Laberinto Villapresente con más planes
Reocín es uno de los nudos de comunicaciones más cómodos de la Cantabria central, lo que convierte la visita al laberinto en el punto de partida perfecto para una escapada de fin de semana. A apenas diez minutos en coche está Santillana del Mar, uno de los pueblos medievales mejor conservados de España, con su colegiata románica y sus calles empedradas. A veinte minutos, las Cuevas de Altamira, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
También cerca, el Parque de Cabárceno recibe más de 600.000 visitas al año y es una de las mejores opciones para completar el día con niños. Si el plan es quedarse a dormir en la zona, los alrededores de Reocín tienen casas rurales y alojamientos que permiten combinar el laberinto con una ruta de senderismo por el Parque Natural Saja-Besaya al día siguiente. La zona lo pone fácil para llenar un puente sin salir de Cantabria.
Un proyecto familiar que creció sin perder su esencia
El origen: un vivero que se convirtió en récord
El Laberinto Villapresente nació de una idea tan simple como necesaria: Emilio tenía árboles en su vivero que no conseguía vender, y su hija estaba en paro. En lugar de tirar los cipreses, los plantó en su finca con un plano diseñado a mano, inspirado en los jardines de entretenimiento de la aristocracia inglesa del siglo XVIII. Solo ellos dos conocen la solución completa del laberinto, y esa es parte de la magia.
Lo que lo diferencia de otros laberintos
A diferencia de los laberintos estacionales de maíz que abren en otoño en muchas partes de España, el de Villapresente es una estructura permanente que lleva nueve años creciendo con sus cipreses. El diseño no cambia de año en año: lo que cambia es que los árboles ganan altura y densidad, haciendo el desafío cada vez más exigente. Cada temporada añade alguna sorpresa —este año el minotauro en el centro— para que quienes repiten encuentren algo nuevo.
Consejos prácticos para sacarle el máximo partido
Antes de entrar al Laberinto Villapresente conviene tener en cuenta unas cuantas cosas que marcan la diferencia:
- Lleva gorra y agua: dentro no corre el aire y en días soleados el calor es mayor que en el exterior.
- Reserva online en temporada alta: los fines de semana de julio y agosto se llenan. La reserva garantiza entrada directa sin cola.
- Sube a la torre antes de salir: hay una señal que te indica el acceso justo antes de la puerta de salida. Una vez cruzas, no se puede volver.
- Los carritos de bebé entran sin problema: la superficie es de tierra, así que con lluvia reciente puede haber barro.
El turismo de experiencia en familia, la gran tendencia del verano 2026
El éxito del Laberinto Villapresente no es una anomalía: refleja un cambio claro en los hábitos de ocio familiar en España. Cada vez más familias buscan planes que impliquen participación activa, donde no se va a ver sino a hacer, y donde la memoria se construye con lo que pasó dentro, no con una foto desde fuera. En ese contexto, propuestas como esta —asequibles, en entornos naturales y con un componente de reto— están ocupando el espacio que antes tenían los parques de atracciones.
Para el Laberinto Villapresente, la clave de su crecimiento sostenido está en haber mantenido la escala humana del proyecto. No ha intentado convertirse en un parque temático, sino que ha ido añadiendo servicios —bar, zona de picnic, parque infantil, torre de observación— sin perder lo que lo hace especial: que cuando entras, estás solo tú y los cipreses, y la salida no te la regala nadie.






