He pasado la mañana revisando el nuevo informe de Moody’s sobre la expansión china en América Latina y el dato que más me ha inquietado no son los 116.000 millones de dólares de inversión directa entre 2015 y 2025, sino la advertencia de que Pekín está desplazando sistemáticamente la producción local en sectores como el acero, los vehículos y la electrónica. Lo que antes veíamos como una competencia regional empieza a proyectarse sobre las cadenas de suministro europeas con una nitidez que los fabricantes del Viejo Continente no pueden ignorar.
La agencia de calificación Moody’s ha publicado un análisis demoledor sobre la penetración económica china en la región. El documento, fechado el 8 de junio, constata que China se ha convertido en el segundo socio comercial de América Latina, solo por detrás de Estados Unidos, y que el flujo de manufacturas chinas está erosionando la base industrial local a una velocidad que preocupa incluso a los gobiernos de la zona.
Los datos que encienden las alarmas de Moody’s
El informe desglosa cifras que dibujan una asimetría comercial profunda:
- Inversión directa china en América Latina: 116.000 millones de dólares entre 2015 y 2025, lo que sitúa a la región como el tercer destino de capital chino fuera de Asia y Europa.
- Comercio bilateral: superó los 500.000 millones de dólares en 2025, más del doble que en 2010, con China como primer socio comercial de Brasil, Chile y Perú.
- Exportaciones latinoamericanas a China: 174.000 millones de dólares, de los cuales cerca del 80% son materias primas. Las importaciones chinas suman 252.000 millones, casi todas manufacturas, generando un déficit comercial que profundiza la dependencia.
- Inundación de vehículos chinos: las importaciones mexicanas de vehículos y partes crecieron un 304% desde 2018, mientras que los eléctricos procedentes de China en Brasil se multiplicaron por dieciocho solo en 2023.
- Desplazamiento productivo: Moody’s señala directamente a los sectores del acero, los vehículos, la electrónica y los productos químicos como los más afectados por la competencia china.
Este desplazamiento no es solo una cuestión de precios. China ha empezado a localizar fábricas en la propia región para eludir aranceles, una estrategia que combina exportación masiva con inversión productiva in situ. La consultora OrcaMar Strategies, que asesora a empresas chinas en su expansión exterior, ha confirmado este movimiento.
«Estamos ayudando a empresas chinas a encontrar parques industriales en zonas de América Latina donde puedan acceder fácilmente a electricidad y agua» — Alice Sun, fundadora de OrcaMar Strategies, en un almuerzo-coloquio en el Club de Corresponsales Extranjeros de Hong Kong, 27 de abril de 2026
La estrategia china: de la exportación a la producción local
Lo que me parece más relevante para Europa es que la estrategia china de inundar los mercados latinoamericanos con manufacturas baratas podría replicarse en otros continentes si la guerra comercial con Estados Unidos empuja a Pekín a buscar nuevos destinos de exportación a bajo precio. La combinación de inversión en minerales críticos para la transición energética y el control creciente de la manufactura de vehículos eléctricos convierte a América Latina en un campo de pruebas de una nuevo patrón de dependencia. Moody’s advierte que la concentración de las exportaciones regionales en materias primas sin transformar coloca a estas economías en una posición vulnerable ante cambios en la demanda china y tensiones geopolíticas entre Pekín y Washington. El reciente acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, firmado en mayo de 2026, que incluye cláusulas sobre la compra de soja, podría revertir bruscamente los beneficios que obtuvieron Brasil y Argentina al desviar esos flujos, dejando al descubierto la fragilidad del modelo.
🌐 El efecto dominó en Occidente
La preocupación de Moody’s trasciende las fronteras latinoamericanas. La avalancha de manufacturas chinas que desplaza la producción local en sectores intensivos en mano de obra y tecnología media baja está elevando la presión competitiva sobre los fabricantes europeos que operan en la región. ArcelorMittal, con plantas en Brasil y México, siente ya la competencia del acero chino subvencionado. Los grupos automotrices europeos —Volkswagen, Stellantis— que producen para el mercado latinoamericano ven amenazada su cuota por los coches eléctricos chinos que entran sin aranceles en varios países. Además, la creciente dependencia latinoamericana de las materias primas exportadas a China introduce volatilidad en los precios de insumos críticos para la industria europea, como el litio y el cobre. Para España, con fuerte presencia de empresas de componentes de automoción en México, el desplazamiento manufacturero chino es un riesgo directo en la cadena de valor del sector, y podría traducirse en pérdida de contratos si los fabricantes chinos imponen sus propias redes de proveedores locales.




